lunes, 9 de noviembre de 2015

Arriesgarse a vivir

Reír, es arriesgarse a parecer un tonto.
Llorar es arriesgarse a parecer un sentimental.
Hacer algo por alguien, es arriesgarse a involucrarse.
Expresar sentimientos, es arriesgarse a mostrar tu verdadero yo.
Exponer tus ideas y tus sueños, es arriesgarse a perderlos.
Amar, es arriesgarse a no ser correspondido.
Vivir, es arriesgarse a morir.
Esperar, es arriesgarse a la desesperanza.
Lanzarte, es arriesgarse a fallar.
Pero los riesgos deber ser tomados, porque el peligro mas grande en la vida es no arriesgarse.
La persona que no arriesga, no hace, ni tiene nada.
Se pueden evitar sufrimientos y preocupaciones, pero simplemente no se puede aprender, sentir, cambiar, crecer, amar y vivir…
Solo una persona que arriesga es libre.

Desconozco a su autor

Claves para vivir en calma

Todos desearíamos tener una vida más serena y balanceada, pero las tensiones de la vida cotidiana muchas veces atentan contra esta posibilidad.

Existen muchas razones por las cuales podemos perder la calma fácilmente. Por ejemplo, cuando experimentamos emociones alteradas en respuesta a una situación que nos afecta, lo primero que perdemos es la claridad mental que muchas veces necesitamos para analizar la situación de forma objetiva y constructiva, para darle solución y, además, cuando nos dejamos llevar por ellas, terminamos reaccionando; es decir, diciendo o haciendo cosas que más tarde lamentaremos. 


Lo mejor que podemos hacer es mantener la calma para tomar decisiones y acciones más conscientes y acertadas. No saber manejar la incertidumbre sobre el futuro y permitir que los comentarios y las noticias negativas que recibimos nos asusten y nos alteren, sin que primero hayamos comprobado su veracidad y seriedad, también nos hará perder la calma, agrandando nuestros temores.

El estrés que experimentamos cuando estamos inmersos en una actividad, buscando culminar un proyecto, alcanzar nuestras metas, persiguiendo un sueño o simplemente realizando un trabajo para obtener un resultado o generar un efecto, es natural y positivo, porque es el producto de un esfuerzo concentrado. Pero cuando el estrés que sentimos se genera de un exceso de deberes, asuntos pendientes y responsabilidades, cuando enfrentamos situaciones que no podemos cambiar y nos resistimos a aceptarlas o cuando tratamos de ocuparnos o de hacer algo que no depende de nosotros sino de otros, es muy probable que, en lugar de estimularnos, nos desgaste y desequilibre rápidamente.

Maytte Sepulveda