Tiene fuerza este pensamiento del filósofo francés René Descartes:
“La pasión es el único abogado que siempre convence.
El hombre más simple será más persuasivo que el más elocuente que carezca de pasión”.
Pocas barreras frenan a a aquel que busca una meta con pasión o con un deseo vehemente.
La pasión es el motor de las grandes obras.
La pasión es una entrega total a lo que se hace, unida a las ganas y al compromiso.
Es una cualidad que acompaña a los que se valoran y destierran las dudas con una firme confianza y un trabajo tesonero.
Para lograrlo gozan de buenas amistades y suelen tener como modelos a los grandes hombres.
Son personas que hacen memoria no de sus fracasos sino de sus éxitos y aprovechan al máximo el presente.
No viajan al ayer con la culpa ni al mañana con la preocupación y llenan su alma de luz y optimismo.
Su pasión los convierte en agentes del bien y en seres felices.
Desconozco a su autor
No colecciono mariposas, ni cachivaches, ni estampillas, colecciono palabras, sentimientos, valores que tienen como autores a mi familia y amigos.
Tengo en mi mente un Banco con intereses que me devuelve con creces la abundancia de la palabra “Amor”, que se vuelve “valor”, que se expresa en sentimiento y vuelve contentos a los románticos, a los compositores, a los escritores, poetas, y en general a todos los que se sienten nutridos con esta mágica poción.
Colecciono la palabra “Sabiduría”, con comprensión, entendimiento, conocimiento y me da el sabor de la reflexión, de la integración, del análisis, la síntesis, la división y la integración, el orden y la transformación , el poder de decir “no” cuando bien comprendo o de decir “si” cuando me hace posible mi evolución.
Colecciono la palabra “Voluntad”, que me hace dinámica, que me motiva a la acción , a la ejecución, a la creatividad, al desarrollo de cualquier habilidad, a sentirme segura y confiada en mi realización.
Que bien me va con la palabra “Fortaleza”, con valor, con destreza, con vigor, con respeto, con honor, con honestidad y lealtad, con integridad, me maravillo con la “bondad”, con la “belleza”, con la grandeza porque con ellas decora mi alma y me da calma en estos momentos de dolor.
Suaviza mis síntomas y me coloca en una cima donde puedo meditar y vibrar energéticamente con la meditación, y “espiritualidad” se convierte en el compendio de todas las bellas palabras que me significan transformación y comunicación.
V. Lucía Aristizábal

Si me dejo llevar por una serie de lamentaciones, me hundo, cada vez más, en el abismo.
Los pensamientos oscuros siguen atrayendo hacia mí nuevas miserias.
Debo vivir hoy. No puedo cambiar los acontecimientos.
¡Si lograse, tan sólo, dejar un resquicio para los recuerdos hermosos!
¡Si consiguiera no preocuparme tanto del mañana!
¿Qué tengo hoy de nuevo? La salud. El sol en el cielo. Comida y bebida. Un niño que me sonríe. Una flor en casa.
Tal vez busco la felicidad demasiado lejos de mí. ¡la felicidad se parece a las gafas! No las veo y, sin embargo, están sobre mi nariz! ¡Tan cerca!
Phil Bosmans
Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría, pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo, “Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelará”.
Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba. Era cara.
Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Después de la batalla, un teniente le dijo el general,
“Nadie puede cambiar el destino”.
“Es verdad”, contestó el general mientras mostraba la moneda al teniente, que tenía cara en ambos lados.
Obviamente la historia es irreal en el sentido de que una moneda no puede decidir nuestro futuro, sin embargo, nos deja muy claro que muchas veces, hemos perdido la batalla porque antes de iniciar nos creemos incapaces.
Es usual cuando hay exámenes por ejemplo, que muchos lo han perdido antes de iniciar, pues su actitud así lo propicia.
Todos tenemos muchas situaciones hoy en nuestra vida, y podemos enfrentarlas solos, con miedo, con angustia y creyéndonos perdedores.
Por mas cansado que te encuentres, por más difícil que veas la situación, aunque ya no sientas que tienes fuerzas. Puedes ganar, puedes vencer, puedes seguir adelante.
Desconozco su autor

En este mensaje al corazón te decimos, ¡Necesitamos Silencio! Sí, necesitamos silencio en nuestras vidas para poder vivir a plenitud.
Necesitamos silencio en nuestros corazones para contemplar las maravillas que nos rodean: la naturaleza con sus diferente tonalidades de verdes, los colores de las amapolas, de los lirios, de las rosas, las formas caprichosas de las rocas, la majestuosidad de las montañas, la humildad de las pequeñas colinas, la paz de los valles. La belleza de un atardecer, o de una noche de luna, o de un día soleado de campo, que se pierde porque nos falta silencio y soledad para contemplarlos.
Se necesita silencio para meditar en esos gestos de amor que tiene mucha gente para con nosotros. Para saborear la ternura de una madre que ama a sus hijos. Para contemplar la comprensión de nuestro amigo que no nos falló en los momentos de crisis. Para contemplar esos actos llenos de perdón que ha tenido la gente que nos ama.
Necesitamos silencio para ver la belleza escondida en el rostro sucio y travieso de un niño, en el candor e inocencia de un nene durmiendo, en la grandeza escondida de un pequeño que irá creciendo y se irá haciendo un hombre lentamente, y que ya tiene esa grandeza en potencia, en germen.
Se necesita silencio para poder contemplar la grandeza de tantas vidas heroicas, que han brindado lo suyo para hacer de este mundo un mundo mejor y que han estado muy cercanos a nosotros brindando su pan, su consejo, su amor, su perdón, su comprensión.
Necesitamos silencio para escuchar la voz del que sufre, la voz del que padece, el lamento del que nos necesita. Hay mucho lamento de soledad, de miedo, de dolor, de hambre, y de vacío. Hay mucha gente que sufre y el ruido en que vivimos nos impide contemplar el sufrimiento y el dolor de tanta gente. Necesitamos silencio para escucharlos.
Autor: Mons. Rómulo Emiliani.
Copia parcial (Un mensaje al corazón)

Ya no anda mi corazón con sed, ni mis manos palpando vacíos, ni mis ojos buscando distancias, ni insípida mi boca, ni rotos mis sueños, ni desierto mi camino.
Ya nadie me roba las estrellas, ni me aplasta las pisadas, ni me quita la risa. Nadie.
Porque ahora soy yo la que he aprendido a engarzar los sueños, a volar con las mariposas y a escudriñar el cielo.
Ahora sé lo que antes no sabía.
Y soy.
Zenaida Bacardí de Argamasilla
¿Por qué tenemos tanto miedo a mostrarnos? Abrir nuestro interior a la luz del día, por supuesto, es difícil. Si me vas a conocer, tengo que estar dispuesta a compartir contigo los miedos, enojos y envidias que parecen disminuirme como persona. Y eso me aterra.
Sin embargo, si nos aislamos, guardando nuestros secretos y nuestras emociones, sucede una extraña fermentación interna que con el tiempo se convierte en veneno y eventualmente nos mata.
El poeta John Berryman, que saltó a su muerte desde un puente, dejó escrito: “Nos enfermamos tanto como nos reservamos”. ¡Qué razón tenía!
Según el psicólogo John Powell, tememos bajar la máscara por varias razones: miedo a la intimidad, miedo a la separación, miedo a la fusión, miedo al rechazo y miedo a la responsabilidad.
Nos da miedo la intimidad; no sabemos a qué caminos nos pueda llevar. Temo mostrarte mi lado flaco, mi lado oscuro. Por lo tanto, evito comunicarme íntimamente contigo.
A algunos nos da miedo la separación. No quiero acercarme mucho a ti porque, quizá, después me dejes y eso me puede lastimar.
Otros tememos la fusión. ¿Si comparto todo contigo, qué me va a quedar para mí? ¿Todavía podré mantener mi propio pedazo de territorio, ése donde puedo estar solo?
También le tenemos miedo al rechazo. Si de verdad me conoces, sin edición, no te voy a gustar. Quizá pierdas poco a poco el interés una vez que sepas todo sobre mí. Así que sólo te muestro mi salón de trofeos y cierro el que guarda mis debilidades.
Por último, existe el miedo a la responsabilidad. Si me acerco mucho a ti, me involucro a fondo, y eso me obliga a estar cuando tú me necesites. No sé qué tan dispuesto estoy al compromiso.
Con estos miedos, disfrazamos nuestro verdadero yo. Disfrazamos uno de nuestros más fuertes y grandes atractivos: el encanto natural que viene de ser uno mismo.
Así que el secreto para evitar la soledad emocional y lograr la aceptación de los demás, paradójicamente, está en quitarnos las máscaras, porque de esta manera asumo los riesgos y me muestro tal como soy, con todo y mis defectos, entonces tú percibirás que confío en ti. Con esto te invito a hacer lo mismo.
Autor desconocido