lunes, 12 de octubre de 2015

Vida

¿Alguna vez has oído lo que es vida?Todavía no lo comprendo, pero creo que
Es amor y comprensión,
Es triunfo y es pérdida,
Es estar con los demás y es soledad,
Es gritar y es callar,
Es escuchar y es hablar,
Es dar sin esperar recibir,
Es deseo de alcanzar,
Es guiar y ser guiado,
Es encontrar la luz en la oscuridad,
Es pensar y después de eso es actuar,
Es olvidar y es recordar,
Es contemplar,
Contemplar la inmensidad del Señor.
Es la grandeza del sol,
Es la inmensidad de la tierra,
Es la belleza de las plantas que adornan el campo.
Es la inocencia de un niño al preguntar,
Es la maravilla del color que resplandece,
Es sentir el terso airo que proviene desde lejos,
Es juguetear con un cachorro gracioso,
Es escuchar y sentir la música que cantan los demás,
Es despenar con el trino del ave.
Es sentir la humedad de le lluvia, que cae sobre nosotros,
Pero ante todo es saber ser feliz al apreciar todo esto, siempre dispuestos paro el nuevo día, llenos de esperanza y da Dios
y encontrar su Inmensidad en los demás."

Desconozco a su autor


Regálate un tiempo para descansar

Queremos estar en todas partes, hacer varias cosas a la vez, ser eficientes, necesarios y sentirnos queridos y valorados por los demás. Todo esto, sin detenernos a pensar en el costo mental, emocional y físico que tiene vivir de esta manera acelerada y ocupada, poniendo en riesgo nuestra salud integral. Pocas veces nos preguntamos si nuestros días tienen calidad, porque, en la mayoría de los casos, confundimos calidad de vida con comodidad física, ignorando la importancia que tienen otros aspectos más sutiles pero profundos e importantes de nuestra vida, que nos llevan a experimentar paz, bienestar y felicidad. Hacer un alto de vez en cuando a lo largo del día en el medio de nuestra rutina sirve para darnos cuenta de cómo estamos viviendo, para hacer una pausa de relajación, rescatar la sonrisa, la buena actitud y para recuperar el sentido de lo que es una prioridad ese día para nosotros.

Nos han enseñado a vivir para complacer a otros, pensando que de esa manera podemos ser más felices o que las personas que amamos nos querrán mucho más. Pero lo cierto es que, en la mayoría de los casos, cuando actuamos de esta manera solo prevalece la sensación de sentirnos utilizados y poco valorados por ellas, sin pensar en que tal vez fuimos nosotros, con alguna de nuestras creencias y comportamientos, quienes organizamos y manejamos nuestra vida y las relaciones familiares de esta manera.

La autoexigencia también suele ser una actitud que nos lleva a vivir llenos de estrés, ansiedad y preocupaciones. Al mismo tiempo, solemos exigirle de la misma manera a las personas a nuestro alrededor, poniendo en riesgo el buen funcionamiento de nuestras relaciones personales y familiares. Es tiempo, por lo tanto, de tomar unas cuantas respiraciones profundas, para bajar el ritmo y preguntarnos si exigiéndonos más, sin darnos descanso, podremos realmente ser más eficientes y sentirnos más satisfechos con la vida que llevamos. El único que puede suavizarte la vida eres tú.

Maytte Sepúlveda