viernes, 19 de junio de 2015

Calma

En la época del fax, los chips, el internet, el jet, el microondas y el control remoto, es difícil aceptar procesos con paciencia.

Queremos que todo en la vida funcione tan rápido como las comunicaciones o los ordenadores. Nos dejamos presionar por un inmediatismo estresante.

Y está bien que exijamos rapidez a los lentos y los mediocres, pero no hasta el punto de querer en todo una velocidad de transbordador espacial.

Por querer volar quemamos valiosas iniciativas, no le damos espacio a los procesos de maduración y olvidamos lo importante agobiados por lo urgente.

La impaciencia nos hace tanto daño como el que sufren los niños cuyos papás quieren estos milagros: Que el pequeño a los 5 años hable tres idiomas, toque el violín, sea estrella en un deporte, un gran estudiante. y experto karateca.

Ojalá pongamos en nuestro espejo, en el armario y en la oficina un cartel con las letras PP de; paciencia y procesos.

Así tendremos ante los ojos por un buen tiempo, un memorial de lo valioso que es actuar con calma y dejar tanta aceleración.

Y recuerda… “anda despacio si tienes prisa”

Desconozco a su autor

Cada día

Cada día, hagamos algo de lo que podamos sentirnos orgullosos al día siguiente.

Cada día, pensemos que es el primero, para vivirlo con sorpresa; y el último, para aprovecharlo como nuestra última oportunidad.

Cada día, busquemos nuestra felicidad haciendo más feliz a algún otro.

Sembremos una semilla de cuyos frutos podamos vivir al día siguiente.

Renovemos nuestro corazón de tal manera que no quede amargura alguna para el día siguiente.

No guardemos nuestras sonrisas de hoy para mañana. Sólo podremos sonreír mañana, si hemos sonreído hoy.

Desconozco a su autor