martes, 25 de agosto de 2015

La palabra amor se escribe con "p"

Porque para amar se debe poseer PACIENCIA en los momentos en que el mismo amor te pone a prueba.

El verdadero amor se escribe con "P", porque para olvidar un mal recuerdo debe de existir PERDÓN antes que el odio entre a aquellos que se aman.

Amor se escribe con "P"... porque para obtener lo que deseas, debes de PERSEVERAR hasta alcanzar lo que te has propuesto.

El sincero amor se escribe con "P"... porque la PACIENCIA, el PERDÓN y la PERSEVERANCIA son ingredientes necesarios para que un amor perdure.

Porque amor es también.... una PALABRA dicha a tiempo...

Es el PERMITIRSE volver a confiar...

Es PERMANECER en silencio escuchando al otro...

Es esa PASIÓN, que nos llena de estrellitas los ojos al pronunciar el nombre del que amamos...

El amor se escribe con "P"... Porque son esas PEQUEÑAS cosas que nos unen al ser amado día tras día.

Desconozco a su autor


El perfeccionismo nos hace infelices

¿Eres un perfeccionista empedernido? ¿Tienes que hacer todo tú mismo porque nadie lo hace como tú? ¿Valoras a las personas a tu alrededor por lo que han conseguido en la vida? ¿Tuviste padres demasiado exigente o rígidos? Necesitas aprender a manejar la frustración, a bajar tu nivel de exigencia, a trabajar en equipo y a confiar en los demás. Tómalo suave, nada es tan importante como para hacerte perder la calma.

El perfeccionismo se ve reflejado de diferentes maneras en nuestra vida cotidiana, por ejemplo: el que orientamos hacia nosotros mismos, cuando nos planteamos metas y propósitos imposibles de alcanzar, cuando nos exigimos mucho más de lo que en realidad podemos lograr.

También cuando lo dirigimos hacia otros, esperando que respondan a las exigencias que les hacemos de la misma manera como con nosotros, ignorando nuestras diferencias y, muchas veces, forzándolos a ser quienes no son.

Y por último, cuando pensamos que los demás nos observan constantemente, esperando lo máximo de nosotros... entonces, comenzamos a exigirnos a riesgo de perder la calma, el bienestar y hasta nuestra identidad en aras de obtener su aprobación.

Cuando nos dejamos llevar por el perfeccionismo, nos volvemos obsesivos, competitivos y hasta tiranos; nos llenamos de frustración, impaciencia, inflexibilidad e intolerancia... y todo esto nos lleva a disfrutar menos la vida, a fracasar, a paralizarnos, a quedarnos solos y a perder la perspectiva de lo positivo en la vida.

Detrás de una persona perfeccionista muchas veces se esconde una persona insegura, que quisiera tener todo bajo control; una persona rígida, que defiende como sea su punto de vista, sus ideas y consideraciones; una persona irritable, que tiende a reaccionar defensivamente y que se altera con facilidad ante cualquier comentario o sugerencia; una persona con problemas para relacionarse con los demás, porque pareciera que nadie puede satisfacer sus expectativas y exigencias, que nadie le comprende o tiene la altura o la capacidad de mostrarse tan exitoso. La supermujer o el superhombre no existe.

Algunas personas viven en función de otros, sintiéndose responsables por su bienestar, hasta el punto de querer cargar con sus responsabilidades, sin darse cuenta de que hacerlo no es posible.

"No hay que pedirle peras al olmo", dice un refrán popular. Aceptar la realidad como se presenta sin querer cambiarla a la fuerza nos ayudará a romper el círculo negativo en el que hemos estado atrapados.

Maytte Sepúlveda