lunes, 17 de agosto de 2015

Revolución del alma

Nadie es dueño de tu felicidad. Por eso, no entregues tu alegría, tu paz y tu vida en las manos de nadie.

Somos libres. No pertenecemos a nadie. Y no podemos ser dueños de los deseos, de la voluntad o de los sueños de quien quiera que sea.

La razón de tu vida eres tú mismo. Tu paz interior es tu meta en la vida. Cuando sientas un vacío en el alma, cuando acredites que aún te está faltando algo, aún teniéndolo todo, guarda tus pensamientos para tus deseos más íntimos y busca la divinidad que existe en ti.

Deja de situar tu felicidad cada día más distante de ti. No coloques el objetivo demasiado lejos de tus manos, abraza a los que están a tu alcance hoy.

Si andas preocupado por problemas financieros, amorosos o de relaciones familiares, busca en tu interior la respuesta para calmarte. Tú eres el reflejo de lo que piensas diariamente.

Deja de pensar mal de ti mismo y sé tu mejor amigo siempre.

Sonreír significa aprobar, aceptar, facilitar. Entonces, habrá una sonrisa para aprobar el mundo que quiere ofrecerte lo mejor. Con una sonrisa en el rostro las personas tendrán las mejores impresiones de ti. Y tú estarás afirmando para ti mismo que estás próximo para ser feliz.

Trabaja, trabaja mucho a tu favor. Deja de esperar la felicidad sin esfuerzos. Deja de exigir de las personas aquello que ni para ti has conquistado aún. Criticar menos, trabajar más.

Y, no te olvides nunca de agradecer. Agradece todo lo que está en tu vida en cada momento, inclusive el dolor.

Nuestra comprensión del universo aún es muy pequeña para juzgar lo que quiere que sea en nuestra vida.

La grandeza no consiste en recibir honores, más en merecerlos.

Atribuido a Aristóteles