sábado, 4 de mayo de 2013

Los puentes son como ciertas personas…

Su importancia se valora cuando ya no están,
o cuando están rotos y no se los puede usar.
Existe una cantidad impresionante de puentes: cortos y largos,
anchos y estrechos, seguros e inseguros, caros y económicos.
Todos tienen algo en común: sirven para unir dos orillas.
Atravesándolos, uno siente que, de algún modo,
lleva un mensaje al otro lado.
También las personas estamos llamadas a ser puentes,
para facilitar el encuentro, para superar aflicciones,
para estimular el perdón.
Hacer de puente a veces cuesta, pero cuando da resultado,
la gratificación es grande.
Quiero ser para ti como un puente sobre el río.
Del lado de aquí está tu hoy. Del lado de allá tu mañana.
Entre los dos lados, el río de la vida.
A veces sereno, a veces turbulento, a veces traicionero
y a veces profundo y revuelto. Es necesario atravesarlo.
No soy Dios ni pretendo jugar a ser a ser Dios.
Sólo él puede llevarte con seguridad al otro lado.
Pero yo quiero ser el puente que haga más fácil la travesía.
Si crees que no es bueno pasar, sólo usa mis hombros.
Si me balanceara, no tengas temor.
Alguien me ha colocado en tu camino para ayudarte a cruzar el río.
No dudes en utilizarme, y cuando llegues, déjame, si quieres.
Si me entiendes bien, déjame donde estoy.
Otros han pasado por medio de mi, igual como tú, pasaron…
Pero quiero que continúes tu marcha.


Desconozco a su autor 

viernes, 3 de mayo de 2013

Palabras y silencio

Hay algunas cosas demasiado bellas para poder describirlas con palabras.
Hace falta admirarlas con meditación y silencio para poder apreciarlas a plenitud.
Se necesitan pocas palabras para expresar lo esencial.
Los grandes discursos solo sirven para confundir y adoctrinar.
El silencio es a veces más revelador que un río de palabras.
Mira a una madre con su hijo cargado, el bebe sabrá obtener, todo lo que de ella quiere, sin necesidad de decir nada.
De hecho, las palabras deben de ser como una envoltura de los pensamientos.
No son necesarios discursos muy largos para expresar lo que siente el corazón.
Una mirada puede decir más que mil palabras.
Creo que la sabia naturaleza nos dio sólo una lengua y dos orejas para que oigamos más y hablemos menos.
Si lo que vas a decir no es mejor que quedarte callado, entonces para que decirlo.
Cuanto más grande y generoso es el corazón, menos son las palabras que se necesitan para expresarse.
Hace falta recordar estas sabias y filosóficas palabras:
Las palabras verdaderas (la verdad) no siempre son bonitas, pero las palabras bellas no siempre son verdad.
Es propio de las mentes grandes hacer entender muchas cosas con pocas palabras.
Los espíritus pequeños, por el contrario tienen el don de hablar mucho y no decir nada (¿de quién se recuerdan?)
El que sabe oír luego sabrá usar lo que oyó.
Para decir “te amo” solo hacen falta 2 palabras, todas las demás serán superfluas.
“Si” y “No” son las palabras más cortas y fáciles de decir, pero son las que acarrean las consecuencias más trascendentales.
Para que el ser humano aprenda a hablar solo hacen falta 2 años
Para que aprenda a callar… toda una vida
Ser comedido al hablar en vez de ser un defecto es prueba de gran sabiduría.
El que mucho habla en vez de esclarecer las cosas, las confunde.
El que mucho habla, mucho se puede equivocar.

Los 7 egos

En la hora más silente de la noche, mientras estaba yo acostado y dormitando, mis siete egos sentáronse en rueda a conversar en susurros, en estos términos:

Primer Ego: -He vivido aquí, en este loco, todos estos años, y no he hecho otra cosa que renovar sus penas de día y reavivar su tristeza de noche. No puedo soportar más mi destino, y me rebelo.
Segundo Ego: -Hermano, es mejor tu destino que el mío, pues me ha tocado ser el ego alegre de este loco. Río cuando está alegre y canto sus horas de dicha, y con pies alados danzo sus más alegres pensamientos. Soy yo quien se rebela contra tan fatigante existencia.
Tercer Ego: – ¿Y de mi qué decís, el ego aguijoneado por el amor, la tea llameante de salvaje pasión y fantásticos deseos? Es el ego enfermo de amor el que debe rebelarse contra este loco.
Cuarto Ego: -El más miserable de todos vosotros soy yo, pues sólo me tocó en suerte el odio y las ansias destructivas. Yo, el ego tormentoso, el que nació en las negras cuevas del infierno, soy el que tiene más derecho a protestar por servir a este loco.
Quinto Ego: -No; yo soy, el ego pensante, el ego de la imaginación, el que sufre hambre y sed, el condenado a vagar sin descanso en busca de lo desconocido y de lo increado… soy yo, y no vosotros, quien tiene más derecho a rebelarse.
Sexto Ego: -Y yo, el ego que trabaja, el agobiado trabajador que con pacientes manos y ansiosa mirada va modelando los días en imágenes y va dando a los elementos sin forma contornos nuevos y eternos… Soy yo, el solitario, el que más motivos tiene para rebelarse contra este inquieto loco.
Séptimo Ego: – ¡Qué extraño que todos os rebeléis contra este hombre por tener a cada uno de vosotros una misión prescrita de antemano! ¡Ah! ¡Cómo quisiera ser uno de vosotros, un ego con un propósito y un destino marcado! Pero no; no tengo un propósito fijo: soy el ego que no hace nada; el que se sienta en el mudo y vacío espacio que no es espacio y en el tiempo que no es tiempo, mientras vosotros os afanáis recreándoos en la vida. Decidme, vecinos, ¿quién debe rebelarse: vosotros o yo?

Al terminar de hablar el Séptimo Ego, los otros seis lo miraron con lástima, pero no dijeron nada más; y al hacerse la noche más profunda, uno tras otro se fueron a dormir, llenos de una nueva y feliz resignación.
Sólo el Séptimo Ego permaneció despierto, mirando y atisbando a la Nada, que está detrás de todas las cosas.

Khalil Gibran

Silencio y quietud

El silencio ayuda, pero no es necesario
para hallar la quietud. Aunque haya ruido,
puedes sintonizar con la quietud subyacente,
el espacio en el que surge el ruido.
Ese es el espacio interno de pura conciencia,
la conciencia misma.
Puedes darte cuenta de que la conciencia
es el trasfondo de todas tus percepciones sensoriales,
de toda tu actividad mental.
Siendo consciente de la conciencia surge la quietud interna.

Eckhart Tolle

jueves, 2 de mayo de 2013

La prisa, nuestra enemiga

El mundo acelerado en el que vivimos nos vuelve impacientes e irritables y nos impide gozar de las maravillas del mundo.
Tratamos de apresurar la madurez de nuestros niños.

A los cinco años, le decimos:
¿Por qué no te comportas como una persona mayor?
Queremos que se comporten como adultos, no porque sea mejor para ellos, sino porque es más cómodo para nosotros. Y nos privamos así de que nos ofrezcan su frescura, curiosidad, asombro y su alegría espontánea.

En cierta ocasión, un padre preguntó al rector de una universidad si el plan de estudios no podía simplificarse, a fin de permitirle a su hijo concluirlo “por medios más rápidos”.

Ciertamente -le respondió-, pero todo depende de lo que usted pretenda hacer de su hijo.

Un roble le toma cien años para crecer.

A una calabaza, le bastan dos meses.

La naturaleza suministra abundantes indicios de que nuestro ritmo apresurado no es natural.
Cuando uno abandona la ciudad y camina entre los árboles que crecen lentamente y las montañas silenciosas, uno absorbe un poco de la calma y tranquilidad de la naturaleza.

El sol se tomará siempre el tiempo que necesite para salir y para ponerse. No se le puede apresurar.

Sin embargo, en el mal uso de la paciencia corremos el riesgo de volvernos espectadores inactivos, en vez de hombres de acción, capaces de contribuir a que acontezca lo mejor. Paciencia no significa pasividad, es decir, esperar que todas las cosas se nos den hechas.
Es más bien el principio de comenzar anticipadamente y tomarse el tiempo que uno requiera para hacer las cosas.
Las mejores cosas de la vida no pueden apresurarse.

Harold Kohn

¿Qué es la ira?

La psicología de la ira consiste en que querías algo y alguien te impidió conseguirlo. Alguien surgió como un bloqueo, un obstáculo. Toda tu energía iba hacia la obtención de algo y alguien bloqueó esa energía. No pudiste lograr lo que querías.

Ahora esa energía frustrada se convierte en ira.... ira contra la persona que ha destruido la posibilidad de realizar tu deseo.

Tu ira es verdadera porque te pertenece y, todo lo que te pertenece es verdadero. Así que encuentra la fuente de esa ira, de dónde viene.

Cierra los ojos y muévete al interior; antes de que se pierda, retrocede a la fuente... y alcanzaras el vacío.

Retrocede más, ve más adentro, ve más profundo, y llegará un momento en que la ira dejará de existir.
Dentro, en el centro, no hay ira.

Osho.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Deshacerte de la ira

Si quieres conocer la ira solo para deshacerte de ella, es muy difícil, pues la actitud de deshacerse de la ira crea una distinción.

Has comenzado con la suposición de que la ira es mala, por lo que la «no ira» es buena; que el sexo es malo y la «no sexualidad» es buena; que la codicia es mala y la «no codicia» es buena.

Si creas semejantes distinciones, encontraras mucha dificultad para conocer de verdad esos rasgos.
Entonces, incluso si los trasciendes, solo será una represión.

Un simple acto de auténtica espontaneidad y de inmediato te ves transportados de este mundo a otro.

Hasta las emociones positivas, si son falsas, son feas; y hasta las emociones negativas, si son auténticas, son hermosas. Incluso la ira es hermosa cuando todo tu ser la siente, cuando cada fibra de tu ser vibra con ella.

Observa a un niño pequeño enfadado... y entonces sentiras la belleza. Tiene todo su ser en eso. Radiante. El rostro rojo. ¡Un niño tan pequeño parece tan poderoso que da la impresión de que es capaz de destruir el mundo entero!

¿Y qué sucede con el niño después de que se ha enfadado?
Pasados unos pocos minutos, unos pocos segundos, todo cambia y está feliz y bailando, corriendo otra vez, por la casa.

¿Por qué esto no te pasa a ti?

Te mueves de una falsedad a otra.

De verdad, la ira no es un fenómeno duradero, por su propia naturaleza es algo momentáneo. Si la ira es real, dura unos pocos momentos; y mientras dura, auténtica, es hermosa. No hace daño a nadie. Una cosa real y espontánea no puede dañar a nadie. Solo la falsedad daña. En un hombre que puede enfurecerse espontáneamente la ira desaparece a los pocos segundos y vuelve a relajarse hasta alcanzar el otro extremo.

Se convierte en un hombre infinitamente cariñoso.

Osho.