martes, 26 de febrero de 2013

¿Qué es ser consciente de sí mismo?

Ser consciente significa tomar conciencia del momento presente. Significa estar consciente sin juzgar, sin reflexionar o pensar. Somos los observadores. ¿Por qué es importante vivir consciente . Porque nos ayuda a observarnos a nosotros mismos sin juzgarnos y mostrar quien somos realmente. Vivir consciente es la mejor herramienta para mejorar nuestra autoestima.

Cada ser humano tiene cuatro atributos - conciencia de sí mismo, conciencia, voluntad propia e imaginación creativa. Estos atributos dan la libertad humana. El poder de elegir, de responder y de cambiar. Stephen R. Covey.

Que es ser consciente.

Hace un tiempo atrás cambie el color de mi cabello, no fue un cambio muy grande pero fue un cambio. Yo noté que nadie me hacía ningún comentario acerca de mi cambio. Comencé entonces a observarme a mí misma y noté que en el fondo no me molestaba que nadie me haga un comentario. En el pasado esto hubiera sido para mí una experiencia no muy placentera. ¿Porqué?. Porque me hubiera sentido insegura de no recibir ningún comentario, especialmente comentarios buenos. Me hubiera sentido ignorada, e inclusive hubiera comenzado a pensar que el cambio fue un error.

Esta experiencia fue muy buena para mí. Me sentí muy cómoda y segura de mí misma y la verdad que no estaba buscando la aprobación de los demás. Me volví conciente de que algo dentro de mí cambió. Pude observarme a mí misma y a las demás personas sin juzgarlas. Tomé conciencia que mi necesidad de aprobación de los demás no estaba más.

Voy a darles un ejemplo más profundo. Por mucho tiempo yo no me había dado cuenta, no había tomado conciencia que dentro de mí existía un niña lastimada. Yo descubrí mi niña interior un día que me estaba preguntando por qué yo reaccionaba tan fuertemente ante ciertas situaciones. Me descubríi un día gritándole a mi marido porque no cumplió con una promesa. En ese momento me observé a mí misma y noté que estaba actuando como una nena.

Conclusión.

Me dí cuenta que estaba actuando como una nena porque mi niña interior se sentía herida acerca de experiencias del pasado. Yo teníia una herida que no había sanado y cuando descubrí que mi promesa no fue cumplida, esto despertó esa parte de mi que todavía se sentía resentida e ignorada. Pude ser conciente de esto no juzgando sino simplemente observando.

Ser conciente significa tomar conciencia del momento presente. Significa estar conciente sin juzgar, sin reflexionar o pensar. Somos los observadores. ¿Por qué es importante vivir conciente?. Porque nos ayuda a observarnos a nosotros mismos sin juzgarnos y mostrar quien somos realmente.

Me llevó muchos años poder tomar conciencia de mí misma. Estaba habituada a reaccionar, juzgar y racionalizar. A través de los años aprendí que vivir conciente me ha ayudado a cambiar muchas percepciones acerca de mí misma y de los demás. Vivir conciente es la mejor herramienta para mejorar nuestra autoestima.

"La autoobservación es estar conciente y equilibrado en nuestra experiencia presente. No es más complicado que esto. Es estar abierto a recibir el momento presente ya sea incómodo o no, sin tratar de evitarlo o negarlo". Sylvia Boorstein.

Fuente: www.crecimiento-personal.innatia.com

lunes, 25 de febrero de 2013

La ignorancia del ser humano

Si para ascender en la vida, hace falta pisar a otros,
sin importar su muerte.

Si para alimentarnos mejor, es necesario dejar morir de hambre
al resto de la gente.

Si para conseguir la paz, es necesaria una guerra;

...nada ha aprendido el ser humano, a pesar de su insistencia
...nada ha quedado en limpio, después de tantos ensayos.

Si diciendo dulces palabras,
solo sirven para demostrar, brutalidad y egoísmo.

Si para olvidarse de quienes sufren,
es necesario recordar solo el propio porvenir.

Si para olvidarse de lo esencial,
es necesario negar la existencia;

...nada ha aprendido el ser humano
después de tanta insistencia,
...nada ha quedado después de tantos ensayos.

¿Quien puede gozar después de la paz,
cuando cada brindis sea sobre muertes de inocentes?

¿Quién podrá dormir en paz,
cuando pesan sobre sus hombros horror y destrucción?

¿Quién será feliz con el recuerdo de tanto dolor, de tanta miseria y
tanto rencor?

Desconozco a su autor


El Ser, el Atman

El hecho central del ser humano es su divinidad inherente.

La naturaleza esencial del hombre es divina, pero ha perdido la conciencia de ello debido a sus tendencias animales y al velo de su ignorancia. El hombre, en su ignorancia, se identifica con el cuerpo, la mente y los sentidos. Al trascender éstos, vuelve uno, a lo Absoluto, lo cual es pura bienaventuranza.

Lo Absoluto, es la realidad más plena y la conciencia más completa. El Atman (el Ser) es la Consciencia común a todos los seres. El ladrón, la prostituta, el barrendero, el rey, el maleante, el santo, el perro, el gato, la rata..., todos ellos comparten un Atman común.

Sólo en los cuerpos y mentes existen diferencias aparentes y ficticias. Existen diferencias de colores y opiniones, pero el Atman es el mismo en todo.

Si eres muy rico, puedes tener un barco, un tren o un avión particulares para tus interesen egoístas. Pero no puedes tener un Atman privado. El Atman es común a todo. No es propiedad privada de ningún individuo.

El Atman es uno entre la diversidad. Es constante entre las formas que vienen y se van. Es la consciencia pura, absoluta y esencial de todos los seres conscientes.

La fuente de toda la vida y de todo conocimiento es el atman, tu Ser interno. Este Atman, o Alma Suprema, es trascendente, inexplicable, indefinible, inentendible, indescriptible, todo paz y todo dicha.

No hay diferencia entre el Atman y la dicha. El Atman es la dicha misma. El Ser Supremo de Luz, la perfección, la paz, la inmortalidad y la dicha son la misma cosa. La meta de la vida es alcanzar la perfección de este plano y de los objetivos prefijados. Cuanto más se aproxima uno a la verdad de este plano, más feliz se vuelve. Pues la naturaleza esencial de la Verdad es la dicha positiva y absoluta.

No hay dicha con lo finito. Ésta sólo se halla en lo infinito, por eso nuestro objetivo en este plano es alcanzar la perfección que nos permite nuestro estado de espacio y tiempo, o sea, una parte de la Verdad absoluta. La dicha eterna sólo puede obtenerse cuando ya formas parte del Ser eterno.

Nadie puede salvarse sino por medio de la realización del Ser. La búsqueda de lo Absoluto debería emprenderse aun a costa de tener que sacrificar lo más querido.

Estudia cuantos libros filosóficos quieras, da más y más conferencias durante tus extensos viajes, permanece en una cueva en los Himalayas durante cien años, practica todo tipo de técnicas de relajación y meditación, pero no podrás alcanzar la emancipación sin lograr la realización de la unidad del Ser.



Lo que la Liberación implica.

La unidad del Ser, o la unidad de la existencia, constituye la realidad, y la realización de esta Realidad es Moksha, o la liberación.

Moksha consiste en romper las barreras que delimitan la existencia separada. Moksha es el estado absoluto del Ser, en el que se comprende la unidad de la consciencia que todo lo impregna y permea, como la de una simple naranja que sostuvieses en tu mano.

Moksha no consiste en el logro de la liberación del presente estado de esclavitud, sino en la comprensión de la libertad que de hecho existe. Es la liberación de la noción errónea de la esclavitud.

El alma individual siente hallarse en esclavitud debido a la ignorancia causada por el poder de la nesciencia (ignorancia). Cuando la creencia equivocada, producida por la ilusión, es destruida por el Conocimiento del Atman, en ese mismo instante y, en esta misma vida, se verifica el estado de liberación. No es algo que vaya a lograrse o deba lograrse tras la muerte.

La causa de la ilusión es el deseo presente en el hombre. Los deseos generan olas de pensamientos, y éstos ocultan la verdadera naturaleza del Atman, que es dichosa, inmortal y eterna. Cuando se aniquilan los deseos, el Conocimiento de Brahman (la Realidad absoluta) amanece en el individuo.

El Conocimiento de la Realidad Absoluta no es una acción en sí. No puedes alcanzar a Brahman, como no puedes alcanzarte a ti mismo si no es conociéndote. El Conocimiento de Brahman es absoluto y directo. Es la experiencia intuitiva.

La razón y la intuición

La intuición se produce como un destello. No se desarrolla poco a poco. El conocimiento inmediato que se logra por medio de la intuición une al alma individual con el alma Suprema. La intuición funde al sujeto y el objeto de su conocimiento, junto con el proceso del conocer, con lo Absoluto, donde no existe la dualidad. En la intuición, el tiempo se convierte en eternidad y el espacio en infinitud.

El conocimiento intuitivo es el más elevado. Es el conocimiento imperecedero e infinito de la Verdad. El conocimiento sensorial es el conocimiento de la apariencia, pero no de la Verdad.

El conocimiento sensorial es una forma falsa de conocer, mientras que la intuición es la forma correcta de conocer. Única y exclusivamente por medio de la intuición puedes obtener el Conocimiento del Ser.

Sin el desarrollo de la intuición, el hombre intelectual permanece imperfecto. El intelecto no tiene poder suficiente para penetrar en las profundidades de la Verdad. El intelecto funciona dentro del reino de la dualidad, pero es inefectivo en el reino de la no-dualidad.

La mente y el intelecto son instrumentos finitos. La razón es finita. No puede penetrar en lo Infinito. Únicamente la intuición puede comprender lo Infinito.

Los intentos científicos por comprobar lo Infinito son fútiles. El único método de comprobar lo Infinito, es el intuitivo.

La meditación conduce a la intuición. La meditación es la clave que permite la expresión de la divinidad, o Atman, oculta en todos los nombres y formas.

El proceso de la meditación

No puede llegarse al Conocimiento sino por medio de la meditación. El aspirante ha de rebuscar hasta en su propia alma, y entonces se manifiesta la Verdad.

Por medio de la meditación regular vas creciendo gradualmente en espiritualidad. La llama divina crece y se vuelve más y más brillante.

La meditación te confiere, gradualmente, la luz eterna y la intuición. Por medio de la práctica constante de la concentración y la meditación, la mente se vuelve tan pura y transparente como un cristal. El estrépito de la lucha por las cosas mundanas se va reduciendo más y más al irse uno abstrayendo en el interior de sí mismo. Esto no quiere decir que no vivamos las responsabilidades de este mundo moderno, sino que deberemos discernir cuales son las cosas realmente importantes y las que entorpecen nuestro progreso espiritual, sin aportar nada a cambio.

La pureza del despertar espiritual cambia la perspectiva propia y uno empieza a buscar devotamente sólo aquello que le produzca, a la larga, una felicidad y una paz verdaderas. La búsqueda de ventajas materiales e inmediatas se vuelve, por tanto, menos urgente.

La meditación te guía más y más hacia el interior de ti mismo, de lo grosero a lo sutil, de ello a lo más sutil, y de ahí a lo más excelso, a vislumbrar la Luz.

La meditación es el único camino real adecuado para alcanzar el conocimiento de uno mismo. La paz y la dicha no pueden hallarse en los libros, iglesias ni monasterios. Sólo pueden lograrse cuando amanece el Conocimiento del Ser.

¿Para que leer tantos libros? No sirve de nada. El libro más grande se halla en tu propio interior. Abre las páginas de este libro inagotable que es la fuente de todo conocimiento.

Cierra los ojos. Abstrae tus sentidos. Aquieta tu mente. Silencia los pensamientos bulliciosos. Apacigua tus ondas mentales. Sumérgete profundamente en el Atman o el Ser. Todas tus angustias mentales desaparecerán. Todo tipo de discusiones acaloradas y debates coléricos tocarán a su fin. Sólo permanecerán la paz y el Conocimiento.

Todos los nombres y todas las formas se desvanecen en la meditación profunda. En ese estado se experimenta la conciencia de un espacio infinito. Pero también esto desaparece para dar lugar a un estado de nada. De pronto, amanece la iluminación.

La materia y el espíritu

El universo entero es el cuerpo del Ser Supremo de Luz. Todo este mundo es Dios o el macrocosmos. Éste no es un mundo de materia inerte, sino que es una Presencia viva. Es una manifestación del espíritu.

El error fundamental de todas las épocas ha sido creer que el mundo espiritual y el material estaban separados. El espíritu y la materia no son distintos ni separables.

La materia es el Espíritu percibido a través de los sentidos. La materia es el Espíritu manifestado. Es el Espíritu en movimiento. Es el poder del Señor. Es el aspecto dinámico del Señor estático. El mundo es una expresión de Brahman, o lo Absoluto.

Este mundo es una emancipación, una manifestación, un reflejo de Dios.

El Ser Supremo de Luz es la luz única que brilla en las distintas formas. Es la voz única que habla en los diversos idiomas. Es la vida única que vibra en cada átomo del universo.

De igual modo que no hay diferencia entre el oro y el ornamento, no existe diferencia entre el Ser Supremo de Luz y el universo. Dios es quien paladea, siendo, a la vez, Él mismo lo saboreado.

¿Es el mundo irreal?

En realidad, el mundo no existe. Es una mera apariencia. Todos los nombres y formas son irreales, como una sombra, o como el agua en el espejo, o como el azul del cielo.

La irrealidad del mundo es lo verdadero en último análisis. Sin embargo, desde el punto de vista de la existencia relativa, uno no puede negarlo. Desde el punto de vista empírico, parece bastante real.

Este mundo no es absolutamente irreal, puesto que lo experimentas y lo sientes. Tampoco es absolutamente real, puesto que se desvanece al alcanzar la sabiduría.

¿Para quién y cuándo es este mundo irreal? Sólo lo es para el sabio liberado. Pero es una realidad sólida para el hombre mundano. Sólo cuando te despiertas te parece el sueño irreal; pues mientras sueñas, te parece bastante real.

La meta de la vida

El nacimiento y la muerte, el placer y el dolor, la ganancia y la pérdida, son sólo creaciones mentales. Trasciende los pares opuestos. Nunca naciste. Nunca morirás. Eres siempre el Ser inmortal. Es sólo tu cuerpo físico el que viene y se va.

El conocimiento de todas las ciencias seculares es como una simple cáscara comparado con el Conocimiento del Ser. Ahí yacen los inapreciables tesoros del Atman esperándote. Ahí yace la inagotable riqueza de tu Ser interior, el destello de divinidad que posees . Ahí no puede haber insolvencia, ni fracaso bancario, ni bancarrota, toma posesión de este tesoro espiritual, el esplendor de tu Ser, y disfrútalo por siempre jamás.

Únete a la Luz de luces.

Fuente: http://www.proyectopv.org

domingo, 24 de febrero de 2013

Relativa es la idea de la Felicidad


Si todo en la vida es relativo, relativa también es la idea que cada uno tiene de la Felicidad. Para algunos, felicidad es dinero en la cartera, cerveza en la heladera, ropa nueva en el armario.

Para otros, la felicidad representa un suceso, una carrera brillante, o simples hechos considerados importantes (aunque en la realidad carezcan de relevancia).

Para otros tantos ser feliz es conocer el mundo, tener un conocimiento profundo de las cosas del Cielo y de la Tierra.

Más, para mí ser feliz es diferente. Ser feliz es ser persona, es tener vida, que como decía un poeta: “Es hermosa, es hermosa, es hermosa…”

Felicidad es la familia reunida, si ese es tu caso; es vivir sin llegada, sin partida. es soñar, es llorar, es sonreír…

Felicidad es vivir cercado de amor, es sembrar amistad, es el calor del abrazo de aquel amigo, que, a pesar de la distancia, le escuchas decir: “Hola”

Ser feliz, es despertar a las cinco de la mañana, después de haberte acostado a las tres de la madrugada, sólo para dar una vuelta a la cama de tu hijo, nada más que para verlo dormir.

Ser feliz es tener un cálido hogar. Es la sencillez de una mesa. Es un té caliente al desayuno. Es la dulce melodía de un CD para inspirar al corazón. Ser feliz es disfrutar del sol radiante, del frío congelante, de la lluvia o del temporal.

Ser feliz es brindar afecto a los demás (a todos los que se cruzan en Tu camino).

Ser feliz es hacer de la vida una gran aventura, una mayor locura, un enorme placer. Pero, ante todo, la verdadera Felicidad consiste en proceder bien, en todos mis actos. Es no tener nada de qué arrepentirme. Es protegerme saludablemente y no dañar a nada ni a nadie.

Exactamente, la Felicidad es: 

¡ESTAR EN PAZ CONMIGO MISMO!
Anónimo



sábado, 23 de febrero de 2013

La Naturaleza

Dependemos de la naturaleza no solo para nuestra supervivencia física. También necesitamos a la naturaleza para que nos enseñe el camino a casa, el camino de salida de la prisión de nuestras mentes.

Nos hemos perdido en el hacer, en el pensar, en el recordar, en el anticipar: estamos perdidos en un complejo laberinto, en un mundo de problemas. Hemos olvidado lo que las rocas, las plantas y los animales ya saben.

Nos hemos olvidado de ser: de ser nosotros mismos, de estar en silencio, de estar donde esta la vida: Aquí y Ahora. Llevar tu atención a una piedra, a un árbol o a un animal no significa pensar en ellos, sino simplemente percibirlos, darte cuenta de ellos.

Cuando camines o descanses en la naturaleza, honra ese reino permaneciendo allí plenamente. Serénate. Mira. Escucha. Observa como cada planta y animal son completamente ellos mismos. A diferencia de los humanos, no están divididos en dos. No viven a través de imagines mentales de sí mismos, y por eso no tienen que preocuparse de proteger y potenciar esas imágenes.

Todas las cosas naturales, además de estar unificadas consigo mismas, están unificadas con la totalidad. No se han apartado del entramado de la totalidad reclamando una existencia separada: “yo”, el gran creador de conflictos.

Tú no creaste tu cuerpo, y tampoco eres capaz de controlar las funciones corporales. En tu cuerpo opera una inteligencia mayor que la mente humana. Es la misma inteligencia que lo sustenta todo en la naturaleza. Para acercarte al máximo a esa inteligencia, sé consciente de tu propio campo energético interno, siente la vida, la presencia que anima el organismo. Cuando percibes la naturaleza solo a través de la mente, del pensamiento, no puedes sentir su plenitud de vida, su ser.

Solo, ves la forma y no eres consciente de la vida que la anima, del misterio sagrado. El pensamiento reduce la naturaleza a un bien de consumo, a un medio de conseguir beneficios, conocimiento, o algún otro propósito práctico

Observa, siente un animal, una flor, un árbol, y mira como descansan en el Ser. Cada uno de ellos es él mismo.

Tienen una enorme dignidad, inocencia, santidad. En el momento en que miras más allá de las etiquetas mentales, sientes la dimensión inefable de la naturaleza, que no puede ser comprendida por el pensamiento. Es una armonía que, además de compenetrar la totalidad de la naturaleza, también esta dentro de ti… El aire que respiras es natural, como el propio proceso de respirar. Dirige la atención a tu respiración y date cuenta de que no eres tu quien respira. La respiración es natural.

Conecta con la naturaleza del modo más íntimo e interno percibiendo tu propia respiración y aprendiendo a mantener tu atención en ella. Esta es una práctica muy curativa y energetizante. Produce un cambio de conciencia que te permite pasar del mundo conceptual del pensamiento al ramo de la conciencia incondicionada.

Necesitas que la naturaleza te enseñe y te ayude a reconectar con tu Ser. No estás separado de la naturaleza. Todos somos parte de la Vida Una que se manifiesta en incontables formas en todo el universo, formas que están, todas ellas, completamente interconectadas.

Cuando reconoces la santidad, la belleza, la increíble quietud y dignidad en las que una flor o un árbol existen, tú añades algo a esa flor o a ese árbol. Pensar es una etapa en la evolución de la vida. La naturaleza existe en una quietud inocente que es anterior a la aparición del pensamiento. Cuando los seres humanos se aquietan, van más allá del pensamiento.

La quietud que esta más allá del pensamiento contiene una dimensión añadida de conocimiento, de conciencia. La naturaleza puede llevarte a la quietud. Ese es su regalo para ti. Cuando percibes la naturaleza y te unes a ella en el campo de quietud, este se llena de tu conciencia. Ese es tu regalo a la naturaleza.

A través de ti, la naturaleza toma conciencia de sí misma. Es como si la naturaleza te hubiera estado esperando durante millones de años.

Eckhart Tolle

La Meditación

La meditación es una disciplina a través de la cual se intenta ir más allá del pensamiento condicionado para alcanzar un estado profundo de conciencia.

El objetivo principal de la meditación es concentrarte y poco a poco relajar tu mente hasta liberar tu conciencia. Según vas progresando, notarás que puedes meditar en cualquier sitio y en cualquier momento, logrando la paz interior a pesar de lo que esté pasando a tu alrededor. Notarás además que puedes controlar mejor tu forma de reaccionar ante las cosas a medida que te vuelves más consciente de tus pensamientos (por ejemplo, liberándote del enojo), pero primero tienes que aprender a dominar tu mente y controlar tu respiración.

1.- Dedica tiempo a meditar. Saca tiempo de tu rutina diaria para meditar, preferiblemente por la mañana y por la noche. Los beneficios de la meditación son más notables cuando la haces regularmente. Algunas personas prefieren meditar al final del día para aclarar su mente; otras prefieren buscar refugio en la meditación en medio de un día ajetreado. Resulta más fácil meditar en la mañana, antes de que tu cuerpo se sienta cansado por el ajetreo diario y tu mente tenga más cosas en las que pensar. Trata de no dedicarle demasiado tiempo. Comienza con 5 o 15 minutos al día.

2.- Busca un ambiente tranquilo y relajado. Es muy importante, sobre todo para el principiante, evitar lo que pueda distraer la atención. Apaga la televisión, el teléfono, o cualquier otro aparato que haga ruido. Si pones música, escoge una melodía suave, calmante y repetitiva para que no pierdas la concentración.

Muchas personas prefieren meditar al aire libre, siempre y cuando no se sienten cerca de una carretera muy transitada o cualquier otro sitio ruidoso. Puedes hacerlo a la sombra de un árbol, o sobre el césped en tu rincón favorito del jardín.

3.- Siéntate en el suelo. Si el suelo es incómodo, usa un cojín. No tienes que asumir la posición de loto o semiloto, ni otras posiciones incómodas. Lo importante es que mantengas la espalda derecha, ya que esto te ayudará después con la respiración.

Inclina tu pelvis sentándote al borde de un cojín grueso, o en una silla con las patas traseras levantadas del suelo a una altura de 8 a 10 cm (3 o 4 pulgadas).

Coloca las vértebras de tu columna de forma que descansen una sobre otra y soporten todo el peso de tu torso, cuello y cabeza. Si lo haces correctamente, no te costará ningún esfuerzo mantenerte erguido. (De hecho, se requiere un pequeño esfuerzo, pero si adoptas la postura correcta, apenas te darás cuenta).

4.- Relaja tus brazos y piernas. No necesitas adoptar una posición especial, siempre y cuando estén relajados y no interfieran con el balance de tu torso. Puedes descansar las manos sobre tus caderas, pero al principio te puede resultar más fácil dejar que tus brazos cuelguen a los lados para que su peso te ayude a notar lo que no esté alineado.

5.- Relaja todo tu cuerpo. Sigue buscando las partes de tu cuerpo que no están relajadas, y relájalas. Puede que notes que no puedes relajarlas a menos que ajustes tu postura para estar mejor alineado. Eso ocurre normalmente con los músculos cerca de tu columna vertebral. Puede que también notes que no estás derecho y necesites enderezarte. También con frecuencia los músculos pequeños de tu cara se vuelven más tensos.

6.- Concentra tu atención en el ritmo de tu respiración. Escúchala, síguela, pero no pienses en ella (cosas como “Suena un poco ronca… ¿Estaré cogiendo un catarro?). El objetivo es dejar que la “cháchara” de tu mente desaparezca poco a poco. Busca un “ancla” para calmar tu mente.

Trata de recitar un mantra (repetición de una palabra sagrada). Lo mejor es usar una sola palabra como “om” pronunciada con un ritmo constante. Puedes recitarla verbalmente o sólo mentalmente. A los principiantes les resulta más fácil contar sus respiraciones. Trata de contarlas del 1 al 10, y vuelve a empezar con el 1.

Para evitar que las imágenes se sigan colando en tus pensamientos, visualiza un sitio relajante. Puede ser real o imaginario. Imagina que estás en lo alto de una escalera que lleva a un sitio tranquilo. Cuenta los pasos al bajar hasta que te sientas tranquilo y relajado.

7.- Calla tu mente. Cuando ya hayas entrenado tu mente a enfocarse en una sola cosa a la vez, el siguiente paso es no concentrarte en nada; básicamente “vacía” tu mente. Esto requiere una gran disciplina, pero es la culminación de la meditación. Después de concentrarte en un único punto, tal y como lo describimos en el paso anterior, puedes arrojarlo de tu mente u observarlo imparcialmente y dejar que vaya y venga, sin juzgarlo como “bueno “o “malo”. Usa el mismo método con cualquier pensamiento que vuelva a tu mente hasta que reine el silencio.

El humor

Contemplar la vida, gélidamente, con los ojos del alma. Ver la esencia de las cosas desvestida de toda apariencia es, en efecto, una actitud vedántica. Pero no resulta tan aburrida como engañosamente pudiera parecer. Al contrario, asomarse al mundo desde ángulo tan singular propicia ese elixir secreto y maravilloso que llamamos sentido del humor, y sin el cual nadie puede disfrutar realmente de la vida.

Para el yogui, esta es como un sueño mágico en el que todo parece real, o, mejor, como una inconmensurable representación teatral, sin ensayos ni argumento, en la que cada personaje sigue una trama distinta que modifica constantemente con la improvisación, ajeno por completo a su condición de mero actor. El universo infinito presta su decorado de estrellas y esferas. El escenario es un pequeño planeta azul sobre el que se mueven seis mil millones de actores (en número crece gradualmente), cada uno convencido de ser el protagonista de la creación y empeñado en convencer de ello también a los otros.

El hombre común vive su papel a conciencia, encendido unas veces por el fuego de la pasión, aplanado otras por la melancolía y distraído las mas en cosillas de poco más o menos. A veces riendo, a veces llorando. Impulsado, de pronto, por la brisa del entusiasmo o varado en la calma chicha del desencanto. Todo le afecta. Todo es real porque lo vive como tal. Para este hombre el sentido del humor es forzosamente limitado. Sólo es capaz de aplicarlo a otros. No sabe reírse de sí mismo.

Hay un humor nacido en la ignorancia que consiste en reírse de otros y está cargado con las emociones, impurezas, frustraciones, resentimientos, complejos o estulticia de quien se ríe. Es un humor que puede ser ingenuo, malicioso, corrosivo, sarcástico, superior... pero nunca puro.

Existe otro, sin embargo, el humor por antonomasia, que nace en la sabiduría, el distanciamiento y el desapego y consiste en situarse uno enfrente de sí mismo para verse como algo ajeno. Es tener presente nuestra condición de actores y no identificarse con el personaje que se representa.

Es este un humor vedántico, serio, inteligente, compasivo, filosófico y didáctico. No se expresa en risotadas, ni siquiera en sonrisas de melón, pero produce un regocijo íntimo y se nota en la mirada.

La actitud vedántica de entender que las cosas no son como parecen, que todo es un fuego de artificio, un juego fantástico creado por la mente y condenado a desvanecerse como un sueño cuando esta se apague, permite al yogui hacer el drama comedia y así no abrasarse con el ardor de la pasión, ni abatirse cuando menguan las luces de la esperanza y el mundo se cubre de sombras asustadoras. Ser espectador, saber mirar, no identificarse con los avatares de la comedia, eso es lo que propicia en ángulo adecuado para ver las cosas con humor.

En las personas hay un devenir y un ser. Quién se identifica con lo primero es un actor, quién lo hace con lo segundo es un espectador. Si se tiene en cuenta que el humor no es una manera de actuar, sino un modo de percibir, resulta fácil concluir que el sentido del humor es privilegio de quién sabe situarse enfrente de las cosas y no dentro de ellas. ¿Cómo captar, si no, los guiños cómplices de la Deidad?

Fuente: http://www.proyectopv.org