martes, 21 de mayo de 2013

La suprema bondad

La suprema bondad es como el agua.
El agua todo lo favorece y a nada combate.
Se mantiene en los lugares
que más desprecia el hombre
y así, está muy cerca del Tao.

Por esto, la suprema bondad es tal que,
su lugar es adecuado.
Su corazón es profundo.
Su espíritu es generoso.
Su palabra es veraz.
Su gobierno es justo.
Su trabajo es perfecto.
Su acción es oportuna.

Y no combatiendo con nadie,
nada se le reprocha.

Lao Tsé


lunes, 20 de mayo de 2013

En busca de las señales

Podemos pensar que todo lo que la vida nos ofrece mañana es repetir lo que hicimos ayer y hoy. Pero si ponemos atención, nos daremos cuenta de que ningún día es igual a otro.
Cada mañana nos trae una bendición escondida, una bendición que solo sirve para este día, y que no puede ser ni guardada ni desaprovechada. Si no usamos ese milagro hoy, se perderá.
Este milagro está en los detalles de lo cotidiano; es necesario vivir sabiendo que a cada instante tenemos la salida para el problema, la manera de encontrar lo que está faltando, la pista adecuada para la decisión que precisamos tomar para modificar todo nuestro futuro.
Pero ¿cómo tener el coraje para eso? A mi entender, Dios habla con nosotros a través de señales. Es un lenguaje individual, que requiere fe y disciplina para ser totalmente absorbido.
San Agustín, por ejemplo, fue convertido de esa manera. Durante años buscó en varias corrientes filosóficas una respuesta para el sentido de la vida hasta que cierta tarde, cuando se encontraba en el jardín de su casa en Milán reflexionando sobre el fracaso de su búsqueda, escuchó una voz infantil en la calle que cantaba: “¡Ábrelo y lee! ¡Ábrelo y lee!”
A pesar de haber sido siempre gobernado por la lógica, decidió en un impulso abrir el primer libro a su alcance. Era la Biblia, y en ella leyó un fragmento de San Pablo con las respuestas que buscaba. A partir de allí la lógica de San Agustín abrió sitio para que la fe pudiese también participar, y él se transformó en uno de los mayores teólogos de la Iglesia.
Los monjes del desierto afirmaban que es necesario dejar actuar la mano de los ángeles. Para eso, de vez en cuando hacían cosas absurdas, como hablar con las flores o reír sin razón. Los alquimistas siguen las “señales de Dios”, pistas que muchas veces no tienen sentido, pero terminan llevando a algún lugar.
“El hombre moderno ha querido eliminar las inseguridades y dudas de su vida; y ha terminado por dejar a su alma muriendo de hambre; el alma se alimenta de misterios” dice el deán de la Catedral de San Francisco.
Existe un ejercicio de meditación que consiste en añadir – generalmente durante diez minutos diarios – un motivo para cada una de nuestras acciones. Un ejemplo: “yo ahora leo el diario porque quiero informarme. Yo pensé ahora en tal persona porque tal asunto que leí me llevó a esto. Yo caminé hasta la puerta porque voy a salir de casa” Y así sucesivamente.
Buda llama a esto “atención consciente”. Cuando nos vemos repitiendo la más común de las rutinas, nos damos cuenta de la riqueza que ronda nuestra vida. Comprendemos cada paso, cada actitud. Descubrimos cosas importantes y también pensamientos inútiles.
Al finalizar la semana – la disciplina es siempre fundamental – estamos más conscientes de nuestras faltas y distracciones, pero también entendemos que en ciertos momentos no había ningún motivo para actuar como actuamos y seguimos nuestro impulso, nuestra intuición; es ahí que empezamos a comprender este lenguaje silencioso que Dios usa para mostrarnos el camino acertado. Lo pueden llamar intuición, señal, instinto, coincidencia, no importa el nombre. Lo que importa es que a través de la “atención consciente” nos damos cuenta de que estamos siendo guiados muchas veces hacia la decisión adecuada. Y esto nos deja más confiantes y más fuertes.

Paulo Coelho


domingo, 19 de mayo de 2013

Relacionarse

La sinergia es unir fuerzas y caminar juntos para conseguir cosas.
Siempre que dos o más personas se unen en un espíritu
de colaboración y respeto, la sinergia, basada en la comunicación
y empatía se manifiestan naturalmente.
Tratemos de entender a las personas que nos rodean,
queramos a nuestros amigos tal como son; sin intentar cambiarlos
porque cuando nos sintamos mal, sin importar como sean,
el verdadero amigo estará allí para apoyarnos y brindarnos todo su amor.
Así que cultivemos nuestras amistades.
La amistad, al igual que la mayoría de los sentimientos,
debe fluir de manera natural, debe alimentarse a través de detalles.
Por ello la verdadera amistad no puede basarse en condiciones,
intereses ni requisitos.


Las mil caras del ego

Por lo general, las personas no toman conciencia alguna de los personajes a los cuales representan. Algunos papeles son sutiles; otros son francamente manifiestos, salvo para la persona que los representa. Algunos papeles sólo tienen por objeto atraer la atención de los demás.El ego se alimenta de la atención de los demás, la cual es, después de todo, una forma de energía psíquica. El ego ignora que la fuente de toda energía está en el interior, de manera que la busca externamente. El ego generalmente representa algún tipo de papel a fin de satisfacer sus “necesidades”, trátese de una ganancia material, una sensación de poder o de superioridad, una sensación de ser especial, o algún tipo de gratificación, ya sea física o psicológica.
La persona tímida que teme despertar la atención de los demás no carece de ego. Tiene un ego ambivalente que teme y a la vez desea la atención de los demás. La timidez suele ir de la mano con un concepto negativo de uno mismo, la idea de ser inadecuado. Toda noción conceptual del ser (verme a mi mismo de tal o cual manera) es ego, trátese de un concepto predominantemente positivo (soy el mejor) o negativo (no sirvo para nada).
Detrás de todo concepto positivo de uno mismo está el temor de no ser lo suficientemente bueno. Detrás de todo concepto negativo de uno mismo se oculta el deseo de ser el mejor de todos, o mejor que los demás. Detrás de la sensación de superioridad del ego seguro de sí mismo y de la necesidad de conservar esa superioridad, está el temor inconsciente a la inferio­ridad. Y al revés, el ego tímido que se siente inferior, tiene un fuerte deseo oculto de ser superior.
Muchas personas fluctúan entre la sensación de inferioridad y de superioridad, dependiendo de las situaciones o de las personas con quienes entran en contac­to.
Lo único que usted necesita saber y observar en usted mismo es lo siguiente: cada vez que se sienta superior o inferior a alguien, es problema de su ego.

Eckhart Tolle

sábado, 18 de mayo de 2013

Cambia lo negativo en positivo

Lo primero, en la mañana, imagínate tremendamente feliz.
Sal de la cama sintiéndote muy contento, radiante,
burbujeante, expectante, como si algo perfecto,
de un valor infinito fuera a ocurrir hoy.

Sal de la cama en un estado muy positivo y esperanzador,
con la sensación de que este día no va a ser ordinario,
que algo excepcional, extraordinario, está esperando por ti;
algo que está muy cercano.
Inténtalo y recuérdalo una y otra vez a lo largo del día.
En el transcurso de siete días verás que todas tus pautas,
todo tu estilo, toda tu vibración ha cambiado.
Cuando te vayas a dormir por la noche, imagina simplemente
que quedas en manos de lo divino…
como si la existencia te estuviera apoyando,
como si estuvieras en su regazo mientras te quedas dormido.
Lo único a tener en cuenta es que tienes
que seguir imaginándolo y dejar que llegue el sueño,
a fin de que la imaginación entre en el sueño;
las dos cosas se superponen.
No te imagines nada negativo, porque si las personas
que tienen una capacidad imaginativa imaginan cosas negativas,
éstas empiezan a ocurrir.
Si piensas que te vas a enfermar, te enfermarás.
Si piensas que alguien va a ser brusco contigo, lo será.
Tu propia imaginación creará la situación.
Por tanto, si viene una idea negativa, cámbiala inmediatamente
a un pensamiento positivo. Dile no.
Abandónala inmediatamente; deséchala.
En el término de una semana empezarás a sentir
que te estás volviendo muy feliz sin motivo alguno en absoluto.

Osho

viernes, 17 de mayo de 2013

Lo inmediato y la noche

La abundancia de luz nos regala lo inmediato. Es nuestro este árbol, este pájaro, esta flor. Nuestra mirada se aquerencia en lo que está cerca, en los que nos rodea. Nos quedamos quietos en medio de nuestra jaula de cosas, y todo viene hasta nosotros traído por esa luz que abunda. Los colores, las formas, el movimiento: todo llega hasta nosotros, como llega el alimento hasta el enjaulado que termina por creerse el centro de todo lo que existe.

La jaula de la luz abundante puede amputar en nosotros la capacidad de volar. Y el que es incapaz de volar, termina por reducir la realidad a su pequeña realidad. Todas estas cosas que él cree poseer, y que en realidad lo poseen a él, pueden terminar por convertirse para él en lo único que existe; o en lo único que vale la pena pensar que existe. Terminará así por olvidar que en su misma tierra existen desiertos y ríos, montañas con nieve y selvas con pájaros en libertad. Terminará por no importarle que existan océanos y hombres que los navegan. Aunque sepa que existen otros mundos más allá de su propio planeta, esos mundos no le interesan para nada, y piensa que nada tiene que aportarle a su vida de jaula en su pequeña geografía satisfecha.

Y es entonces cuando viene la noche. La noche que nos empobrece radicalmente. Que al quitarnos la luz, nos arrebata todo lo inmediato. La noche que desenjaula en nuestro interior todos esos viejos miedos; que nos hace sentir pobres y desprotegidos. Que nos vuelve a hacer sentir la necesidad de creer en el ángel de la guarda. En que nuestro niño se despierta y vuelve a buscar refugio en su madre.

Y la noche, al quitarnos con la luz la presencia de lo inmediato, vuelve a encender allá arriba, muy lejos, la luz de las estrellas inmensas.
Porque las estrellas necesitan de la oscuridad para poder brillar. O tal vez no sean las estrellas las que necesiten de la oscuridad. En realidad somos nosotros los que necesitamos ser liberados de nuestra pequeña jaula luminosa, para así ser capacitados de poder ver esos inmensos astros de las lejanías que estaban allí, brillando desde siempre. Porque al arrebatarnos lo inmediato, la oscuridad nos capacita para ver lo real que brilla mucho más lejos. Nos ensancha el horizonte a las dimensiones del universo. Obliga al hombre a emprender el vuelo. La presencia de las estrellas en la noche ha permitido a los hombres largarse tierra adentro, hacerse navegantes.

Cuando la oscuridad de un hombre se preña con una estrella, su Noche mala se convierte en Noche Buena. La oscuridad nos da la oportunidad del silencio y nos capacita para la búsqueda. Nos obliga a ir hombre adentro y nos invita a adentrarnos en el mar. Hay estrellas inalcanzables que regalaron a ciertos navegantes audaces nuevos continentes. Eran hombres con capacidad de largarse al mar, mineros de la noche con la sola luz de una estrella.

Lo fecundo de la noche no está en que nos libera de las cosas inmediatas, sino que libera en nosotros la capacidad de ver más allá de lo inmediato. Nos obliga a ver lo exigente más allá de lo útil. Nos hace superar la necesidad y nos hace crecer hasta el deseo. Por eso nos capacita para la renuncia.
El dolor y la pobreza son fecundos, sólo si nos capacitan para volar.

Mamerto Menapace

jueves, 16 de mayo de 2013

Sufrimiento

Es posible que nada te cause tantos sufrimientos
como tu miedo de sufrir.

Por temor de sufrir tu soledad, sufres el tormento
de una mala compañía.

Por temor de sufrir el corte de una relación, sufres
por años el infierno de una mala pareja.

Por temor de sufrir el peso de las responsabilidades
del adulto, sufres de por vida el pesar de obrar
como un niño inválido.

Por temor de sufrir a causa de tus errores, sufres
las consecuencias del terrible error de no
comprometerte ni jugarte nunca.

Por temor de sufrir el rechazo de los otros, sufres
en tu soledad y tu aislamiento sin nunca salir hacia
el encuentro.

Por temor de sufrir el que alguien no te quiera,
sufres por comportarte tan huidiza o posesivamente,
que logras que todos huyan y te dejen solo.

Por temor de sufrir una relación sexual no bien
lograda, sufres por años la castración de una
impotencia impuesta.

Por temor de sufrir en el infierno, sufres un
infierno anticipado impidiéndote vivir en plenitud y
libertad.

Por temor de sufrir el fracasar en tus empresas,
sufres el terrible fracaso de no emprender ninguna.

Por temor de sufrir el verte sin dinero, sufres por
no disfrutar del dinero que hoy tienes.

Por temor de sufrir la alienación capitalista,
sufres resignado la esclavitud comunista, y por
temor de sufrir el demonio marxista, sufres paciente
el infierno capitalista.

Por temor de sufrir porque tu hijo dé un mal paso,
sufres la pena de verlo sobreprotegido e inmaduro,
incapaz de dar un paso.

Por temor de sufrir la perdida del hijo cuando
crece, sufres por verlo a tu lado fracasado.

Por temor de sufrir la despedida de tus muertos,
sufres el dolor interminable de las muertes no
aceptadas.

El temor sano al sufrimiento es una señal de alarma,
que suena a tiempo para que evites el dolor
innecesario, el temor enfermo al sufrimiento es una
alarma que suena siempre, te impide vivir y te causa
sufrimientos evitables.

René Trossero