viernes, 27 de febrero de 2015

La oruga

Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un Chapulín:

- ¿Hacia dónde te diriges?, le preguntó.

Sin dejar de caminar, la oruga contestó:

- Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el chapulín dijo, mientras su amigo se alejaba:

-¡Debes estar loco! ¿Como podrías llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga!.

Una piedra será para ti una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.

Pero, … el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

De pronto se oyó la voz de un escarabajo:

-¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?

Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante:

- Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo.

El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo:

- Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa.

Y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.

Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir de su sueño!

-¡No lo lograrás jamás! - le dijeron-, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar:

- Estaré mejor, fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió “por querer realizar un sueño irrealizable”.

Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una
ADVERTENCIA PARA LOS ATREVIDOS. De pronto quedaron atónitos.

Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta.
Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: UNA MARIPOSA.

No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.
“Todos se habían equivocado”.
Desconozco su autor


La vasija de barro

Cuenta la historia de un hombre que vivía en las montañas había heredado de sus abuelos una vasija de barro muy antigua. La tenía en el suelo abandonada que ya el polvo casi no le dejaba ver los dibujos que la adornaban y su dueño no la tomaba en cuenta para nada, más bien la consideraba un estorbo.

Un buen día pasó por la casa de aquel hombre un artista de la ciudad que sabía mucho sobre el arte de los antiguos. Y al ver la vasija le preguntó a su dueño si quería venderla. El hombre se rió y le dijo:

-Pero señor, ¿quién va a querer comprar esa vasija de barro?

El artista le dijo: -Yo le daré cien pesos por ella.

El hombre se puso muy contento. No sólo se iba a deshacer de aquel estorbo, sino que encima le iban a dar dinero.

Muchos días después, el hombre que vivía en las montañas tuvo que ir a la ciudad. Caminó por las calles y vio que un montón de gente hacía fila frente a una tienda, donde un hombre estaba gritando:

-¡Vengan a ver la obra de arte que acaba de ser descubierta! Por sólo 200 pesos usted podrá conocerla.

El hombre pagó los 200 pesos para ver la obra de arte que anunciaban. Y su sorpresa fue enorme al darse cuenta de que era la misma vasija de barro que él había vendido por cien pesos.

A muchos de nosotros nos puede pasar igual que aquel hombre de las montañas: que de tanto ver las cosas no sabemos apreciar lo valioso que tenemos a la par.

Desconozco a su autor