jueves, 25 de febrero de 2016

Atrevernos a soltar

Soltar significa aceptar lo que entra y sale de nuestra vida sin aferrarnos, sin ofrecer resistencia, sin tratar de amarrarlo para que no se vaya, sin quedarnos en la negación pensando que de esa manera las cosas seguirán siendo como fueron, sin sufrirlo indefinidamente, sin sentirnos víctimas de los cambios y los ciclos, sin querer cambiarlo o acomodarlo a nuestras necesidades y deseos.

En estos meses me he dado cuenta de que una de las causas de nuestro mayor desgaste físico, mental y emocional consiste en hacerle resistencia a todo lo que sea diferente a nosotros, diferente a lo que esperábamos, a lo que pensamos, a lo que queremos, a lo que necesitamos o creemos... Es así como nos involucramos en largos procesos a manera de batallas que libramos con todos a nuestro alrededor, inclusive con las personas que amamos, cuando actúan, se expresan o piensan de una manera diferente a como lo haríamos nosotros o como esperamos que ellos lo hagan.

Sin darnos cuenta, mantenemos una especie de defensa permanente contra el mundo, porque nos es difícil aceptar la diversidad, las diferencias personales, de criterio o ideas. También todo lo que se presenta de forma inesperada, diferente o como una consecuencia insospechada a nuestros comportamientos y elecciones.

Necesitamos aprender a soltar, a aceptar lo que entra y sale de nuestra vida. Y esto no implica abandonar todo interés en lo que sucede a nuestro alrededor para evitar los conflictos; tampoco significa encerrarnos, reduciendo nuestro espacio vital para evitar el malestar que puedan producirnos las conversaciones o la relación con algunas personas, pues de esta manera solo lograríamos aumentar el malestar.

Tengamos el valor de terminar con aquellos hábitos, creencias y comportamientos que tanto daño nos han causado; desarrollemos la voluntad y la motivación necesarias para hacer los cambios en nosotros y en nuestro estilo de vida que nos permitan sentirnos plenos y satisfechos.

En lugar de sentirnos víctimas de los demás o de las circunstancias asumamos la responsabilidad de cada cosa que nos pase o hagamos. Analicemos las posibles razones por las que vivimos de esa manera y hagamos los cambios o las acciones necesarias para manejarlas, superarlas y aprender de cada experiencia vivida.

Cada vez que te sientas a punto de criticar, juzgar, corregir o querer controlar a una persona, dite a ti mismo: "Es el momento perfecto para soltar, aceptar y dejar que los demás se expresen o hagan las cosas como creen que deben hacerlo". De la misma manera mantente dispuesto y abierto a aceptar las situaciones como se presenten, para luego encontrar la mejor manera de afrontarlas y resolverlas si fuese necesario.

Maytte Sepulveda

martes, 23 de febrero de 2016

Me dispongo a perdonar

Me gusta la sensación de libertad que siento cuando me quito la pesada capa de críticas, miedo, culpa, resentimiento y vergüenza.

Entonces puedo perdonarme a mi y perdonar a los demás.

Éso nos deja libres a todos.

Renuncio a darle vueltas y más vueltas a los viejos problemas.

Me niego a seguir viviendo en el pasado.

Me perdono por haber llevado esa carga durante tanto tiempo, por no haber sabido amarme a mí ni amar a los demás.

Cada persona es responsable de su comportamiento, y lo que da, la vida se lo devuelve.

Así pues, no necesito castigar a nadie, todos estamos sometidos a las leyes de nuestra propia conciencia, yo también.

Continúo con mi trabajo de limpiar las partes negativas de mi mente y dar entrada al amor.

Entonces me curo.

©Luise L. Hay


Cuando se perdona y no se olvida

Hay muchas personas, hombres y mujeres, que tienden en un apartado de su mente han colocado un cajón, en el cual, guardan con doble llave las experiencias negativas, los desengaños y los momentos difíciles o dolorosos que han vivido y en el momento oportuno, abren el cajón y sacan de él lo necesario para poner en evidencia su condición de víctimas y los argumentos para chantajear a la pareja.

Mantener archivadas las experiencias negativas, conservar las cuentas pendientes con el "ser amado", pone en evidencia la existencia de rencor y resentimiento, sentimientos que "envenenan" cualquier relación humana.

Cuando se guardan resentimientos, cuando se "perdona" pero no se olvida, la relación se envenena y las personas entran en un juego interminable de cobrarse cuentas pendientes, que como resultado hace infelices a todos los involucrados: al que no olvida, porque el simple hecho de estar recordando las cosas negativas le amarga la vida y le impide la felicidad, y al que se le están echando en cara las cuentas pendientes, porque se siente agredido y manipulado cada vez que le presenten una factura de cobro.

Eso es realmente algo que no se debe de albergar en nuestros corazones, mentes y pensamientos.

Liberar esa palabra es demasiado difícil pero no imposible.

Así amigos el perdonar no cuesta nada y si se logra una armonía espiritual, y sobre todo una paz dentro de nosotros, perdonemos, amemos y será después un nuevo día para todos...

Desconozco a su autor

lunes, 22 de febrero de 2016

Manifiesto de las ovejas negras

Pesando y midiendo actos, situaciones y hechos de la vida, y comparando algunos proyectos con sus resultados, es fácil concluir que generalmente los desafinados somos nosotros y no la vida o los proyectos o sus resultados; apenas nosotros, los pocos que obstinadamente insistimos en pedirle peras al manzano; los raros que no renunciamos a buscar hormigueros en el asfalto; los extravagantes que preferimos ser sordos en un discurso y mudos en un concierto, porque lo que realmente nos ocupa y preocupa son las pequeñas preguntas que desafían, y no las grandilocuentes respuestas que satisfacen.

Somos lo que habitualmente se define como verdaderas y abominables ovejas negras, y no tenemos vergüenza de confesar sin rubor que tal "acusación" nos honra mucho, ya que por temperamento y vocación preferimos cultivar ideas en el jardín del fondo de nuestra vida, a tener que envidiar los rosales que nos miran desde el jardín de nuestro vecino; optamos siempre por plantar un árbol en la esquina de nuestra propia verdad, antes que caer en la tentación de podar los que dan sombra al camino por el cual transita la verdad de nuestros adversarios; siempre elegimos cuidar el pasto que crece entre las estrofas de nuestro ideario o en las entrelíneas de nuestros fracasos, a tener que cortarlo para satisfacer el gusto ajeno; y principalmente, elegimos lavar y planchar nuestras viejas y maltrechas utopías - ésas que aún respiran y nos miran de reojo desde el fondo del cajón de las buenas intenciones - a tener que bajar los brazos y aceptar las órdenes perentorias y casi siempre sin sentido de esa déspota llamada Realidad; y vaya uno a saber qué más, aunque lo único fundamental e inaplazable es que todos tratemos de ser más felices de lo que merecemos y mucho menos infelices de lo que merezcamos, y nada más, ni nada menos.


Es imperativo desear que el tiempo nos enseñe a sintonizar con mayor precisión la frecuencia en que se transmiten los intereses del prójimo, y quien sabe, como premio, ese mismo tiempo haga que el prójimo sea un poco más tolerante cada vez que se enfrente a una idea que propongamos, a un pensamiento antagónico que manifestemos, o a una ideología diferente que defendamos, ya que por más que le demos vueltas, lo que todos estamos buscando son puentes y no precipicios; son temas que obliguen a pensar, y no distracciones que inviten a olvidar; son batallas dialécticas que forjen nuestro carácter, y no simples victorias que lo deformen.

En razón de lo expuesto, proponemos:

1.- Que se suspenda el derecho del gris plomo a participar del arco iris.

2.- Que se degrade al Odio a la categoría de Antagonismo, perdiendo los beneficios que el grado anterior le concedía, como matar sin pedir permiso o pintar de sangre a las palabras y vestir de luto a los discursos.

3.- Que los dedos no más sean usados para apretar gatillos, ni las manos para clavar puñales, ni los ojos para matar mirando, ni la boca para escupir condenas, ni el verbo para sembrar desgracia, ni el dinero para comprar silencio.

4.- Que se prohiba morir por la Patria y se invite en todos los canales a vivir por ella.

5.- Que el discurso de las horas, de los días y semanas, de los meses y los años, produzca instantes repletos de gozo, minutos llenos de alegría, horas cargadas de placer, días plenos de sol, semanas húmedas de ternura, meses rellenos de mañanas, años teñidos de esperanza.

6.- Que se suspenda definitivamente el patrocinio comercial de todas las guerras por más o menos santas que sean, y que se de los fabricantes de la ignominia.

7.- Que se permita el regreso de la inocencia perdida, del injusto destierro al que ha sido condenada, y se la invite a ocupar el lugar de honor que le corresponde.

8.- Que nunca más florezcan muertos anónimos en los jardines de los cementerios clandestinos, y que jamás la desvergüenza vuelva a plantar desaparecidos en la conciencia de los pueblos.

9.- Que las bombas inteligentes se jubilen y se cubran de telarañas en los sótanos de los museos, y que los líderes nada inteligentes se marchiten y sus nombres se borren para siempre de las páginas de la Historia que ayudaron a manchar.

10.-Que la paz rompa las cadenas y que los puños cerrados se abran en manos extendidas hacia el otro, y que la verdad sea la dueña y señora de la última palabra.

©Bruno Kampel

miércoles, 17 de febrero de 2016

El elefante encadenado

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba eran los animales. Me llamaba poderosamente la atención, el elefante. Después de su actuación, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir. ¿Qué lo mantiene? ¿Por qué no huye?

Cuando era chico, pregunte a los grandes. Algunos de ellos me dijeron que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces, la pregunta obvia...
- Si está amaestrado, ¿porqué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Hace algunos años descubrí que alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta. El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño. En aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca, era ciertamente, muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado,y que al día siguiente volvió a intentar, y también el otro, y el que seguía...


Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque CREE QUE NO PUEDE.

El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor, es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente si podía. Jamás... jamás intentó poner a prueba su fuerza otra vez.

Y tú, tienes algo de elefante? Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos.

Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo... No puedo y nunca podré. Muchos de nosotros crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.


La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO TU CORAZÓN.

©Jorge Bucay

Aceptar

En todos los juicios que yo hago sobre ti, hay un juicio sobre mí mismo y ambos son igualmente ciertos o falsos.

Mientras piense que yo estoy en posesión de la verdad y tu no lo estás, crearé separación, desigualdad y estableceré las bases para que el sufrimiento se instale en mi vida.

Lo mismo ocurre si pienso que tú posees la verdad y yo no. La realidad es que ambos poseemos una parte de la verdad y una parte de ilusión.

Cuando sentimos que la otra persona nos acepta tal y como somos, tenemos la motivación para adaptarnos el uno al otro. Adaptarse es hacerle al otro un lugar junto a nosotros; es no imponerse ni que se nos impongan.

El amor es aceptación. Si pretendemos cambiar a quienes amamos surgen los grandes conflictos, las discusiones, nace el dolor y poco a poco el amor muere. El amor no muere de un día para el otro, comienza a apagarse lentamente como las luces del cine antes de comenzar la película.
Aceptar al otro con sus defectos, con sus virtudes, con su forma de ser que puede ser diametralmente opuesta a la nuestra es amarlo. El amor es un sentimiento que no debe ser analizado, se siente y como tal debemos asumir lo que sentimos y dejarnos llevar. Debemos enamorarnos de las diferencias y no sólo de las semejanzas porque AMOR son dos personas que comienzan a ser una sin dejar de ser ellas mismas.

Desconozco a su autor


martes, 16 de febrero de 2016

Algunos consejos

Para triunfar es preciso que seas dueño de tí mismo y pongas toda tu energía al servicio de tu realización personal.

Si conservas la mente lúcida y mantienes el control de tus emociones, podrás superar cualquier situación, como capitán que debes ser, de tu propia vida.

Lleva las riendas de tu conducta y mantén bajo control todas tus acciones. Tu conciencia puesta al servicio de tu crecimiento y superación, es la que debe comandar tu voluntad.

El estrés dificulta tu paz interior, afecta tu salud, tu felicidad y tu vida. Para evitarlo, renuncia a querer lograr objetivos de manera acelerada y forzosa. Aprende a utilizar el tiempo en forma adecuada. Evita tensionarte por querer hacer varias cosas a la vez.

No empujes el río, déjalo correr a su ritmo. No te amargues imaginando futuros llenos de dificultades. Mira tus problemas con objetividad y hasta con buen humor y saca provecho de tus errores.

Reconoce el valor y el poder dinámico de la palabra. Que lo que digas sea verdad y que tus palabras sean las adecuadas, que reconozcan la dignidad humana y realcen los valores humanos.

Utiliza tus palabras sólo para agradecer, para bendecir, para servir, orientar, aconsejar y promover acciones positivas de superación, crecimiento y armonía entre todas las personas.

Descontamina tu palabra de mentiras, pues son una forma de violencia. Nunca utilices tu palabra con rudeza ni en forma grosera. Usa el poder de tu palabra sólo para dignificarte.

Desconozco a su autor

viernes, 12 de febrero de 2016

El inventario

A mi abuelo aquel día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante.
Casi ausente.
Pienso ahora que tal vez presentía que ese era el último día de su vida.
Me aproximé y le dije:
-¡Buen día, abuelo!
Y él extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un misterioso instante, exclamó:
-¡Hoy es día de inventario, hijo!
-¿Inventario? (pregunté sorprendido).
-Si. ¡El inventario de las cosas perdidas! Me contestó con cierta energía y no sé si con tristeza o alegría. Y prosiguió:

-Del lugar de donde yo vengo, las montañas quiebran el cielo como monstruosas presencias constantes. Siempre tuve deseos de escalar la más alta. Nunca lo hice, no tuve el tiempo ni la voluntad suficientes para sobreponerme a mi inercia existencial.

Recuerdo también, aquella chica que amé en silencio por cuatro años; hasta que un día se marchó del pueblo, sin yo saberlo.

¿Sabes algo? También estuve a punto de estudiar ingeniería, pero mis padres no pudieron pagarme los estudios. Además, el trabajo en la carpintería de mi padre no me permitia viajar. ¡Tantas cosas no concluídas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades perdidas!
Luego, su mirada se hundió aún más en el vacío y se le humedecieron sus ojos.
Y continuó:

-En los treinta años que estuve casado con Rita, creo que solo cuatro o cinco veces le dije "te amo".

Luego de un breve silencio, regresó de su viaje mental y mirándome a los ojosme dijo:

-"Éste es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mí ya no me sirve. A ti sí. Te lo dejo como regalo para que puedas hacer tu inventario a tiempo".

Y luego, con cierta alegría en el rostro, continuó con entusiasmo y casi divertido:

-¿Sabes qué he descubierto en estos días?
-¿Qué, abuelo?
Aguardo unos segundos y no contestó, solo me interrogó nuevamente:
-¿Cuál es el pecado más grave en la vida de un hombre?
La pregunta me sorprendió y solo atiné a decir, con inseguridad:
-"No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearle el mal. ¿Tener malos pensamientos, tal vez?"

Su cara reflejaba negativa. Me miró intensamente, como remarcando el momento y en tono grave y firme me señaló:

-"El pecado más grave en la vida de un ser humano es el pecado por omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas."

Al día siguiente, regresé temprano a casa, luego del entierro del abuelo,para realizar en forma urgente mi propio "inventario" de las cosas perdidas.

El expresarnos nos deja muchas satisfacciones, así que no tengas miedo, y procura no quedarte con las ganas de nada... antes de que sea demasiado tarde...

-Y tú, ¿ya hiciste tu inventario?...

Desconozco su autor


¿Qué es exactamente lo que deseas?

Muchas personas se enfrascan en el “cómo” hacer las cosas y eso les causa una parálisis pues su nivel de consciencia no está al nivel de la solución del problema.

Creándose así un círculo de: no sé hacerlo por lo tanto no lo hago y no lo hago porque no sé.

Pero la verdadera solución a esta situación es enfocarse en el QUÉ y no en el CÓMO… qué es lo que quiero realizar, manifestar o experimentar. Pasa tiempo detallando QUÉ es exactamente lo que quieres.

Dedícale tiempo; decir “quiero mucho dinero”, “quiero adelgazar”, “quiero manifestar a mi pareja ideal”, etc. No son Qué’s claros y por lo tanto no sabes cómo.

Si digamos, tu meta es adelgazar, ¿cuántos kilos deseas perder?, ¿qué tipo de cuerpo deseas exactamente? ¿sólo perder 10 o 15 kilos es suficiente para ti, o de paso te gustaría mejor tener un cuerpo atlético?

En caso de desear un cuerpo atlético… ¿Cómo el de quién, el de un corredor, un nadador, un tenista?… ¿qué es exactamente lo que buscas?

La falta de claridad da una pobre calidad en los deseos y por lo tanto pobres resultados.

Una vez clarificado tu QUÉ, te sobrarán los cómo’s… si dijiste: “Mi qué, es manifestar un millón de dólares. Entonces encontrarás muchos caminos y descartarás también muchos otros que no te llevarán allí y tendrás más enfoque pues tendrás tus prioridades bien claras y definidas.

Invierte tiempo en clarificar tu vida ¿o acaso tienes algo más importante qué hacer que vivir la vida 100% a tu gusto?

Dan Gaona
Fuente: Grandes Pymes

viernes, 5 de febrero de 2016

Tu actitud frente a la vida

El problema no está, en si la vida es fácil o difícil, sino en cómo reaccionamos ante los obstáculos.

Si un día se te cierra una puerta, la solución no es romperte la cabeza dando contra ella, sino preguntarte si no habrá, al lado de ella o en la misma dirección, alguna otra puerta por la que puedas pasar.

En la vida tienes que aceptar a veces salidas de emergencia, aunque te obliguen a dar un pequeño rodeo. Procura, al mismo tiempo, tener siempre encendidas tres o cuatro ilusiones; así, si te apagan una, aún tendrás otras de las que seguir viviendo.

Distingue siempre entre tus ideales y las formas de realizarlos.
Aquellos son intocables, estas no. Si alguien pone obstáculos a tu ideal, pregúntate si se opone de veras a tu ideal o a la forma en que estás realizándolo. Y no veas problema en cambiar de forma de buscarlo, siempre en cuanto sigas buscando el mismo ideal.

Aprende en la vida a ser persistente y tenaz, pero no confundas la tenacidad con la cabeza dura.

No cedas ni en tus ideas ni en tus convicciones, pero no olvides que una verdad puede decirse de mil maneras y que no siempre vale la pena sufrir por ciertos modos de expresión.

Y cuando llegue una ola que sea más fuerte que tú, agáchate, déjala pasar, espera… y luego, sigue nadando. Intenta convertirte en lo mejor que puedes ser.

Muchos tienen miedo de lograr su potencial porque temen encontrarse con una puerta cerrada.

Esto no es una actitud correcta.
Debes desarrollarte a ti mismo lo mejor posible.

Aún la persona más pequeña tiene el potencial más grande si utiliza todo lo que está dentro de ella.

Hoy podríamos preguntarnos cuál es nuestra actitud ante la vida. Quizás es el momento de empezar a modificar todo aquello que no nos permite avanzar o que pone freno a nuestras ilusiones.

A veces somos tercos y ni siquiera intentamos cambiar un poco y al pasar los años, cuando ya estamos cerca del final mirando hacia atrás nos decimos:
– Si hubiera hecho… Si en aquel momento… Si se me hubiera ocurrido…

Nuestra actitud ante la vida es la que encierra la respuesta a muchos de nuestros interrogantes, solo que a veces no vemos nada, o creemos ser fantásticos y preferimos convencernos y culpar al entorno de todo cuanto nos sucede.

Todos vivimos inmersos en nuestro entorno y en nuestra circunstancia. ..
Entorno y circunstancia que la mayoría de las veces son difíciles o imposibles de modificar, de modo que, en cierta medida, somos un poco esclavos de ellos. Pero lo que si podemos modificar es nuestra actitud ante esos factores… Podemos dejar que nos abatan y nos dominen… O podemos triunfar ante ellos.

Esos que triunfan, esos que pese a todo lo que se les pone a su paso, logran beber la vida como viene, sin tribulaciones, esos que logran atrapar entre sus manos lo que verdaderamente tiene sentido y dejan de lado todo lo superfluo, esos habrán dado con la clave… Y serán los poseedores de la felicidad.

Fuente: Internet.

Crucemos la línea roja

No nos damos cuenta, pero todo está cambiando. El mundo en que vivimos da un giro y debemos saber aprovecharlo para mejorar nuestras vidas. Ha llegado ese momento en el que debemos apostar por lo que queremos y dejar que nos muevan nuestros sueños. La personas reclaman tomar las riendas de sus vidas, aunque no se han dado cuenta aún… La insatisfacción por vivir en un mundo donde eres lo que tienes les está desbordando y en su interior hay una lucha por levantar la cabeza y decir que no; que no son lo que tienen, que son lo que buscan, lo que anhelan, lo que sueñan.

Parece que todo se tambalea porque por primera vez en mucho tiempo estamos empezando a cuestionarnos algunas cosas que parecían sagradas. Estamos perdidos, porque aún no hemos visto todo el potencial que tenemos… En realidad es porque empezamos algo grande y distinto. Somos como el niño que inicia sus primeros pasos, cae y se golpea, tiene miedo, pero algo en su interior le impulsa a continuar porque sabe que andará, que puede, que debe hacerlo para conseguir ser autónomo.

Nosotros somos como él. Estamos en una sociedad que se plantea ser mayor, asumir retos como adultos y cambiar las normas para que todos tengan oportunidades.

A veces, parece que aún tenemos ese miedo inculcado durante siglos por algunos poderes fácticos que intenta aplastarnos las ideas y evitar revoluciones. Hemos incorporado en nuestro ADN el temor del siervo que llevo el tributo al señor feudal y suplica que le deje alguna gallina para tener con qué alimentar a los suyos. Ahora llega el momento en el que las personas van a ser dueñas de su destino. Todo ha explotado y va de dar el giro. Vamos a decidir qué queremos ser cuando seamos mayores.. Tenemos la capacidad de escoger qué queremos y elegir camino… Y si no hay ninguno que nos plazca, fabricarlo.

Llega el momento de cuestionarlo todo. Empezando por aquello que más nos asusta y más prohibido hemos tenido siempre. Cada premisa, cada refrán que nos aleja de lo que deseamos y soñamos, cada espacio vedado a nuestro paso, cada rincón oscuro donde siempre se nos ha dicho que el acceso está restringido. Estamos a punto de salir de nuestra macrozona de confort de forma colectiva, pero no lo sabemos. Casi no nos atrevemos a pensarlo porque no nos han educado para creerlo, para imaginarlo. Lo haremos de forma individual. Algunos porque ya no soportan más la jaula que ellos mismos han construido a su alrededor. Otros porque han encontrado la llave de la habitación prohibida. Muchos porque con la crisis han salido de su letargo y se han dado cuenta de que no escriben su futuro o se lo escribirán otros y, conociendo como lo hacen, ya saben que no será una versión que les sea útil ni favorable.

Llega el momento de cambiar el mundo. Con palabras. Con gestos. Con complicidad. Con talento. Con osadía y cierta imprudencia. Sin golpes, ni malas miradas, sin reproches…

Sólo nos hace falta el valor de creernos que valemos la pena. Pensar que aquello que hemos creído imposible hasta ahora, porque nos han insistido en que así era, tal vez esté equivocado. Tendremos que preguntar mucho, hasta la impertinencia. Nos hará falta el valor de decirnos a la cara verdades rotundas, como puños, algunas de ellas nos harán remover las vísceras y nos salpicarán la conciencia como nunca… Deberemos mirar dentro de nosotros con honestidad y dándonos cuenta de todos nuestros prejuicios, sobre nosotros y sobre los demás. Poniendo en tela de juicio por qué a veces no somos como soñamos, releyendo el pasado y teniendo la osadía de mirar al futuro con otros ojos… Con los ojos de ese niño que se da golpes al empezar a caminar pero que aún no sabe que hay cosas que tiene prohibidas. Y tener el valor de plantear alternativas y escribir un guión nuevo para cada escena que no nos haga sentir plenos. Y sobre todo, imaginar, crear, sin parar. Que donde no llegue el esfuerzo, llegue la temeridad de pensar que nada está fuera de nuestro alcance. Porque sólo con imaginarlo y sentirlo, seremos más capaces.

Ha llegado el momento de sacarnos la nube que llevamos en la cabeza y que no nos deja pensar más allá de nuestros miedos. Algunos de ellos son propios y otros importados de una sociedad que ha hecho todo lo posible para que no exploremos nuestro potencial y nos creamos prescindibles para que no se nos ocurra encontrar alternativas. Para que no salgamos el decorado y encontremos el mundo real. Para que no a hurguemos hasta topar con otras realidades que nos lleguen al alma… Para que no descubramos que cuando no estamos atados y sumisos, somos inmensos. Para que no descubramos que cuando queremos no tenemos límites.

Para no tener nunca más la sensación de que no lo merecemos… Para poder tocar la excelencia en todos los aspectos de nuestra vida y saber que lo que buscamos ya nos pertenece.

Tenemos que atrevernos a cruzar la puerta. Traspasar la línea roja, a ver qué pasa. Dejar de pedir permiso por no ser como otros desean. Dejar de lamentarnos por no tener el valor de ejercer de nosotros mismos. Salir del armario de nuestras propias negaciones. Caminar por la cuerda floja. Mojarnos al pasar por el lodo. Caernos y ensuciarnos. Mirarnos en ese espejo interior donde todo son verdades cruentas y maravillosas… Y descubrirnos para querernos tal como somos, con nuestros talentos y nuestras deliciosas debilidades… Sin edulcorantes ni siliconas, sin tener que ajustarnos a unas medidas concretas ni aceptar sueños prestados, para creer en nosotros, para no estar nunca más pegados a una versión mediocre de nosotros mismos…

Merce Roura
Fuente https://mercerou.wordpress.com/2016/01/20/crucemos-la-linea-roja/

jueves, 4 de febrero de 2016

15 recordatorios que necesitas cuando sientes que no puedes más

Nuestro carácter a menudo es más evidente en nuestros mejores y peores momentos. Sé humilde en las cimas, fuerte en los valles, y ten fe en el medio.

¿Por qué nos sentimos de esta manera, tan golpeados y desgastados?

¿Por qué nosotros, que comenzamos tan apasionados, valientes, dignos y creyendo, nos quebramos totalmente para la joven edad de 30, 40 o 50 años?

¿Por qué algunos de nosotros se ahogan en el consumo y las deudas, otros ponen una bala en su cabeza, un tercero busca el olvido en el licor y en el juego, un cuarto, para poder sofocar el miedo y el prejuicio, cínicamente pisotea y reprende su propia individualidad, inteligencia, y su pura y hermosa juventud?

¿Por qué es que, una vez caídos, no intentamos subir de nuevo, y, después de haber perdido una cosa, no intentamos buscar otra?

¿Por qué?

Porque nos damos por vencidos demasiado pronto. Dejamos que ese monstruo llamado negatividad nos mastique y nos escupa dentro de un profundo arroyo de auto-dudas.

Si te relacionas de alguna forma con esto, aquí tienes algunos recordatorios importantes para que tengas en cuenta…

1. Cuando tu matrimonio, paternidad, fe, etc. se pongan difíciles, no es señal de que lo estás haciendo mal. Estos aspectos íntimos e intrincados de la vida son más difíciles cuando lo estás haciendo bien; cuando les estás dedicando tiempo, estas teniendo las conversaciones difíciles, y estas haciendo sacrificios diarios.

2. En los días particularmente difíciles, cuando sientas que no puedes más, recuerda que tu record de atravesar días difíciles es del 100% hasta el momento.

3. Ten un poco de fe en que el universo tiene un plan para ti, y que todo será revelado en el momento correcto. Algo que con el tiempo aprenderás de todos tus altibajos es que en realidad no hay decisiones equivocadas en la vida, sólo decisiones que harán que tu vida tome caminos diferentes. A veces tienes que ser lastimado para crecer, o perder para poder ganar. A veces la lección que más necesitas, sólo la puedes aprender a través de un poco de dolor.

4. El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional.

5. La vida no se trata de mantener el status quo. La vida no se trata de jugar a lo seguro todo el tiempo. La vida no se trata de quedarse quieto y revolcarse en tus dudas. Se trata de conectarte con tu alma, respetar tu integridad y decirte a ti mismo que eres capaz. Se trata de tomar unos cuantos pasos, sin importar lo difícil y pequeños que sean, para que puedas avanzar y evolucionar.

6. Debes tomar la firme decisión de que vas a seguir adelante. No siempre ocurrirá de forma natural o automáticamente. Algunas veces tendrás que levantarte y decir: “No importa lo difícil que sea esto. No importa lo decepcionado que estoy. No voy a dejar que esto se robe lo mejor de mí. Seguiré adelante con mi vida.”

7. No importa lo que está pasando, puedes luchar eficazmente las batallas de hoy. Es sólo cuando agregas las batallas de esas dos implacables eternidades (ayer y mañana) que la vida se pone abrumadoramente complicada. Entiende que no es la experiencia de hoy en sí misma la que te devasta, sino el pesar y el resentimiento por algo que sucedió ayer o el temor por lo que podría ocurrir mañana. Es necesario, por lo tanto, que te permitas vivir un día a la vez (sólo hoy).

8. Cuando dejas de preocuparte por lo que no puedes controlar, tiene tiempo para cambiar las cosas que sí puedes controlar. Y eso lo cambia todo.

9. No te preocupes por los errores y los fracasos, preocúpate por lo que renuncias cuando no lo intentas.

10. Cometer errores significa que estás realmente HACIENDO algo en el mundo real y aprendiendo de ello. Escuchar o leer a menudo es sólo escuchar o leer. No es realmente aprender. El verdadero aprendizaje proviene de cometer errores. Y los errores provienen de hacer algo.

11. Si nunca vas tras ello de nuevo, nunca lo tendrás. Si nunca lo pides de nuevo, la respuesta siempre será no. Si nunca das un paso adelante de nuevo, quedarás atascado justo donde estás.

12. En el espacio que hay entre “Lo intentaré de nuevo” y “Me rindo” hay una vida entera. Es la diferencia entre el camino que tomaste y el que dejaste atrás; es la brecha entre quién eres capaz de ser y en quien te has convertido; es el espacio en los cuentos de hadas que te dirás a ti mismo en el futuro sobre lo que podría haber sido.

13. Todo el mundo tiene un poco de talento. Lo que es raro es el coraje de seguirlo a los lugares oscuros donde te conduce, y más allá.

14. El coraje no siempre ruge; a veces es simplemente un susurro al final del día que te dice: “Voy a intentarlo de nuevo mañana.”

15. Si aún estás ahí sentado pensando, “Las cosas deberían ser diferentes”, respira profundamente. Eso no es verdad y lo sabes. Porque si fuera cierto, las cosas serían diferentes ahora. Permanece en el presente y enfócate en lo que puedas crear hoy. Y mañana se revelará exactamente como deba ser, al igual que ayer lo hizo.

Dejando los detalles a un lado, si estás leyendo esto… ¡¡¡Felicidades!!! Estás vivo, y en una buena posición para darte otra oportunidad. Si eso no es algo para sonreír, entonces no sé qué es.

Recuerda lo que mereces y sigue empujando hacia adelante. Algún día todas las piezas se unirán. Cosas inimaginablemente buenas sucederán en tu vida, incluso si nada sale exactamente como lo habías anticipado. Y mirarás atrás en tu pasado, sonreirás, y te preguntarás, “¿Cómo atravesé todo eso?”

Marc Chernoff
Publicado originalmente en TrucosParaVivirMejor.com