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sábado, 8 de diciembre de 2012

Tu lenguaje crea tu realidad

La mayoría de las veces no somos conscientes de las palabras que utilizamos para denominar, describir o explicar las diferentes situaciones de nuestra vida. Creemos que es lo mismo utilizar un tipo de lenguaje que otro. Pero nada más lejos de la verdad, porque el lenguaje que utilizamos crea la realidad, nuestra realidad.

Vamos a analizar esto con varios ejemplos. No es lo mismo decir estoy enfermo, que me estoy curando; estoy deprimido, que no estoy en el mejor momento de mi vida; o esto es una catástrofe, que estoy ante un reto.

El estado emocional y las sensaciones que tiene mi cuerpo, mi mente son muy distintas dependiendo de unas frases u otras.
Con sentencias como: estoy enfermo, deprimido o esto es una catástrofe, el poder lo estoy dejando fuera de mí. Son las circunstancias las que tienen el poder y no yo. Ellas pueden conmigo.

Sin embargo cuando utilizo expresiones como: me estoy curando, no estoy en el mejor momento de mi vida o estoy ante un reto, la situación cambia completamente.

En estos ejemplos el poder de manejar la situación lo tengo yo. La situación depende de mí. Esto es lo que los americanos llaman Empowerment, que puede ser traducido como darse poder a uno mismo.

A la hora de hablar y sobre todo a la hora de hablarnos a nosotros mismos, es importante tener en cuenta el lenguaje a utilizar porque éste nos puede potenciar o limitar. Es decir, nos puede ayudar a conseguir lo que queremos, nuestros sueños u objetivos en la vida o todo lo contrario; nos puede llenar de miedos y limitaciones para alcanzar aquello que deseamos.

Por tanto a partir de ahora tenga presente qué lenguaje utiliza en cada circunstancia. Tome conciencia de la importancia de elegir sus palabras y permítase tener el poder de lo que le ocurre.

Recuerde que nuestro lenguaje, en gran medida, crea nuestra realidad y que nuestra realidad es nuestra vida, aunque de esto ya hablaremos en otro momento.

Montse Hidalgo
Directora Coordinadora del Programa Máster en Coaching Personal y Ejecutivo (UCJC) Experta en PNL Máster en Coaching (Uni. Anthony Robbins) Coach Personal y Ejecutivo y Socia fundadora de Con-fluir

jueves, 18 de octubre de 2012

“Parece que no nos estamos entendiendo… Comunicación y pareja, todo un desafío” por Mónica López

Comunicarse claramente es algo que va más allá de hablar con otro, ya es todo un tema el que los estudios nos muestren que alrededor de un 70 % del mensaje que recibimos es lo que expresado en lo no verbal a través del tono de voz, las pausas, la mirada, la corporalidad… Por eso nos hace tanto sentido cuando escuchamos esta típica frase “un abrazo o una sonrisa vale más de cien palabras…” Pues podemos decir lo mismo en cuanto a contenido, pero la forma como lo expresamos cambia todo el mensaje y también marca diferencia en el cómo nos sentimos al escucharlo…

En estos tiempos donde cuesta organizarse y dejar a un lado el trabajo y los quehaceres para detenerse y darle valor a los lazos afectivos, el comunicarse en profundidad, generando intimidad emocional con otro es una necesidad que cada vez empieza a cobrar más relevancia, pues sino nos vamos aislando, sintiendo solos, nos falta lo más importante: Amor… Necesitamos cuidado mutuo, apoyo, sentirnos contenidos, acogidos, escuchados, validados, mirados, entendidos, acompañados y no sólo recibir es algo que nos gratifica sino también poder entregar lo mismo y construir… por este motivo, el pensar cómo nos estamos comunicando con nuestra pareja y revisar nuestras formas más allá de los contenidos puede ser un punto de partida que aporte a ir fortaleciendo la relación y crecer juntos.

Algunos puntos que debemos poner atención y revisar para mejorar la comunicación con nuestra pareja pueden ser:

- Compartir lo cotidiano: Muchas parejas comienzan a cimentar una comunicación más fluida contando qué hicieron en el día. Cada evento, desde qué comiste, cómo te sentiste, a quién viste o qué temas conversaste hoy puede ayudar a saber cómo vive el otro, ir conociéndose más, saber a qué cosas le está dando más importancia, cuáles disfruta y cuáles lo tienen más agobiado, así se va dando paso también a entender mejor y aprender a leer los estados de ánimo del otro, pudiendo acompañarlo y hacerle sentir que estamos cerca, presentes en su día a día y que puede contarme cualquier cosa que suceda, pues sé bien a qué se dedica en su día, de qué se trata su trabajo y todo lo que lo rodea. Es sorprendente saber que pueden pasar años junto a alguien sin saber realmente a qué se dedica en detalle… todo parte por interesarse.

Es cierto que muchas personas no están acostumbradas a compartir su cotidiano y que pueden incluso sentirse interrogadas, creer que el otro quiere saber qué hicieron en un afán de celos, control o vigilancia, pueden sentirse invadidos, entre otros sentimientos poco gratos, pero la intención de compartir la vida y conversar sobre estas cosas no es ésta, lo importante es entender el trasfondo y que esto los acerque. De todos modos, algunas parejas prefieren mantenerse más reservadas en esto, mantener su privacidad y compartir cosas cuando las sientan relevantes, esto tampoco está mal. Cada pareja es distinta y podrá decidir cuál es la forma en que pueden sentirse más comunicados, lo cual no necesariamente implica contarse todo. Este sólo es un camino.

- Detenerse para escuchar: La siguiente escena puede ser recurrente en muchas parejas… “estoy contando algo importante y mi pareja sigue ordenando su ropa, cocinando o moviéndose de un lado a otro, de pronto me veo persiguiéndola para contarle esto, pues quiero su opinión, quiero que me acoja o al menos poder desahogar esto que estoy sintiendo, de pronto me dice entre gritos desde otra pieza “sigue contándome no más, si te escucho…” pero al oírla pasa por mi cabeza la pregunta ¿realmente me está escuchando? Y ahí es cuando me canso de contarle, desisto y le digo… ya, cuando te desocupes mejor hablamos…”.

Otro ejemplo… Acaso si estamos comiendo y mi pareja se pone a llorar o nos cuenta algo tremendamente importante y delicado, ¿no dejamos de comer por un segundo para mirar a los ojos, tomar su mano y tratar de escuchar lo más activamente que podamos? (bueno, si no es lo que sueles hacer, te cuento que podría ser una buena idea empezar a probar con algo así…), pero esto nos lleva a la pregunta ¿por qué sólo debemos detenernos a escuchar cuando nos cuentan algo grave o delicado? El darse un tiempo para detenerse a conversar, mirarse, contarse las cosas, escucharse activamente hace sentir al otro que de verdad me importa lo que le suceda, que estoy ahí para reírme de sus anécdotas y apoyarlo/a en lo más difícil, en darle ánimos cuando le falten, en compartir cada cosa buena, mala o neutra que le ocurra… Que soy su compañero/a.

- Volver al tema: Algo clave… si te cuentan algo puede ser una buena idea preguntar después por el tema, darle continuidad, mostrarle al otro que recuerdas lo que te cuenta, que te preocupas, que te interesa. ¿y cómo te fue en el curso que te iban a hacer hoy?, ¿hablaste con tu compañera?, ¿pediste el traslado?, ¿preguntaste si podías traer plantas a la oficina?, ¿te respondieron?, ¿y te juntaste a almorzar con tu hermano?… cosas simples… la vida está llena de pequeñas y bellas cosas simples…

- Confiar: Puede que tengan malas experiencias contándose cosas antes, que la comunicación se haya deteriorado, que sientas que no rescatarás nada de confiar en tu pareja y contarle tus cosas, incluso puedes tener temor a que se enoje si le expresas cómo te sientes o que tu pareja no sea muy contenedora y tienda a criticarte o retarte cuando le confiesas que aún estás agobiada por el mismo tema de siempre… pero la elección está entre: seguir así, alejándose cada día más, sintiendo que necesitas satisfacer tus necesidades de contención y comunicación a través de amistades u otras personas, o hacer un esfuerzo por intentarlo quizás de un modo en que no lo hayan intentado antes, conversar sobre lo que les está pasando, confiar en que pueden mejorar lo que tienen si se dedican ambos a dar lo mejor de sí.

La “metacomunicación” es necesaria, “hablar de cómo están hablando” entre ustedes y tratar de que esto mejore va a depender de que puedan expresar ambos qué necesitan y en vez de encontrar sólo problemas, se ocupen en buscar soluciones o caminos que ayuden…

- Ser claro y consistente: Muchas veces por no herir al otro o temor a que se enoje o nos rechace, encubrimos cierta información, no somos claros en expresar nuestras emociones o ideas ni en pedir lo que necesitamos… “no es que me pase algo, pero desde hace un tiempo hay algo que siento distinto, no sé cómo explicarlo, pero tampoco es para tanto, no sé si sea malo tampoco, yo creo que son puros rollos y no pasa nada en realidad, pero si a veces me sientes rara es por esto…” ufff… cuesta entender y desde ahí poder hacer algo al respecto para mejorar la situación. El miedo o la evasión claramente no ayuda en entregar un mensaje, si es algo difícil, intentemos usar respecto y cuidado, pero siempre con claridad, si lo que queremos de verdad es que nos entiendan o que se produzca un cambio.

Otro aspecto que causa confusión son las inconsistencias o contradicciones, los dobles mensajes o todo lo que al final nos deje atrapados, “pues si hago lo que creo que me pide está mal y si no lo hago también está mal, entonces me quedo sin saber que hacer”. Un ejemplo común: pedir un tiempo para estar tranquila, sin insistir tanto en tener relaciones sexuales, y luego quejarse porque el otro se distanció o nos sentimos poco deseadas (siendo que el otro hizo justo lo que le pedimos…) u otro en que puede verse una secuencia clásica es el siguiente: Claudia le pide a Pedro que se vista más formal pues su forma actual le parece descuidada… Pedro hace el intento, se esfuerza por hacer un cambio y complacer a Claudia, pero cuando ella lo ve le dice que ahora parece viejo y que tiene mal gusto para combinar, que le vendría mejor zapatos de otro color y que tiene que comprarse otro cinturón… Claudia se siente decepcionada de que él no entienda lo que ella quiere y que ella tenga que estar diciéndole todo… Pedro se siente poco valorado en su esfuerzo, que Claudia no reconoció ni valoró su intención de cambiar, se siente confundido pues no tiene claro entonces qué es lo que realmente quiere Claudia y si de verdad no está satisfecha con cómo lo hace él, quizás ella podría ser más clara, elegir la ropa con él u otra alternativa, pero ella está cansada de decirle las cosas y quiere que a él se le ocurra, que él sea independiente y así sucesivamente se entrampan una y otra vez….

- Lenguaje no verbal: Todo comunica, incluso los silencios, la indiferencia, todo, el hacer o no hacer, decir o no decir, no hay forma de que no comuniquemos algo, es por esto que es importante reconocer qué mensaje le estamos entregando al otro, revisar si realmente coincide con lo que queremos transmitirle y que si nuestra fortaleza no es la conversación, podemos entregar amor, apoyo, escucha y contención a través de muchos gestos, cariños o actos de preocupación que hagan sentir al otro acogido.

- Trampas que no ayudan y que hay que revisar: son tantas que acá enumeraré algunas para que las conversen y se replanteen en lo posible.

a) El echarse la culpa mutuamente cayendo en justificarse, defenderse o atacar al otro, en vez de reconocer la dificultad en ambos y tratar de salir de ella… Esperar que el otro se de cuenta, el otro pida perdón, el otro se acerque… y no hacer nada uno mismo.

b) Usar el siempre y el nunca, generalizando situaciones que invalidan las veces que el otro ha intentado hacer algo distinto. Desde ahí, el usar descalificaciones claramente tampoco ayuda a comunicarse mejor.

c) Caer en el “no pasa nada”, cuando en realidad si sucede algo. Si no queremos hablar en ese momento, es mejor ser sinceros y decir que se está dolido o incómodo o con algún malestar respecto a algo, pero prefiere hablarlo en otro momento, por ejemplo.

d) A veces, no queremos soluciones, sólo que nos escuchen y acompañen en algún dolor o dificultad. Es clave entender esto y ayudar al otro para que lo tenga claro y no se esfuerce en vano.

e) Desplazar el tema que se está discutiendo, aludiendo a conflictos pasados, o veces en que usted ha dejado pasar ciertas cosas. Aquí el “echar en cara” o abrir nuevos temas distintos desvían la atención del foco central y hace más difícil avanzar en su resolución.

Podemos seguir enumerando múltiples dificultades para comunicarnos, lo importante es tomar conciencia y pensar que si amamos a la otra persona, es clave fomentar la confianza, el diálogo con respeto, el compartir la vida, saber del otro, interesarnos por lo que hace, siente, piensa, cree y sueña, para eso debemos detenernos y dedicarnos a cultivar este tema que sin duda les ayudará a fortalecer mucho más su relación. ¡ Suerte en ese camino !


Fuente:

martes, 11 de septiembre de 2012

Asertividad

La Asertividad se define como: "la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. Negociando con ellos su cumplimiento". Está en el tercer vértice de un triángulo en el que los otros dos son la pasividad y la agresividad. Situados en el vértice de la pasividad evitamos decir o pedir lo que queremos o nos gusta, en la agresividad lo hacemos de forma tan violenta que nos descalificamos nosotros mismos.

Emplear la asertividad es saber pedir, saber negarse, negociar y ser flexible para poder conseguir lo que se quiere, respetando los derechos del otro y expresando nuestros sentimientos de forma clara. La asertividad consiste también en hacer y recibir cumplidos, y en hacer y aceptar quejas.

El elemento básico de la asertividad consiste en atreverse a mostrar nuestros deseos de forma amable, franca, etc., pero el punto fundamental consiste en lanzarse y atreverse. Lo que se expone en esta página puede ayudarnos a mostrar lo que sentimos y deseamos, porque sabemos que lo estamos haciendo de forma adecuada, que nadie se puede ofender. Esto nos ayudará a atrevernos a hacerlo.Pero cuando la ansiedad y el miedo son demasiado grandes hasta el punto de que nos dificultan o impiden expresar nuestros deseos, hemos de plantearnos una estrategia para superarla.

Existen técnicas y reglas que aprendidas y aplicadas nos permiten ejercerla de forma eficiente. Para ello hay que prepararse a negociar y hay que cumplir las reglas que implican una negociación eficiente. Existen también técnicas simples como el banco de niebla o asentir en principio, y el disco rayado, que nos facilitan su ejercicio concreto y cotidiano.

Para poder ejercitar la asertividad tenemos que tener capacidad de negociación. En la negociación se intenta conseguir lo que se quiere con el beneplácito del otro, que lógicamente también va a tener algunos beneficios. 


La realización de una negociación comprende varias fases. La primera, es la de preparación. En ella tenemos que pensar la estrategia que tenemos que seguir en el encuentro con el otro en el que se va a plantear los problemas y se va a hacer la negociación propiamente dicha.


Fase de preparación
Para poder conseguir cualquier cosa tenemos que saber como hacerlo y para ello hay que prepararse. Ir a un encuentro sin tener una mínima guía de comportamiento, cuando, además, no somos negociadores experimentados, nos expone a no lograr para nada los objetivos que perseguimos. Por tanto hay que preparar lo que se va a decir y a hacer en la negociación cara a cara con el otro.
Dentro de la preparación habría que distinguir dos subfases. La primera de preparación personal para evitar caer en la pasividad o en la agresividad y la segunda de preparación del diálogo que vamos a plantear al otro.


Fase de preparación personal

Se trata de una fase previa, necesaria para tener muy claros los objetivos que perseguimos en el encuentro. Es lo que nos motiva a la negociación. Cuando negociamos tenemos que tener la vista puesta en nuestros objetivos. Hay algunas cosas que nos pueden distraer de ellos y hacernos fracasar. Por ejemplo, nuestra emoción. No podemos confundir la emoción con el objetivo. Nos gustaría quedar bien, pero normalmente ese no es el objetivo. Nos gustaría machacar al otro, pero así no lograremos lo que realmente queremos. Nos gustaría que el otro reconociese que tenemos razón y que él estaba equivocado, pero nos tenemos que preguntar si ese es nuestro objetivo o si así solamente conseguiremos una recompensa de tipo emocional, mientras que nuestro objetivo se pierde. No hay que olvidar la máxima: “lo que cuenta son los hechos y no las palabras”. Si nos explayamos y nos descargamos emocionalmente puede que hayamos conseguido una recompensa a corto plazo, pero la pregunta que tenemos que hacernos es si hemos conseguido nuestros objetivos.
Hay que huir de juicios de intenciones. Si juzgamos las intenciones de la otra persona y nos basamos en ellas para plantear la relación con el otro, corremos el riesgo de contestar y reaccionar a las intenciones que pensamos que tiene el otro y perdemos de vista nuestros objetivos. Así podemos llegar a ser agresivos o a ser pasivos. Si nos han hecho algo que nos ha dolido y pensamos que lo ha hecho con buenas intenciones, podemos estar tentados de dejarlo pasar y no decir nada. Si juzgamos que lo ha hecho con mala intención, vamos a atacar su “maldad” y no los hechos y seremos agresivos. En una negociación no se trata de agredir y someter al otro, aunque lo veamos como un rival. Hay que darle una salida, más o menos airosa porque si no se revolverá contra nosotros. Querer que nos reconozca lo equivocado que está y se someta completamente a nuestros deseos puede ser un objetivo emocional, que compense la humillación que hemos sentido, pero ¿es realmente nuestro objetivo? Sí tenemos que intentar entender que cosas son las pueden motivar al otro para hacer lo que nosotros queremos que haga.
Tenemos que pensar en como crear la oportunidad de la negociación. Si es algo pendiente desde hace mucho tiempo y que queremos abordar, hay que buscar al otro y plantear un tiempo y un espacio en el que se pueda dar la negociación. Es lo primero que tenemos que conseguir del otro. Sin ellos no se consigue, no es posible hacer la negociación. En muchas ocasiones no hay que buscar la oportunidad, es la propia situación en la que se genera el problema. Pero en ella nos puede ocurrir que cuando el otro se va es cuando se nos ocurre aquello teníamos que haber dicho. Recuerda: Siempre hay una segunda oportunidad aunque haya que crearla. Crear la oportunidad es buscar al otro y plantear, aunque sea por enésima vez, el tema que nos ocupa. Cualquier frase introductoria como decirle, “de lo que hablamos ayer me gustaría comentarte algo” o frases parecidas para iniciar la conversación son ayudas inestimables para crear la oportunidad.
Con los objetivos claros podemos controlar nuestra agresividad y motivarnos para dejar de ser pasivos, con la oportunidad creada y el entendimiento de lo que el otro espera podemos preparar el momento concreto de la negociación.


Preparación del diálogo

Sin perder de vista que lo importante es lo que hagamos y lo que decimos solamente puede ser una guía para que el otro sepa cuales van a ser nuestros siguientes pasos, tenemos que preparar aquello que vamos a decirle. El diálogo que tengamos con él tiene que cumplir los siguientes requisitos para ser un diálogo asertivo:

  1. Describir los hechos concretos. Se trata de poner una base firme a la negociación, en la que no pueda haber discusión. Cuando describimos hechos que han ocurrido el otro no puede negarlos y así podemos partir de ellos para discutir y hacer los planteamientos precisos. En este punto es donde más tenemos que evitar hacer los juicios de intenciones. No se trata de decir “eres un vago” sino decir, “vengo observando que te levantas desde hace ya varias semanas a la hora de comer”. Diremos me has dicho 10 veces “no sirves para nada” en lugar de “me quieres denigrar y hundir” (juicio de intenciones.)
  2. Manifestar nuestros sentimientos y pensamientos. Es decir comunicar de forma contundente y clara como nos hace sentir aquello que ha ocurrido y que juicio moral o de pensamiento nos despierta. Es el momento de decir “estoy hasta las narices de esta situación y no la soporto más”, o “me he sentido humillado y denigrado”. Hay que recordar que no se trata de que el otro lo encuentre justificado o no. Le puede parecer desproporcionado, o injusto, o... pero es lo que nosotros sentimos y tenemos derecho a hacerlo así, no aceptaremos ninguna descalificación, defenderemos nuestro derecho a sentirnos tal y como le decimos. Le estamos informando, no le pedimos que nos entienda o nos comprenda, por eso no puede descalificarnos ni aceptaremos críticas a nuestros sentimientos, emplearemos la técnica del banco de niebla combinado con el disco rayado (ver más abajo.)
  3. Pedir de forma concreta y operativa lo que queremos que haga. No se trata de hablar de forma general o genérica, “quiero que seas más educado”, “quiero que me respetes” “quiero que no seas vago”; sino que hay que ser concreto y operativo: “quiero que quites los pies de mi mesa”, “quiero que cuando hablo me mires a los ojos y contestes a lo que te pregunto”, “quiero que estudies tres horas diarias”. Son conductas concretas que el otro puede entender y hacer.
  4. Especificar las consecuencias. Es decir, aquello que va a ocurrir cuando haga lo que se le ha pedido. Se le podría plantear también las consecuencias que tendrá para él no hacerlo, pero es preferible especificar lo que va a obtener de forma positiva. De otra manera lo que planteamos es un castigo y los castigos son mucho menos efectivos que los premios o refuerzos. Muchas veces se trata solamente de una forma de presentación, hay que tener en cuenta que frecuentemente algo que puede ser planteado como un castigo, si no lo hace, se puede ver  como algo positivo si lo hace. “Si no lo haces tendrás un castigo” se puede convertir en “Si lo haces evitarás que haga lo que no quiero hacer que es lo que supone un castigo para ti, que es algo que, por supuesto, yo tengo que hacer para ser consecuente con mis objetivos y los sentimientos que ya he expresado”.

Ensayo

Lo que se ha preparado, preferentemente por escrito, se tiene que ensayar hasta aprendérselo de memoria. Cuando vamos a un examen nos ponemos nerviosos y se nos olvidan muchas cosas, puede pasarnos lo mismo en este caso y por eso hay que aprendérselo de memoria.
Si la situación nos causa alguna ansiedad, es una razón más para el ensayo. Cuando nos imaginamos la situación de la negociación nos estaremos exponiendo a ella en la imaginación y al menos cuando pensemos en hablar con el otro no nos pondremos nerviosos y comenzaremos nuestra negociación en mejor posición anímica. Si nos ponemos nerviosos podemos acogernos al diálogo que hemos preparado en la seguridad de que vamos a expresar nuestros deseos de forma completa. Cuando la ansiedad es demasiado grande hasta el punto de que nos impide expresar nuestros deseos, hemos de plantearnos una estrategia para superarla. 

Ejecución

En la fase de ejecución hay que tener en cuenta algunas técnicas básicas que nos permiten llevar a cabo lo que hemos preparado. No hay que olvidar nunca que nuestros objetivos están plasmados en el diálogo que hemos preparado y que nuestra meta inmediata es decirlo. No se trata de contestar a todas las digresiones que nos hagan, no es necesario ser rápido y agudo para poder responder de forma inmediata a todo lo que nos digan. Se trata de emplear la técnica del banco de niebla, que también se llama aceptar en principio, seguida de la del disco rayado.
La forma de hacerlo es diciendo que “puede que lleves razón; pero...” (banco de niebla) lo que yo quiero decir es que.. “ y se sigue con el diálogo en el punto en el que fuimos interrumpidos o repitiéndolo desde el principio (disco rayado.) Puede parecer muy limitado y que vamos a hacer el ridículo, pero es sorprendente lo efectivo y natural que resulta. Si saca otros temas, también importantes, no perdamos de vista nuestro objetivo, tenemos que acabar con lo que ha motivado la negociación para poder seguir más tarde con lo que acaba de plantear: en ningún momento hay que perder de vista nuestro objetivo, plasmado en el diálogo preparado.
Ejemplos

PRACTICA
Situación 1:

Un amigo acaba llega a cenar, pero una hora más tarde de lo que había dicho. No ha llamado para avisar que se retrasaría. Estás irritado por la tardanza. Tienes estas alternativas:
1. CONDUCTA PASIVA. Saludarle como si tal cosa y decirle “Entra la cena está en la mesa”.
2. CONDUCTA ASERTIVA. He estado esperando durante una hora sin saber lo que pasaba (hechos). Me has puesto nervioso e irritado (sentimientos), si otra vez te retrasas avísame (conducta concreta) harás la espera más agradable (consecuencias).
3. CONDUCTA AGRESIVA. Me has puesto muy nervioso llegando tarde. Es la última vez que te invito.
Situación 2:

Un compañero de trabajo te da constantemente su trabajo para que lo hagas. Decides terminar con esta situación. Puedes crear la situación preguntándole como lleva su trabajo o esperar a que el la cree cuando te pida otra vez a le ayudes haciéndole algo. Las alternativas podrían ser:
1. CONDUCTA PASIVA. Estoy bastante ocupado. Pero si no consigues hacerlo, te puedo ayudar.
2. CONDUCTA AGRESIVA. Olvídalo. Casi no queda tiempo para hacerlo. Me tratas como a un esclavo. Eres un desconsiderado.
3. CONDUCTA ASERTIVA. Muy frecuentemente me pides que te eche una mano en el trabajo que te asignan, porque no te da tiempo o porque no sabes hacerlo (hechos). Estoy cansado de hacer, además de mi trabajo, el tuyo (sentimientos), así que intenta hacerlo tú mismo (conductas), seguro que así te costará menos la próxima vez (consecuencias).
Situación 3

Vas a un restaurante a cenar. Cuando el camarero trae lo que has pedido, te das cuenta de que la copa está sucia, con marcas de pintura de labios de otra persona. Se trata de llevarse bien con el camarero para que nos sirva bien, pero eso no es un buen servicio, podrías:
1. CONDUCTA PASIVA. No decir nada y usar la copa sucia aunque a disgusto.
2. CONDUCTA AGRESIVA. Armar un gran escándalo en el local y decir al camarero que como el servicio es asqueroso nunca volverás a ir a ese establecimiento.
3. CONDUCTA ASERTIVA. Llamar al camarero y, mirándole a la cara y sonriendo, pedirle que por favor le cambie la copa.

Hechos ____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

Sentimientos ___________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

Conductas ______________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

Consecuencias ___________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

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(Capítulo del libro del Dr. José Antonio García Higuera; Terapia Psicológica en el Tartamudeo, de Van Riper a la Terapia de Aceptación y Compromiso de Editorial Ariel Psicología)