miércoles, 8 de octubre de 2014

Sin médicos

Hemos adquirido el hábito de llamar al médico por la más trivial de las enfermedades y, donde no hay médicos, se busca el consejo de simples curanderos. Vivimos con la fatal ilusión de que ninguna enfermedad puede curarse sin medicamentos. Esta creencia ha hecho más daño a la humanidad que cualquier otro mal. No cabe duda de que tenemos que curarnos las enfermedades, pero no son los medicamentos los que las curan. Y no sólo son éstos sencillamente inútiles, sino que a veces son decididamente nocivos. El hecho de que un hombre enfermo tome pócimas y medicamentos es tan tonto como intentar cubrir la mugre que se ha acumulado en el interior de una casa. Cuanto más se la cubre, más rápido será el proceso de putrefacción. Y lo mismo sucede con el cuerpo humano. La enfermedad o el malestar es sólo la advertencia que nos hace la Naturaleza acerca de que hemos acumulado inmundicias en alguna parte del cuerpo: sin duda, sería sabio dejar que la Naturaleza la removiera, en lugar de cubrirla con la ayuda de medicamentos.

Mahatma Gandhi

El autobús y el ferrocarril

En la plaza de la estación del ferrocarril, un autobús esperaba a los viajeros que debían llegar en el tren de las 9 de la mañana. Este llego con toda puntualidad y, durante los minutos en los que el tren aguardaba a que le dieran la salida el autobús iba recibiendo a los pasajeros y sus equipajes, ambos entablaron esta conversación:

-Querido autobús, tu haces lo que te viene en gana; puedes circular con plena libertad; vas por donde te apetece; se te antoja girar a la izquierda o a la derecha , nadie ni nada te lo impide; tu eres libre de verdad . ¡Que suerte tienes! Yo, en cambio, siempre estoy sujeto a estas vías de hierro; ¡Que desgracia la mía si intentara salirme de estos rieles que marcan inexorablemente mi camino!

-¡Cuanta razón tienes, viejo amigo ferrocarril! Yo puedo escoger mi ruta y cambiarla cuantas veces lo desee; puedo descubrir lugares nuevos, horizontes insospechados; incluso, si me apetece, me detengo en una pradera verde y descanso un ratito mientras mis ocupantes toman su almuerzo. Es cierto, pero no todo es tan bonito.
¿ Tú sabes la cantidad de peligros a los que estoy expuesto a cada instante?
Debo andar de ojo avizor en cada paso que doy; los otros vehículos me asaltan por todos lados. ¡Ay de mí, si me distraigo un segundo! ¿Y si me salgo de la carretera? ¿ Y si me arrimo demasiado a la cuneta? ¿Y si me deslumbra el automóvil de enfrente? La catástrofe puede ser monumental.

-Es verdad, no se me había ocurrido. Mi sumisión a la vía reduce mi libertad, pero aumenta mi seguridad. Puedo circular kilómetros y kilómetros con los ojos cerrados y puedo alcanzar velocidades de en sueño...siempre que no me salga de mis pulidos rieles. No soy dueño de mi dirección: mi itinerario me lo marcan los demás; y los cambios de agujas me solucionan las encrucijadas que me podrían hacer dudar.

-Si, viejo tren. Nos ocurre como a las personas ¿sabes? A mas libertad, mas riesgos, mayores peligros, mas responsabilidad ante las decisiones. Es muy bello ser libre, pero también es muy difícil. El precio que hay que pagar por la libertad es altísimo, pero vale la pena.

El dialogo quedo interrumpido por el silbido del jefe de estación que daba la salida al tren. Al mismo tiempo alguien, dentro de un taxi preguntaba en voz alta:

-¿ Por donde vamos a pasar?

Desconozco a su autor

sábado, 4 de octubre de 2014

Llevar primaveras en el corazón

La eterna juventud es llevar primaveras en el corazón

La vida pasa deprisa, los años van transcurriendo y en el camino vamos pasando por un proceso similar al que ocurre en la naturaleza.

Nacemos florecientes como una primavera espléndida, llenos de luz, energía y color, crecemos con muchas ilusiones, exuberantes de vida, pletóricos de ganas de comernos el mundo, recorremos la juventud disfrutando cada momento abriendo relaciones y nuevos amores, generado nuevas amistades por las que daremos todo si es preciso.

Poco a poco nos vamos adentrando en un verano que nos va dando paso a la madurez en donde iremos sosegando el espíritu para ser mucho más serenos sin dejar de ser entusiastas con lo que nos ocurre, pero a medida que los años se suceden y se acerca el otoño, empezamos a mirar el camino de forma diferente, pues sabemos que la próxima estación nos acercará aun más al final del trayecto como si de un tren expreso se tratara.

Y es aquí, en ese otoño de hojas de bronce y veredas polvorientas, donde empezamos a cambiar el enfoque de nuestra vida pues hasta ese momento habíamos estado viviendo mirando al horizonte, pendientes del futuro, generando nuevas amistades, emprendiendo nuevos proyectos, tomando iniciativas, y ahora ocurre en la mente un proceso inverso del que pocos escapan.

Este proceso se inicia porque se empieza a ver partir a algunos de los que nos acompañaron en ese camino, empiezan a irse hacia no se sabe donde a aquellos con los fuimos compartiendo, y sentimos que el río por el que navegamos nos acerca a la catarata final, y desde ahí nacen en nuestra mente pensamientos cada más a menudo, centrados en elucubrar cuando seremos nosotros los que diremos el último adiós, comenzando a mirar hacia atrás, a recorrer mentalmente el camino que nunca volverá, los pasos que dimos o compartimos y sobre los que jamás volveremos a pisar, y en ese cambio desaparece todo lo que nos mantiene vivos.

Y ese es un grave error pues cuando la mente enfoca hacia ese punto, el cuerpo obedece y se abandona, y precisamente es el momento de remover el cajón de los sentimientos, subir al desván donde guardamos todos los sueños incumplidos, proyectos que nunca llevamos a cabo y sacarlos al salón para volver a retomar todo lo que fue quedando en el camino por diferentes motivos.

En ningún lugar está escrito que llegado un momento en la vida debamos abandonarnos y renunciar a seguir en pie, que debamos dejar de llevar el estandarte de la ilusión y los sueños, que estemos obligados a ser un mueble que no sirve y dejar que la corriente nos lleve río abajo hasta el mar.

No, es en esa etapa de la vida cuando debemos aprovechar la experiencia que hemos ido atesorando, para volver a abrir nuevas relaciones, encontrar gente más joven que nosotros con quien relacionarnos, buscar aficciones, hobbies, o emprendimientos que nos llenen de energía e ilusión como cuando teníamos quince años y volver a llenar nuestro corazón de primaveras en donde florezcan los sueños más brillantes y seamos capaces de volver a vivir una segunda juventud, porque no debemos olvidar que las edades no son físicas sino mentales y mientras seamos capaces de seguir construyendo, mientras sigamos enamorados de proyectos y sueños por realizar, seremos jóvenes eternamente.

Fuente: Motivalia

viernes, 3 de octubre de 2014

Frase de Motivación: "Nunca volveremos a ser como antes"

La frase de hoy es "Nunca volveremos a ser como antes" de Paulo Coelho y este es parte del artículo de donde lo ha extraído:

...Hace cinco días que entramos en el otoño europeo, aunque todavía hace calor. Pero el invierno se aproxima, y el frío será implacable. Los árboles que aún están cargados de hojas, murmurarán muy tristes cuando las hayan perdido todas: "Nunca volveremos a ser como antes".

Pensándolo bien, menos mal. Porque si no, ¿qué sentido tendría renovarse? Las nuevas hojas que salgan tendrán su propia personalidad, pertenecen al verano que se acerca, y que nunca podrá ser igual que el ante
rior.Vivir es cambiar, ésta es la lección que nos enseñan las estaciones...

Nos empeñamos en el vocabulario que utilizamos a diario en transmitir que cambiar es malo, en decir frases como "es que yo soy así y no voy a cambiar", "a estas alturas ya no hay quien me cambie", etc. y sin embargo es la propia naturaleza la primera que nos hace ver que es precisamente lo contrario lo que debemos llevar a cabo para poder evolucionar.

Debemos perder parte de lo que somos para ser algo más, para generar algo nuevo. Debemos pasar por otoños e inviernos para poder vivir y ser las primaveras, y eso, aunque pueda ser doloroso al sentir como se desprende de nosotros algo que nos configuraba, es el camino para poder dejar sitio a la renovación, a la nueva vida que vendrá un tiempo después.

Debemos ser conscientes que la vida sin renovación no es vida, que si queremos mantenernos igual, estamos luchando contra las fuerzas de la propia naturaleza, pues solo con recordar esas aguas estancadas que no se mueven, que quedan incomunicadas manteniéndose "sin cambiar", finalmente lo único que logran es pudrirse y morir, y esa imagen debería ser suficiente para darnos cuenta que la evolución es una necesidad.

Y ese cambio interior pasa por no volver nunca más a ser como antes, para poder llegar a ser un nuevo yo mucho mejor.

Viva la renovación, viva el otoño, viva la vida.


Fuente: Motivalia

El esfuerzo y la recompensa

Decía Mahatma Gandhi:

"Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa."

Y aunque al principio nos cuesta entender que el propio esfuerzo lleva implícita la palabra recompensa, y sólo pensamos en el significado de esta última en base a unos resultados medibles, en cuanto unas serie de éxitos reconocibles exteriormente, una vez que vamos madurando y desarrollando lo que llevamos dentro, entendemos una serie de cosas que antes no éramos capaces de visualizar aunque nos las explicasen, y esta frase explica muy bien uno de esos conceptos tan importantes para la vida.

Fuente: Motivalia

martes, 30 de septiembre de 2014

Durar no es vivir

Hace dos años, en el vestíbulo de la estación L´Enfant Plaza del metro de la ciudad de Washington, a muy temprana hora de la mañana, un hombre de vaqueros y camiseta desenfundó su violín, colocó su sombrero en el suelo para recibir los donativos y comenzó a tocar.

Permaneció por un espacio de cuarenta y cinco minutos interpretando seis piezas de Bach. En ese lapso, pasaron por el lugar más de mil personas, de las cuales, siete se detuvieron a escucharlo por unos minutos y veintisiete le dejaron algo de dinero (concretamente, treinta y dos dólares). Todo lo anterior no tendría nada de extraño, si quien estuviera tocando fuera un músico callejero cualquiera, pero se trataba de Joshua Bell, uno de los violinistas más afamados del mundo y a quien se lo considera un superdotado. El violín con el que tocaba era un Stradivarius de su propiedad valorado en tres millones de euros (sonido inigualable) y la música que interpretó fue magistral. El periodista que ideó este experimento social y luego escribió un artículo al respecto, fue galardonado por este trabajo con el Pulitzer en el año 2008.

¿Qué pasó con la gente que circuló por dónde estaba Bell esa mañana? Sorprende ver el video. La gente pasaba a su lado sin detectar la belleza de aquella melodía extraordinaria, a excepción de algunos niños que repararon en el músico e intentaron quedarse pero sus madres los arrastraron rápidamente. Mientras tanto, Bach sonaba en todo se esplendor ante una audiencia sorda, inmutable y acelerada. La conclusión es triste: la vida a veces pasa de largo, acontece como si la cuestión no fuera con nosotros. Estamos físicamente presentes, pero nuestro cuerpo y nuestra capacidad de apreciación y “degustación” parecen disociados. No tenemos tiempo ni espacio para el paisaje. No sé si somos pobres de espíritu, ignorantes musicales o personas insensibles que han pedido el rumbo, pero aquel día y en aquel lugar, la gente no captó el esplendor y la gracia. Durar no es vivir. Nos mantenemos desatentos casi siempre y en una situación casi esquizofrénica entre quienes somos y quienes aparentamos ser. En lo más profundo de cada uno está latente la verdadera esencia nuestro ser que punga por salir, pero en lo superficial, en la conducta manifiesta, ocurre el automatismo y la mecanización de la mente.

Estar conectado al espíritu y a la propia sensibilidad no es una estupidez: mantenerse en contacto permanente con el propio yo es la virtud de las mentes libres. ¿Cuántas cosas realmente hacemos “conscientemente” en lo cotidiano? ¿Por qué los hechos a veces pasan de largo y ni siquiera nos tocan? ¿Acaso no estamos inmersos en el movimiento de la vida? La belleza esta a nuestro alrededor, el encanto la existencia se nos exhibe descaradamente y sin embargo nuestra capacidad de percepción está embotada o embolatada. Admiramos muchos más a un automóvil último modelo que un amanecer o el abrazo de un hijo ¿Cuándo fue que perdimos el norte? Quizás cuando le hicimos demasiado caso a las agencias de socialización o cuando nos dejamos seducir por el mercadeo de una felicidad envuelta para regalo y lista para consumir. Lo que queda claro, es que todos los días, a cada momento, a nuestro alrededor ocurren eventos de todo tipo que podrían asombrarnos y no los vemos, no los sentimos, no los procesamos. Los maestros espirituales de todo el mundo y a través de todos los tiempos han dicho una y otra vez: “¡Despierta!”, y la respuesta, tristemente, ha sido la misma: un bostezo. Insisto: en algún momento de la evolución se detuvo en nosotros el impacto de la sorpresa y por desgracia se instaló la modorra intelectual y afectiva, es decir, hubo una involución, en la cual, sobrevivir se hizo más importante que vivir… Y no nos damos cuenta.

Walter Riso

lunes, 29 de septiembre de 2014

Risa

¿Por qué esperar motivos? La vida tal como es debería ser suficiente razón para reír. Es tan absurda, es tan ridícula. Es tan hermosa… ¡tan maravillosa!

Es todo tipo de cosas al mismo tiempo. Es una gran broma cósmica.

La risa es la cosa más fácil del mundo si la permitís, pero se ha convertido en algo difícil. La gente ríe muy rara vez, y aun cuando lo hace no es una risa verdadera. Las personas ríen como si le hicieran un favor a alguien, como si cumplieran un cierto deber. La risa es diversión. ¡No es un favor a nadie! Igual que con el amor. También el amor es diversión. La risa es diversión. La vida es diversión. Pero, de algún modo, en la mente ha calado hondo que estáis cumpliendo con un deber.

No se debería reír para hacer feliz a otro, porque si vosotros no sois felices, no podéis hacer feliz a nadie. Simplemente deberíais reír por voluntad propia, y sin que exista un motivo en particular.

Si empezáis a analizar las cosas, no seréis capaces de dejar de reír. Sencillamente, todo es perfecto para la risa, no falta nada, pero no lo permitimos. Somos muy mezquinos con la risa, con el amor, con la vida. En cuanto sepáis que se puede dejar de ser mezquinos, pasaréis a una dimensión diferente.

La risa es la verdadera religión. Todo lo demás es metafísica.

DÍA A DÍA, 365 meditaciones para el aquí y el ahora de Osho