viernes, 27 de noviembre de 2015

Amistad con un/una expareja

¿Pero… podemos ser amigos? Es la frase que nunca falta cuando una relación finaliza. Error.
Normalmente, la persona que deja, siente la culpabilidad y necesita curársela de alguna manera. El que es dejado se siente traicionado pero ve en la “amistad” una esperanza de volver. Otra vez el “yo interior” te engaña.
Debes ser razonable, ya que aunque pase el tiempo, esos sentimientos hacia esa persona jamás desaparecen del todo, a pesar de que la persona que lo ha dejado te diga que si, que con el tiempo seréis buenos amigos. Un comentario muy romántico, pero no es la realidad.
Eso siempre estará ahí, aunque estés con otra pareja, siempre estará ahí, ya que las personas tendemos a querer lo que no tenemos y lo que en su momento perdimos. La esperanza esta ahí.
La amistad después de una relación de pareja no existe y quien te diga lo contrario es que nunca ha estado en el lado que estás tú ahora.

A mucha gente oirás eso de: “Pues yo si tengo amigos/as Ex y nos llevamos genial…”Hazle la pregunta: “¿ Y quién dejó a quién en esas amistades que dices tener ahora ?” La respuesta siempre será la misma. “Lo dejé yo”

Eso se traduce en egoísmo por parte de la persona que lo deja, para no perder lo que tiene con el/la dejado/a, es decir, la relación pero sin sexo. Pero en una relación que se termina, no solo le toca sufrir a uno. Aquí los dos se llevarán su trozo de disgusto. Tu te quedas sin sexo y el/ella se queda sin tu compañía y amistad.

Fuente: Ruptura de Pareja (Blog)



Rescatemos la amabilidad

En la vida acelerada que llevamos hoy todos necesitamos experimentar un contacto cálido que nos recuerde que estamos vivos, que le importamos a alguien, que podemos recuperar la confianza en el ser humano y que hay personas que, como nosotros, insisten en esparcir esperanza y optimismo a su alrededor... el mejor medio para conseguirlo es la amabilidad.

Ser amables no toma mucho tiempo ni esfuerzo; por el contrario, lo que necesitamos es establecer un contacto con otra persona para brindarle aquello que esperamos recibir en algún momento. Puede ser tan sencillo como sonreír aunque no conozcamos a la otra persona, saludar, agradecer, disculparnos, brindar nuestra ayuda aunque no nos reconozcan o agradezcan por hacerlo... Es mucho lo que podemos hacer para suavizar la vida de las personas a nuestro alrededor y obtener a cambio la alegría, el entusiasmo y el bienestar que nos produce actuar de esta manera.

Pero si es tan sencillo de hacer y tan positivo su efecto, ¿qué nos impide hacerlo?

Son varias las razones por las cuales una persona se aísla y se vuelve distante, agresiva, apática o indiferente; por ejemplo: Por no haber recibido el ejemplo en casa durante la infancia; haber pasado por una experiencia desagradable con alguien en particular; estar ensimismado en sus problemas; por temor a recibir una agresión de parte de la otra persona; porque otros lo consideran como una debilidad y les preocupa el qué dirán; por prejuicios; porque nadie ha sido amable con él o porque simplemente se cansó de serlo al no sentirse retribuido o reconocido en su momento... El punto es que dejaron de ser amables y pasaron a engrosar la fila de los que no lo son, con razones o sin ellas.

Necesitamos rescatar la amabilidad en nuestras vidas, comprender que solo podemos recibir lo que damos y que si bien en un momento dado una persona no responde de forma afirmativa a nuestra manera de actuar, esto no significa que debamos desistir de seguirlo haciendo; por el contrario, su negativa debe darnos la motivación para sembrar en otros la semilla de la amabilidad y el interés por otros; solo así podremos ayudar a humanizar nuestras sociedades.

La sensación que experimentamos cuando una persona nos presta un servicio, nos da una información o simplemente nos atiende con amabilidad y una sonrisa es maravillosa, hasta el punto en que le contamos a otras personas lo que experimentamos y si se trata de un servicio, le sugerimos que vaya a recibirlo.

¡Para rescatar la amabilidad necesitamos conectarnos con los demás! Recordemos que es la calidad de nuestros pensamientos y sentimientos lo que nos hace más o menos felices.

Maytte Sepulveda