jueves, 18 de junio de 2015

¿Acaso hay otra forma de vivir?

Aprendamos a amar lo que tenemos y la amargura nunca tocará nuestras vidas.

Una mujer se quejaba, en una reunión, de que su marido siempre estaba en casa, Cuando él salía del trabajo de inmediato se trasladaba a su hogar. Sábados y domingos se hallaba ahí de tiempo completo. Su malestar consistía en nunca poder estar sola. Esta situación se le había convertido en un auténtico fastidio. En cambio, otra de las asistentes a la reunión, se lamentaba que su pareja viajaba demasiado y era muy poco el tiempo que compartían. Una más, se sentía fastidiada porque su madre siempre estaba pendiente de ella, la llamaba todos los días y constantemente preguntaba por su salud. Una señora, de mediana edad se dedicó a quejarse que la tarde de su trabajo se le hacía rutinario y, por la cantidad de problemas que tenía a diario que resolver, muy pesado. Así, el grupo de mujeres que se había reunido para compartir una taza de café, más bien parecía una manifestación de mártires graduadas, cuyo único afán era compartir sus amarguras, o al menos parecía una competencia de quien sufría más. Por supuesto, en su opinión, cada una de ellas se merecía el galardón del primer lugar, pues nadie de las presentes la podía superar.

Yo cambié de óptica y traté de analizar lo positivo que contenía la situación de cada mujer. De la que se quejaba de la presencia de su esposo, su bendición era tener alguien que siempre la acompañaba; de aquélla que se lamentaba de la ausencia de su pareja, su bendición era tener tiempo para dedicarse a otras cosas; quien no soportaba su trabajo, su bendición era tenerlo, y qué decir de la bendición de tener una madre que cariñosamente se ocupa de su hija. Concluí que toda bendición no aceptada se convierte en maldición.

Es usual tropezarse con personas que han hecho de sus vidas un calvario, pues han perdido la dimensión positiva de sus circunstancias, convirtiéndose en inconformes negativos.

Creo que les produce una gran satisfacción recibir la compasión de los demás, de hecho, es un juego psicológico para manipular el reconocimiento, obedece a una necesidad inconsciente de recibir caricias. Por supuesto, en un juego mortal, pues perdemos la vida, porque en lugar de crecer en la intimidad y construir una valiosa relación, nos dedicamos a desperdiciar el recurso más valioso, no renovable e irrecuperable, que es el tiempo.

Miguel Angel Cornejo


Tu lugar en el mundo

Nadie en el mundo va a darte tu lugar si tu no lo ocupas primero.
Al que elige con firmeza su papel nadie le dicta el guión ni le señala cuando debe entrar o salir; solo tu eres el director, guionista y protagonista de tu historia No importa tanto en realidad si eres un actor secundario en la obra de otros, lo esencial es que seas el actor principal en la tuya.

Es irrelevante el tiempo asignado a tu papel, pero cuida de no equivocarte de escenario: el tuyo es aquel en el que se juega tu suerte, no la de otro, por apasionantes que puedan parecer los guiones ajenos.

Esto tiene que ver con la elección consciente de tu libertad en todos los niveles, que te llevara siempre negarte a la aceptación de ese papel que muchos asumen para descansar de sus obligaciones: el de víctima.

Indaga profundamente en tu interior cual es tu sino, cuales son tus talentos, cuales los lenguajes con los que ansias expresarte, y luego actúa.
No te limites a una sola forma de expresión, emprende la aventura de descubrir de cuantos modos puedes llegar a los demás con tu mensaje.

Cada conducta es una forma de manifestación, no te limites al desempeño de un único papel en tu vida.
Cambia, amplia tu experiencia, pruébate en cosas nuevas, ensaya algo distinto en tu casa, en tu trabajo, en tus pasatiempos, en la forma de vincularte con los demás, en tu búsqueda y en el modo de amar a los que amas.

No permitas que el miedo, los prejuicios, la moda, la rutina o la presión de los demás aplaquen esa potencia creadora que habita en tu interior, exprésate y no te justifiques, no expliques, no argumentes.

Existe una verdad en ti, debe ser desvelada y transformada en acción. Esa verdad se refiere a tu esencia y a las características peculiares que te identifican.

Desconozco a su autor