sábado, 9 de marzo de 2013

Cuento: "Tú eres especial"

Este es un hermoso cuento escrito para niños, pero que nos sirve también a los adultos; nos ilustra muy bien que todos somos especiales por el solo hecho de existir. Que debemos confiar en nosotros mismos, valorarnos como personas y no permitir que nos afecte lo que otras personas opinen de nosotros (ni bueno, ni malo). Lo leí hace varios años y me encanto; así que hoy lo comparto con mucho cariño.
Siria Grandet

Los Wemmicks eran gente pequeña, hechas de madera. Todos estaban tallados por un artesano llamado Elí. Su taller formaba parte de una colina con vista a la villa. Cada wemmick era diferente. Unos tenían grandes narices, otros grandes ojos. Algunos eran altos y otros bajitos. Algunos usaban sombreros, otros abrigos. Pero todos eran construidos por el mismo artesano y vivían en una preciosa villa.

Todos los días, cada día, los wemmicks realizaban la misma tarea: se regalaban etiquetas unos a otros. Cada wemmick tenía una caja de etiquetas de estrellas doradas y una caja de etiquetas de puntos grises.

Al subir y bajar por las calles de la preciosa villa, la gente empleaba su tiempo en pegarse etiquetas de doradas estrellas o de puntos grises, unos a otros.

Los más hermosos, aquellos construidos con madera pulida y hermosos colores, siempre obtenían estrellas. Pero si la madera estaba áspera o la pintura desconchada, los wemmick pegaban etiquetas grises sobre ellas.
También los talentosos obtenían estrellas. Algunos podías levantar grandes garrotes sobre sus cabezas o saltar sobre cajas altísimas. Otros sabían decir bellas palabras o podían cantar canciones hermosas.


Todo el mundo les otorgaba estrellas. Algunos estaban totalmente cubiertos de estrellas. Cada vez que ellos obtenían una estrella, ¡Los hacía sentirse tan bien! Esto los estimulaba a querer hacer algo más para alcanzar otra estrella.

Sin embargo, otros, hacían algunas cosas que a los demás no les agradaba, y obtenían puntos grises.
Ponchinelo era uno de esos. Él trataba de saltar como los demás, pero siempre caía. Cuando caía, los demás hacían una rueda alrededor de él y le daban puntos grises.
Algunas veces al caerse, su madera se raspaba, así que sus vecinos le daban más puntos grises. Entonces, cuando trataba de explicar la causa de su caída, de sus labios salía alguna tontería y los wemmicks le daban más puntos grises.

Después de un tiempo. Ponchinelo tuvo tantos puntos grises feos que no quería salir a la calle. Tenía mucho miedo de hacer algo estúpido como olvidar su sombrero o caminar en el agua, y que la gente le volviera a dar otro punto. La verdad es que tenía tal cantidad de puntos grises sobre él, que cualquiera se le acercaba y le añadía uno más sólo por gusto.

“Él merece montones de puntos”, comentaban la gente de madera, de acuerdo unos con otros. “Él no es buena persona de madera”, decían.

Después de un tiempo, Ponchinelo creyó lo que decían sus vecinos. “Yo no soy un buen wemmick”, decía. En poco tiempo, él salió a la calle y empezó a relacionarse con otros wemmicks que tenían un montón de puntos grises. Él se sintió mejor entre ellos.

Un día, él se encontró una wemmick que era diferente a cualquiera de las que siempre había conocido. No tenía puntos ni estrellas. Era puramente madera. Se llamaba Lucía. Esto no se debía a que sus vecinos no trataban de pegarle sus correspondientes etiquetas; sino a que las etiquetas no se pegaban a su madera.


Algunos wemmicks admiraban a Lucía por no tener puntos, de modo que corrían hacia ella y le daban una estrella. Pero la etiqueta no se pegaba. Otros no la tenían en cuenta al ver que ella no tenía estrellas, y le daban un punto. Pero tanto la estrella como el punto se despegaban.

“Yo quiero ser de esa madera”, pensó Ponchinelo. “No quiero marcas de nadie”. Así que le preguntó a la wemmick que no tenía etiquetas cómo ella había podido lograr tal cosa.

-“Es muy fácil”, le contestó Lucía. “Todos los días voy a ver a Elí”.

-¿Elí?, preguntó Ponchinelo.

-“Sí, Elí. El artesano. Y me siento en el taller con él”.


-¿Por qué?, preguntó Ponchinelo.

–“Por qué no lo averiguas por ti mismo? Sube a la colina. Él está ahí” Y dicho esto la wemmick que no tenía etiquetas ni puntos dio la vuelta y se alejó dando salticos.

-“Pero, ¿querrá el artesano verme a mí?, le gritó Ponchinelo. Lucía no lo oyó.
Así que, Ponchinelo, regresó a casa. Se sentó cerca de la ventana y se puso a observar a la gente de madera cómo corrían de aquí para allá dándose estrellas o puntos unos a otros. - “Eso no es justo”, refunfuñó. Y decidió ir a ver a Elí.

Él se acercó al estrecho camino que iba a la cima de la colina y fue en dirección del taller grande. Al entrar allí, sus ojos se abrieron desmesuradamente ante las cosas que veía. El taburete era tan alto como él mismo. Tuvo que estirarse sobre la punta de sus pies para mirar la altura de la mesa de trabajo. Un martillo era tan largo como su brazo. Ponchinelo tragó saliva. “¡No voy a quedarme aquí!”, y se dio vuelta para salir.

Entonces oyó su nombre. -“¿Ponchinelo?”. La voz era fuerte y profunda.
Ponchinelo se detuvo. –“¡Ponchinelo! ¡Qué bueno que has venido! Ven y déjame mirarte”.

Ponchinelo se volvió lentamente y vio la gran barba del artesano.
-¿Tú sabes mi nombre?”, preguntó el wemmick.

– “Por supuesto que lo sé. Yo te hice a ti”.
Elí se inclinó, recogió del suelo a Ponchinelo y lo colocó sobre la mesa de trabajo. “Hum”, dijo el artesano pensativamente mientras miraba los puntos grises.

-“Parece que has recibido marcas malas”.

– “No significa eso, de verdad, yo me esforcé mucho por no recibirlas, Elí”.

– “Oh, no tienes que defender tus acciones ante mí, muchacho. Yo no me preocupo por lo que los demás wemmick piensan”.

-“¿No te importa?”

– “No, y tú no deberías hacerlo tampoco. ¿Quiénes son ellos para dar estrellas o puntos? Son wemmick exactamente como tú. Lo que ellos piensan no importa, Ponchinelo. Lo único importante es lo que yo pienso. Y yo pienso que tú eres muy especial”.

Ponchinelo sonrió. - “¿Especial, yo? ¿Por qué? No puedo caminar aprisa. No puedo saltar. Mi pintura está desconchada. ¿Por qué soy importante para ti?”
Elí contempló a Ponchinelo, puso sus manos sobre sus hombros y le dijo: -“Porque eres mío”. Esa es la razón de que seas importante para mí”.
Ponchinelo nunca había tenido a alguien que lo viera de esa forma _mucho menos su creador. No sabía qué responder.

- “Cada día he estado esperando que tu vinieras”, explicó Elí.

- “Vine porque me encontré con alguien que no tenía marcas”, dijo Ponchinelo.

- “Lo sé. Ella me habló de ti”

-“Por qué las etiquetas no se pegan sobre ella?”

-“Porque ella decidió que lo que Yo pienso es más importante que lo que ellos piensan. Las etiquetas únicamente se pegan si tú permites que lo hagan”.

-“¿Qué?”

-“Las etiquetas sólo se pegan si son importantes para ti. Lo más importante es que confíes en mi amor, y dejes de preocuparte por sus etiquetas”.

-“No estoy seguro de haber comprendido”.

Elí sonrió. -“Lo vas a intentar: pero esto tomará tiempo. Tienes demasiadas marcas. Por ahora, sólo ven a verme todos los días y déjame recordarte cuanto te amo”.
Elí levantó a Ponchinelo de la mesa y lo puso en el suelo. Y cuando el wemmick salía por la puerta, le dijo:

-“Recuerda, tú eres especial porque yo te hice, y yo no cometo errores”.

Ponchinelo no se detuvo, pero en su corazón pensaba: “Eso explica por qué soy especial ante sus ojos”. Y al comprenderlo al fin, un feo punto gris cayó sobre la tierra.


Cuento de Max Lucado

Siria Grandet –Consultora de Feng Shui Clásico y Astrología China-BAZI
Fuente: Armonizando tu vida

Cuento: Sabio Pescador



Un banquero de inversión norteamericano estaba en el muelle de un pueblito costero mexicano cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño...
 
El norteamericano elogió al mexicano por la calidad del pescado y le pregunto: ¿Cuánto tiempo le tomó pescarlos?
 
El mexicano respondió: - "Sólo un poco tiempo".

El norteamericano luego le preguntó: -"¿Porqué no permaneces más tiempo y sacas más pescado?"

El mexicano dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia.
 
El norteamericano luego preguntó: -"Pero... ¿qué haces con el resto de tu tiempo?"

El pescador mexicano dijo: -"duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, me hecho una siesta con mi señora, María, voy todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Como ves tengo una vida divertida y ocupada." 

 
El norteamericano replicó: -"Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deja te explico... deberías gastar más tiempo en la pesca, con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes, eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador, eventualmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este "pinche" pueblo e irte a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y eventualmente a Nueva York, donde manejarías tu empresa en expansión".

El pescador mexicano preguntó: -"Pero, cuánto tiempo tarda todo eso?"

A lo cual respondió el americano: -"entre 15 y 20 años".

-"¿Y luego qué?"

El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte. -"Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones".

-"Millones... y luego qué?"

Dijo el americano, "Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, echar una siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo a tomar vino y tocar la guitarra con tus amigos". 

Cuento Popular 

¡Nos complicamos tanto la vida! Démosle importancia a lo que realmente vale; a nuestra familia, nuestro bienestar, nuestra armonía… por supuesto que debemos ser prósperos, pero sin sacrificar la convivencia con nuestros seres queridos, la armonía,  lo que realmente nos hace felices.

“El arte de vivir, consiste únicamente en proceder con sencillez” I-Ching

En cuanto a la prosperidad no olvidemos que existimos en un Universo abundante e infinito; y el ser prósperos es nuestro derecho inherente por el solo hecho de existir. Pero es muy importante que nos dediquemos exactamente a lo que nos gusta, a lo que para  nosotros no significa esfuerzo o trabajo… dedicarnos a lo que nos hace sentir plenos y realizados, donde podamos desarrollar nuestro talento personal.

Siria Grandet –Consultora de Feng Shui Clásico y Astrología China (BAZI)
Fuente: Armonizando tu vida

viernes, 8 de marzo de 2013

Cuento: Comparte tu maíz


En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos...

- "¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?" preguntó el reportero.

- "Verá usted, señor," dijo el agricultor, "El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga".
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Como nos muestra esta historia, debemos  conservar la pureza de nuestro conocimiento compartiendo nuestro aprendizaje, nuestra comprensión, nuestras habilidades… es la manera en que podremos realmente avanzar y disfrutar de nuestros logros. “Lo que das recibes”, “lo que enseñas aprendes”.

Literalmente: "Lo que das, te lo das"

Siria Grandet -Consultora de Feng Shui Clásico y Astrología China
Fuente: Armonizando tu vida

jueves, 7 de marzo de 2013

Cuento: "Las nueve vacas"


“Dos amigos marineros viajaban en un buque carguero por todo el mundo, y andaban todo el tiempo juntos. Así que, esperaban la llegada a cada puerto para bajar a tierra, encontrarse con mujeres, beber y divertirse. Un día llegan a una isla perdida en el Pacífico, desembarcan y se van al pueblo para aprovechar las pocas horas que iban a permanecer en tierra.

En el camino se cruzan con una mujer que está arrodillada en un pequeño río lavando ropa.
Uno de ellos se detiene y le dice al otro que lo espere, que quiere conocer y conversar con esa mujer. El amigo, al verla y notar que esa mujer no es nada del otro mundo, le dice que para qué, si en el pueblo seguramente iban a encontrar chicas más lindas, más dispuestas y divertidas.


Sin embargo, sin escucharlo, el primero se acerca a la mujer y comienza a hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres. Cómo se llama, qué es lo que hace, cuantos años tiene, si puede acompañarlo a caminar por la isla. La mujer escucha cada pregunta sin responder ni dejar de lavar la ropa, hasta que finalmente le dice al marinero que las costumbres del lugar le impiden hablar con un hombre, salvo que este manifieste la intención de casarse con ella, y en ese caso debe hablar primero con su padre, que es el jefe o patriarca del pueblo.
El hombre la mira y le dice: -"Está bien. LLévame ante tu padre. Quiero casarme contigo".

El amigo, cuando escucha esto, no lo puede creer. Piensa que es una broma, un truco de su amigo para entablar relación con esa mujer. Y le dice: -"Para qué tanto lío? Hay un montón de mujeres más lindas en el pueblo. Para qué tomarse tanto trabajo?".

El hombre le responde: -"No es una broma. Me quiero casar con ella. Quiero ver a su padre para pedir su mano".

Su amigo, más sorprendido aún, siguió insistiendo con argumentos tipo:- "Tu estás loco?", -"Qué le viste?", -"Qué te pasó?",- "Seguro que no tomaste nada?" y cosas por el estilo.

Pero el hombre, como si no escuchase a su amigo, siguió a la mujer hasta el encuentro con el patriarca de la aldea.

El hombre le explica que habían llegado recién a esa isla, y que le venía a manifestar su interés de casarse con una de sus hijas. El jefe de la tribu lo escucha y le dice que en esa aldea la costumbre era pagar una dote por la mujer que se elegía para casarse.

Le explica que tiene varias hijas, y que el valor de la dote varía según las bondades de cada una de ellas, por las más hermosas y más jóvenes se debía pagar 9 vacas, las había no tan hermosas y jóvenes, pero que eran excelentes cuidando los niños, que costaban 8 vacas, y así disminuía el valor de la dote al tener menos virtudes.
El marino le explica que entre las mujeres de la tribu había elegido a una que vio lavando ropa en un arroyo, y el jefe le dice que esa mujer, por no ser tan agraciada, le podría costar 3 vacas.
-Está bien" respondió el hombre, -"me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas".

El padre de la mujer, al escucharlo, le dijo: -"Ud. no entiende. La mujer que eligió cuesta tres vacas, mis otras hijas, más jóvenes, cuestan nueve vacas".
-"Entiendo muy bien", respondió nuevamente el hombre, "me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas".

Ante la insistencia del hombre, el padre, pensando que siempre aparece un loco, aceptó y de inmediato comenzaron los preparativos para la boda, que iba a realizarse lo antes posible.

El marinero amigo no lo podía creer. Pensó que el hombre había enloquecido de repente, que se había enfermado, que se había contagiado una rara fiebre tropical. No aceptaba que una amistad de tantos años se iba a terminar en unas pocas horas. Que él partiría y su mejor amigo se quedaría en una perdida islita del Pacífico.

Finalmente, la ceremonia se realizó, el hombre se casó con la mujer nativa, su amigo fue testigo de la boda y a la mañana siguiente, partió en el barco, dejando en esa isla a su amigo de toda la vida.

El tiempo pasó, el marinero siguió recorriendo mares y puertos a bordo de los barcos cargueros más diversos y siempre recordaba a su amigo y se preguntaba: qué estaría haciendo?, cómo sería su vida?, viviría aún?.
Un día, el itinerario de un viaje lo llevó al mismo puerto donde años atrás se había despedido de su amigo. Estaba ansioso por saber de él, por verlo, abrazarlo, conversar y saber de su vida.
Así es que, en cuanto el barco amarró, saltó al muelle y comenzó a caminar apurado hacia el pueblo.
Donde estaría su amigo?, Seguiría en la isla?, Se habría acostumbrado a esa vida o tal vez se habría ido en otro barco?.

De camino al pueblo, se cruzó con un grupo de gente que venía caminando por la playa, en un espectáculo magnífico.
Entre todos, llevaban en alto y sentada en una silla a una mujer bellísima. Todos cantaban hermosas canciones y obsequiaban flores a la mujer y esta los retribuía con pétalos y guirnaldas.
El marinero se quedó quieto, parado en el camino hasta que el cortejo se perdió de su vista. Luego, retomó su senda en busca de su amigo.
Al poco tiempo, lo encontró. Se saludaron y abrazaron como lo hacen dos buenos amigos que no se ven durante mucho tiempo.
El marinero no paraba de preguntar: -Y cómo te fue?, -Te acostumbraste a vivir aquí?, -Te gusta esta vida?, -No querés volver?. Finalmente se anima a preguntarle: -Y como está tu esposa?.
Al escuchar esa pregunta, su amigo le respondió: -"Muy bien, espléndida. Es más, creo que la viste llevada en andas por un grupo de gente en la playa que festejaba su cumpleaños".
El marinero, al escuchar esto y recordando a la mujer insulsa que años atrás encontraron lavando ropa, pregunto: -"Entonces, te separaste?, No es misma mujer que yo conocí, no es cierto?.
-"Si" dijo su amigo, "es la misma mujer que encontramos lavando ropa hace años atrás".
-"Pero, es muchísimo más hermosa, femenina y agradable. cómo puede ser?", preguntó el marinero.
-"Muy sencillo" respondió su amigo. -"Me pidieron de dote 3 vacas por ella, y ella creía que valía 3 vacas. Pero yo pagué por ella nueve vacas, la traté y consideré siempre como una mujer de nueve vacas. La amé como a una mujer de nueve vacas. -Y ella se transformó en una mujer de nueve vacas".

 
Con tan solo una sonrisa, una palabra amable, una palabra de aliento... un “tu puedes”, "eres especial"...  podemos aportar nuestro granito de arena para que las personas se den cuenta de su verdadero valor…

Siria Grandet –Consultora de Feng Shui Clásico y Astrología China
Fuente: Armonizando tu vida

Enseñanza de Buda: "Ni tu ni yo, somos ya los mismos"



El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.

Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.

Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
--¿No estás enfadado, señor?
--No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
--¿Por qué?

Y el Buda dijo:
--Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.
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Todo está en constante cambio, incluso las células de nuestro cuerpo se encuentran en constante renovación…
 
Siempre estamos en constante aprendizaje. Nosotros ya no somos los mismos que hace dos años por ejemplo; hemos cambiado nuestra forma de pensar, de sentir y de ver el mundo… Ni siquiera somos los mismos de ayer… nuestra comprensión de las cosas es ahora totalmente distinta, por lo tanto ya no somos los del pasado, ¡Cada día tenemos la oportunidad de escribir  una nueva página en nuestra vida!...
 
No debemos identificarnos a nosotros mismos o a las personas que nos rodean con lo que fuimos, sino con lo que ahora somos.

Siria Grandet- Consultora de Feng Shui Clásico y Astrología China (BAZI)
Fuente: Armonizando tu vida

miércoles, 6 de marzo de 2013

Cuento Sufí: Chiles picantes... (la necedad)


El célebre y contradictorio personaje sufí Mulla Nasrudín visitó la India.
Llegó a Calcuta y comenzó a pasear por una de sus abigarradas calles. De repente vio a un hombre que estaba en cuclillas vendiendo lo que Nasrudín creyó que eran dulces, aunque en realidad se trataba de chiles picantes. Nasrudín era muy goloso y compró una gran cantidad de los supuestos dulces, dispuesto a darse un gran atracón.

Estaba muy contento, se sentó en un parque y comenzó a comer chiles a dos carrillos. Nada más morder el primero de los chiles sintió fuego en el paladar. Eran tan picantes aquellos “dulces” que se le puso roja la punta de la nariz y comenzó a soltar lágrimas hasta los pies. No obstante, Nasrudín continuaba llevándose sin parar los chiles a la boca. Estornudaba, lloraba, hacía muecas de malestar, pero seguía devorando los chiles.
Asombrado, un paseante se aproximó a él y le dijo:
- Amigo, ¿no sabe que los chiles sólo se comen en pequeñas cantidades?

Casi sin poder hablar, Nasrudín comento:
– Buen hombre, créeme, yo pensaba que estaba comprando dulces.

Pero Nasrudín seguía comiendo chiles. El paseante dijo:
– Bueno, está bien, pero ahora ya sabes que no son dulces.
- ¿Por qué sigues comiéndolos?

Entre toses y sollozos, Nasrudín dijo:
– Ya que he invertido en ellos mi dinero, no los voy a tirar!

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A veces, en algunas situaciones de nuestra vida, actuamos con la misma necedad que narra este cuento... aún a sabiendas de que lo que estamos haciendo es incorrecto, no es lo que esperábamos o nos está causando daño,  nos aferramos a ello porque  no queremos aceptar que nos equivocamos y/o que el esfuerzo empleado a sido en vano…  nos da miedo tener que volver a empezar y preferimos seguir auto-engañándonos; en la aparente comodidad de lo conocido… esto lejos de arreglar las cosas, las empeora. Es mejor una retirada a tiempo…

No importa cuánto tiempo, dinero y esfuerzo te haya costado; si no te da felicidad,  toma las riendas de la situación… quédate con lo bueno que te pueda aportar y desecha lo que ya no te sirve para tu crecimiento y bienestar.

"Una retirada a tiempo vale más que mil victorias" Napoleón
"Si puedes ganar la batalla, lucha; si no, retírate". Mao Tse Tung

Siria Grandet –Consultora de Feng Shui Clásico y Astrología China (Ba Zi)
Fuente: Armonizando tu vida

Enseñanza Zen: "La cascada"... La naturaleza de la vida.



Confucio y sus estudiantes fueron a una excursión fuera de la ciudad. Su intención era aprovechar la ocasión para entablar una conversación entre ellos acerca del Tao, estaba pensando en eso cuando uno de los estudiantes se acercó a él y le preguntó: “¿Maestro, ha estado alguna vez en Liu Liang? ¡No está lejos de aquí!”

Confucio respondió: “He oído mucho acerca de ella, pero nunca la he visto con mis ojos. Se dice que es un lugar de una gran belleza natural”

“¡Es bellísimo!”, dijo el estudiante. “Liu Liang es conocido por sus majestuosas cascadas. Está a 2 ó 3 horas de camino y el día es joven aún Maestro, si usted desea ir allá, yo estaré honrado de servir de guía”

Confucio pensó que era una espléndida idea así que, todo el grupo se dirigió a Liu Liang, caminando y platicando. Un estudiante comentó: “Yo crecí cerca de una cascada y en verano iba siempre a nadar con otros niños del lugar”.

El primer estudiante explicó: “Estas cascadas que veremos no son así, el agua viene desde muy alto, así que trae muchísima fuerza cuando cae. Definitivamente no te gustaría nadar ahí”

Confucio dijo: “Cuando el agua trae tanta fuerza no se pueden encontrar ni peces ni tortugas cerca de ella. Esto es interesante porque sabemos que el agua es su elemento natural”

Después de un rato pudieron distinguir a lo lejos, entre la bruma, a la cascada. A pesar de estar aún muy lejos, pudieron apreciar su majestuosidad, justo como el primer alumno la había descrito.

Otra hora de caminata los acercó aún más y ahora podían escuchar claramente su profundo y vibrante sonido.

Los alumnos subieron a un risco para lograr verla completa. Todos exclamaron al ver a un hombre entre los feroces remolinos del agua girando locamente en todas direcciones de la aterrorizante corriente.

“¡Rápido a la cascada!” ordenó Confucio. “El hombre debe haber caído ahí por accidente o tal vez es un suicida, de cualquier manera, si podemos, debemos salvarlo”

Se apresuraron tanto como pudieron. “Es inútil Maestro”, replicó un estudiante. “Cuando lleguemos allá, el se habrá ido tan lejos que será imposible hacer algo por él”


“Tal vez tengas razón” respondió Confucio, “sin embargo, cuando la vida de un hombre está comprometida debemos hacer todo el esfuerzo posible por ayudarlo”.

A medida que iban descendiendo iban perdiendo la imagen del hombre en la corriente. Momentos más tarde entraron en un bosque antes de poder llegar a la orilla. Una corta distancia río abajo, hacia la cascada. Ellos esperaban ver el cuerpo sin vida del hombre flotando. En vez de eso, lo vieron nadando tranquilamente lejos de la caída de la cascada con su largo cabello flotando y cantando a viva voz, evidentemente disfrutando. Todos estaban atónitos.

Cuando salió del agua, Confucio se dirigió para hablar con él:

-“Señor, pensé que era usted un ser sobrenatural, pero después de una cercana observación, veo que es una persona común y corriente, en nada es diferente a nosotros. Nos disponíamos a salvarlo, pero veo que no es necesario”.

-El hombre le respondió a Confucio: “Siento mucho si les causé una seria preocupación. Esto es solo una actividad trivial y recreativa de la cual disfruto de vez en cuando”.

-“Usted dice que es trivial pero a mí me parece increíble. ¿Cómo es posible que usted no haya sido dañado por la corriente? ¿Tiene usted algún entrenamiento especial?”

-“No, no tengo ningún entrenamiento ni nada parecido, simplemente sigo la naturaleza del agua, así es como inicié con esto, he desarrollado un hábito y lo he convertido en algo de lo que he disfrutado muchísimo a lo largo de toda mi vida”

-“¿Seguir la naturaleza del agua?, ¿Podría hablarnos de ello con más detalle?, ¿Como exactamente se puede seguir la naturaleza del agua?”

-“Bueno…no pienso mucho en ello. Si tengo que describirlo, le diré que cuando el torrente de agua se arremolina a mi cuerpo yo giro con ella. Si una fuerte corriente me lleva hacia abajo yo nado hacia abajo y así es como lo hago. Estoy muy atento en cuanto a que, llegando a la rivera, la corriente se invierte, se levanta y regresa hacia adentro. Cuando esto ocurre yo ya lo estoy anticipando así que yo también me levanto y nado por ella.”

-“¿Así que usted trabaja con la corriente y no solamente se deja llevar por ella?”

-“Es correcto, a pesar de que el agua es extremadamente fuerte, es también una amiga que he llegado a conocer a través de los años, de tal manera que, puedo sentir lo que ella desea, así que yo hago lo que percibo que ella quiere, sin tratar de manipularla o de imponerle mi voluntad.”

-“¿Cuánto tiempo le ha tomado el que todo esto sea parte de su vida?”

-“No podría decirlo, nací aquí, así que, la cascada es algo muy familiar para mí. Crecí jugando con estas poderosas corrientes, así que siempre me he sentido confortable con ella, de tal manera que el que pueda hacer esto es simplemente el resultado natural de un hábito de toda la vida. Para serle totalmente franco no entiendo porque puedo hacerlo tan bien, para mí es solamente una manera de disfrutar”.

-Confucio le agradeció y regresó con sus alumnos, el sonreía porque sabía exactamente cuál sería el tema de conversación durante el viaje de regreso a casa.


Esta historia contiene toda la esencia de la Filosofía China; es hora de que tomemos el control de nuestra vida, de ser proactivos y no solo dejarse llevar por la corriente… fluir sin resistencias, sin calificar las cosas o circunstancias como buenas o malas; tomando cada suceso  en tu vida como un aprendizaje.

Siria Grandet –Consultora de Feng Shui Clásico y Astrología China (4 Pilares del Destino)
Fuente: Armonizando tu vida