domingo, 28 de junio de 2015

El manantial de la vida

Creo que todos aspiramos a ser un manantial de vida pero a veces cuesta ¿no?

Creo que el primer paso para lograrlo es dejar que el agua siga su curso naturalmente, que busque la verdadera manera de fluir. Si detenemos el agua, si creamos obstáculos para impedir su paso por nuestra vida no podremos lograr ser auténticos y nos estamos perdiendo lo más hermoso que podemos llevar con nosotros toda la vida: ser un manantial de frescura, de amor…

Ser el agua que toca a su paso y salpica dando fuerzas, vida… y que acaricia todos los territorios dejando en cada uno pequeñas marcas de su paso por ahí.
¡¡Qué importante es ser un manantial!

Pasar por donde otros no pasan, llegar a todos los rincones, recrearse a medida que se avanza, no congelarse, no quedarse quieto… no tener temor… no retener…

Ser un manantial es pasar por la vida de una manera única y al retirarnos saber que esas pequeñas gotitas ayudaron a otra personas a ver la vida de una manera diferente.
Desconozco a su autor


Lo que importa

Lo que trasciende no son los espejismos de lo material, sino tu riqueza espiritual, lo que eres y el amor que ofreces.
Lo que vale es darte y dar, que es lo único que te enriquece, no las posesiones que acumulas.

Importa lo que construyes en el instante fugaz, no los errores de un pasado que sólo es recuerdo.
Importa la sabiduría que vives y compartes, no los títulos y cargos que inflan el ego.
Importa la verdad, no tu verdad; valen los buenos frutos, no las vanas promesas.

Lo que importa no es cuánto vives, dónde vives y qué tienes, sino cómo vives y cuánto amas. Lo valioso está en tu interior y en el de los demás, no en la fachada. Lo que necesitas no es lo que sólo te da placer; muchas veces lo que más necesitas es lo que menos te gusta.

No importa si te hirieron o te maltrataron, lo que importa es si eso te sirvió para crecer y perdonar
Lo que te perfecciona no siempre está exento de dolor; porque el dolor suele ser un buen maestro, si sabes amar.
Lo que importa no es que cambies a los demás, sino que cambies tú, los aceptes y los comprendas. De hecho, una relación auténtica te libera y te empuja hacia arriba, no te aprisiona ni te anula. Lo que vale es la realidad, no tus máscaras.
Lo que cuenta no es si las penas te aturden y te trituran, lo valioso es aprovecharlas para madurar y mejorar. Nada sucede por azar, todo tiene su razón de ser y nada es inútil, aunque no lo entendamos.
Lo terrible no es que estés solo, lo cruel es que te sientas solo, incluso cuando estás en compañía.
Lo que necesitas son personas que piensen distinto, aunque te disguste, no marionetas que manejas a tu antojo.

Aquellos que te quieren no son los mismos que te adulan, y los que te forman son los que pulen tus aristas.
Lo que importa está en tu esencia, no en las apariencias. Lo que permanece nace de tu yo profundo, no del ego y sus ilusiones.

Lo que importa no es a qué credo perteneces, sino cuánto sirves; no en cuál país naciste, sino en cuál das lo mejor de ti.

Desconozco a su autor