domingo, 8 de febrero de 2015

El miedo a morirnos

Un día, hace algunos años, conversando con varios amigos, me percaté de lo pequeño de mi familia, y todavía rodando el dolor de algunas muertes recientes, me sentí mal cuando uno de ellos me dijo:
"-debes prepararte, porque uno se va quedando solo".

Hoy agradezco estas palabras porque me permitieron comprender lo que actualmente, luego de un largo periplo, he podido hacer carne en mí.

No cabe duda que si nadie nos enseñó a qué hacer con la vida, mucho menos nos asomaron qué hacer con la muerte, no sólo con la de los que queremos, sino con la nuestra.

Nuestra cultura, ya agonizante en muchos aspectos, nos dio en respuesta a estas oscuridades, pensamientos como:

"La vida es corta, ¡vívela!,
Lo único seguro es morirse,
En la muerte todos somos iguales,
De pronto te mueres y todo se acaba".

Todos estos pensamientos te subrayan un mismo y gran pensamiento:

LA MUERTE ES LO OPUESTO A LA VIDA, y es éste el que nos esclaviza y nos mantiene en un nado continuo, rápido y directo a la muerte, por eso, bien dice Leonard Orr:

EL PROBLEMA NO ES MORIRSE, ES VIVIR MURIÉNDOSE.

LA VIDA NO TIENE OPUESTOS, es un milagro, en ella ocurren transformaciones, ciclos, vivencias, amores, desamores, etc., pero no opone a nada porque sigue .

Opuesto a la muerte es nacer, nunca la vida, porque vivir es como el mar, el cielo, el viento, ¿te has imaginado que esto desaparezca?

Nunca está inscrito en el milagro, y lo que allí se inscribe no tiene fin. Por eso no entendemos la TRANSFORMACIÓN, y la boicoteamos porque nos refiere solamente el temible reloj que nos enseñaron a temerle porque el fin se acerca.

Todo esto es una idea que desdice de la creación, del amor y del milagro. De allí que encuentres al planeta entero peleando contra el tiempo, la vejez, el deterioro, la enfermedad, al no poder, hasta deformarse en el intento y sucumbir inevitablemente al peso del fin.

Nos cuesta aceptar el encanto de los ciclos, de los cambios, la desaparición de lo viejo, por el regreso de lo nuevo. La gente vive una vida deprimida, sin sentido, resentida, pero se resiste al fin.

Porque en el fondo de todas estas ideas mortuorias, nuestra alma sabe la verdad, pero al no hacerla consciente, no la vive con calidad.

La llamada muerte es una forma de transformación del ciclo de nacer, la vida continúa. Por eso en este instante, mientras lees, toma contacto con alguien que se haya transformado en tu vida, de quien que no tengas su presencia, deja que te toque, que te abrace, siente su calor; en este instante ese ser está vivo en ti.

Por eso, para contactar la vida, sólo hace falta el amor.

No trato de elaborar un tratado filosófico acerca de la muerte o de la vida, simplemente, la que nos vendieron, no nos ha servido, por eso nuestro gran alivio ha sido matar, desaparecer, alejar, dar la espalda, negar, señalar o discriminar.

Y así, tenemos la ilusión de desaparecer a alguien o a algo, y creemos que el problema no está, cuando éste seguirá llamando nuestra atención y envenenando nuestro corazón.

El miedo a morir sólo forma parte de la idea de fin, de la ignorancia del proceso y del no permitirse el disfrute de la transformación, mientras no abramos las cortinas de la vida, seguiremos perseguidos por el dolor, la deformación, el deterioro y la inevitable oscuridad; por todo esto, les invito a dar un sentido grito de alivio:

¡DÉJENME VIVIR!

Desconozco su autor


miércoles, 4 de febrero de 2015

El cuento de las arenas

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto.

Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas. Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera.

Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró: "El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río" El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.

"Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino"

-¿Pero cómo esto podrá suceder?

"Consintiendo en ser absorbido por el viento".

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. "Y, una vez perdida ésta, ¿cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?"

"El viento", dijeron las arenas, "cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río"

-¿Cómo puedo saber que esto es verdad?

"Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río."

-¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?

"Tú no puedes en ningún caso permanecer así", continuó la voz. "Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial."

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento.

También recordó --¿o le pareció?-- que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio.

Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos.

Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia.

Reflexionó: "Sí, ahora conozco mi verdadera identidad". El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron:

"Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña"

Y es por eso que se dice que el camino en el cuál el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

©Awad Afifi

sábado, 31 de enero de 2015

El buscador

A veces te sientes como un arado que barre siempre el mismo surco y piensas que el trabajo sería más blando si caminaras en compañía.

A veces te enredas en la nostalgia de lo que dejaste atrás y, así como el agua busca su nivel tu sangre tira y lleva lejos tu memoria. Miras por sobre el hombro y recuerdas a tus amigos, tu vieja casa, tu ayer o ese alguien especial para ti.

Puedes llegar a maldecir tu decisión de comenzar el camino y te pierdes en los "cómo hubiera sido si..."

Otras veces encuentras injusto el precio de tu soledad y revuelves en los pliegues de tu pasado como quien busca monedas en los bolsillos de un muerto.

Tu mente menor inventa recuerdos y fabrica diálogos que lo expliquen todo: respondes a preguntas que nunca te hicieron e interrogas a quien no tuviste coraje de preguntar.
Pero descubres que no hay risa que devuelva lo perdido, lo llorado, ni dé verde a lo marchito.

¿Pero tú, buscador, estás seguro de haber perdido?

Cuidado: Tú no vives de recuerdos sino que los recuerdos viven de ti. Son miles de bocas que devoran la fuerza que necesitas para seguir adelante. Te digo que no existe nada de malo en esos sentimientos en tanto no te dejes sofocar por los sentimientos. Si esto sucede es porque estás olvidando estás no-recordando.

Dime:
¿De quién te acuerdas cuando te acuerdas de ti?
¿Del niño que corría entre los árboles?
¿Del joven que soñaba con viajes lejanos?
¿De lo que fuiste ayer?

Todas esas vivencias tiene la marca de lo fugaz: Están escritas en tu memoria como la sombra que un pájaro en vuelo deja sobre el agua.

Pero recordarse de sí no quiere decir tener memoria. La memoria y el olvido son funciones de tu mente menor en cambio el recuerdo de sí pertenece al ser profundo.

Escucha: tú no has renunciado a amar por seguir la vía sin embargo puede parecerte que por seguir la vía has dejado de amar.

Recuerda bien, buscador no sea cosa que lo que crees que has perdido sea sólo otro juego de tu mente así como tus recuerdos emotivos pueden ser sólo reflejos condicionados y la historia que añoras un invento de tu nada.

Observa qué curioso:
Ciertas cosas llegan a tu vida cuando ya no las precisas. Arriban con un retardo inexplicable cuando la cola de tu ilusión ya dio vuelta en la esquina.

Un amor demasiado grande y por lo tanto insostenible para tu miedo de amar nunca te embiste al mismo tiempo que su fulgor.

Primero te encandila y te hace soñar después nace en ti el deseo de poseerlo. Entonces desaparece se va de tu vida. En realidad son cosas que te protegen de ellas mismas y te ponen a salvo del riesgo de su presencia por eso a veces tienes la sensación que alguien golpea demasiado tarde a tu puerta.

En el fondo se trata de un acto oculto de respeto y de protección porque el objeto o el afecto que deseabas puede volver a ti pero no en el momento del deseo sino cuando comprendas que puedes vivir sin él.

El buscador no cree en el amor eterno sino en el eterno amor.

Por eso, si recuerdas una gran amistad o un gran amor hazlo con la delicada alegría de los amigos que amaron no con la posesividad de los insatisfechos.

Abre las manos del alma y deja andar su recuerdo como si liberaras una paloma cautiva.

Esto también te servirá para aprender.

®Mario Corradini

viernes, 30 de enero de 2015

La máscara

Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, lo hago para atraer a la gente.

Luego descubro que sólo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás, debido a un estorbo: la máscara.

Uso la máscara para evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara.

Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío, sino de la máscara.

Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que más ofende a las personas con las que quiero intimidar, es la máscara.

Me pongo una máscara, convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja: lo que más deseo lograr con mis máscaras, es precisamente lo que impido con ellas.

-GILBERT BRENSON

lunes, 19 de enero de 2015

¡Yo quisiera ser!

¡LA LUNA!
Para iluminar el camino de los que viven en la oscuridad...

¡SILENCIO!
Para callar la voces que aturden mi corazón...

¡LUZ!
Para disipar las sombras y destacar los colores...

¡NOCHE!
Para alentar a los que luchan de día...

¡VIDA!
Para refortalecer a los que están muriendo...

¡LÁGRIMA!
Para conmover los corazones insensibles...

¡SONRISA!
Para alegrar los rostros y eliminar las amarguras...

¡AMOR!
Para unir a las personas y dar significado en sus vidas...

Desconozco su autor


sábado, 17 de enero de 2015

¿Por qué amar a los animales?

Porque lo dan todo, sin pedir nada.
Porque ante el poder del hombre que cuenta con armas... son indefensos.
Porque son eternos niños, porque no saben de odios... ni guerras.
Porque no conocen el dinero y se conforman solo con un techo donde guarecerse del frío.
Porque se dan a entender sin palabras, porque su mirada es pura como su alma.
Porque no saben de envidia ni rencores, porque el perdón es algo natural en ellos.
Porque saben amar con lealtad y fidelidad.
Porque dan vida sin tener que ir a una lujosa clínica.
Porque no compran amor, simplemente lo esperan y porque son nuestros compañeros, eternos amigos que nunca traicionan.
Y porque están vivos.

Por ésto y mil cosas más...¡merecen nuestro amor...!

Si aprendemos a amarlos como lo merecen... 
estaremos más cerca de Dios.

Maria Teresa de Calcuta

domingo, 11 de enero de 2015

El poder del pensamiento

Tus pensamientos se transforman en tu realidad.

Todo comportamiento proviene de los pensamientos que le precedieron.

Todo logro, grande o pequeño, comienza con un pensamiento, con una visión.

Controlando tus propios pensamientos y enfocándolos en un conjunto de metas determinadas y específicas, habrás tomado absoluto control de tu vida.

Desde el preciso instante en que comiences a visualizar tu propio futuro, dejarás de ser una víctima de tus circunstancias.

Nadie puede influir en tus pensamientos a menos que tú lo permitas.

Nadie más que tú puede controlar tus pensamientos.

Selecciona cuidadosamente las personas que tendrán influencia sobre tus pensamientos.

Rodéate de aquellos cuya estructura mental sea positiva, responsable, inteligente y con la mente abierta.

La persona que eres en tu interior determina la persona en la que te conviertes en el exterior.

Tu mente, tu cuerpo y todo el mundo que te rodea, están pidiendo a gritos una dirección, esperando ser moldeados y guiados por tus pensamientos; esperando poder ponerlos de manifiesto.

Piensa en la persona en la que deseas convertirte, porque te convertirás en la persona en la que estás pensando.

Desconozco su autor