viernes, 27 de febrero de 2015

La oruga

Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un Chapulín:

- ¿Hacia dónde te diriges?, le preguntó.

Sin dejar de caminar, la oruga contestó:

- Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el chapulín dijo, mientras su amigo se alejaba:

-¡Debes estar loco! ¿Como podrías llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga!.

Una piedra será para ti una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.

Pero, … el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

De pronto se oyó la voz de un escarabajo:

-¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?

Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante:

- Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo.

El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo:

- Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa.

Y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.

Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir de su sueño!

-¡No lo lograrás jamás! - le dijeron-, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar:

- Estaré mejor, fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió “por querer realizar un sueño irrealizable”.

Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una
ADVERTENCIA PARA LOS ATREVIDOS. De pronto quedaron atónitos.

Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta.
Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: UNA MARIPOSA.

No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.
“Todos se habían equivocado”.
Desconozco su autor


La vasija de barro

Cuenta la historia de un hombre que vivía en las montañas había heredado de sus abuelos una vasija de barro muy antigua. La tenía en el suelo abandonada que ya el polvo casi no le dejaba ver los dibujos que la adornaban y su dueño no la tomaba en cuenta para nada, más bien la consideraba un estorbo.

Un buen día pasó por la casa de aquel hombre un artista de la ciudad que sabía mucho sobre el arte de los antiguos. Y al ver la vasija le preguntó a su dueño si quería venderla. El hombre se rió y le dijo:

-Pero señor, ¿quién va a querer comprar esa vasija de barro?

El artista le dijo: -Yo le daré cien pesos por ella.

El hombre se puso muy contento. No sólo se iba a deshacer de aquel estorbo, sino que encima le iban a dar dinero.

Muchos días después, el hombre que vivía en las montañas tuvo que ir a la ciudad. Caminó por las calles y vio que un montón de gente hacía fila frente a una tienda, donde un hombre estaba gritando:

-¡Vengan a ver la obra de arte que acaba de ser descubierta! Por sólo 200 pesos usted podrá conocerla.

El hombre pagó los 200 pesos para ver la obra de arte que anunciaban. Y su sorpresa fue enorme al darse cuenta de que era la misma vasija de barro que él había vendido por cien pesos.

A muchos de nosotros nos puede pasar igual que aquel hombre de las montañas: que de tanto ver las cosas no sabemos apreciar lo valioso que tenemos a la par.

Desconozco a su autor

martes, 24 de febrero de 2015

Los sentidos

Usa tus ojos para ver la belleza de la vida, o para ver el interior de las personas… No los uses para criticar maliciosamentede cómo se ven o visten los demás, o para juzgar a las personas, sólo por sus apariencias.

Usa tus oídos, para escuchar a tu prójimo, y poder ofrecerle una palabra de aliento, para escuchar los sonidos agradables,que te ayudan a olvidar las dificultades, y edifican tu interior. No los uses como un arma, o para envenenar a los demás.

Usa tu olfato, para percibir el olor de las flores, del perfume, del amor… No lo impregnes, con los malos olores, como lo son el odio, el egoísmo, la traición.

Usa tu gusto, para saborear el triunfo de tus metas alcanzadas, de los logros obtenidos con esfuerzo y dedicación… No lo uses para saborear las derrotas de otros.

Usa tu tacto, para sentir y dar amor, para tocar a las personas con tus deseos positivos, con tu caridad… No lo uses para pedir injustificadamente.

El sexto sentido, el más importante, es el que nos da la sabiduría para distinguir la diferencia entre los otros sentidos, entre el bien y el mal, entre dar o recibir, entre construir o desmoronar.

A veces miramos sin ver, oímos sin escuchar, olemos sin percibir, probamos sin saborear, tocamos superficialmente.

Usa tus sentidos sabiamente, no se trata de cuantos tengas, sino de cómo los utilizas…

Desconozco su autor

lunes, 23 de febrero de 2015

La magia del entusiasmo

"Los integrantes de una humilde familia hacían lo posible por ser felices, pero como eran tiempos duros, a veces resultaba difícil. Bastaba con ver la fachada de su casa para darse cuenta de que algo no iba bien. Ya no se preocupaban por limpiar las ventanas, ni cuidar el pequeño jardín que tenían al frente. La cerca estaba totalmente desbaratada y la puerta principal ya no tenía pintura.

Un día, el hijo mayor fue al mercado y mientras estaba allí, observaba con curiosidad a la gente entusiasta que compraba. Le llamó poderosamente la atención un bello jarrón, en un pequeño puesto donde vendían artículos de segunda mano. Al verlo, entusiasmado, buscó las pocas monedas que tenía en el bolsillo; era lo justo que se requería para comprarlo, pero hacerlo significaba que se quedarían sin dinero. Pensó que no estaban para derroches, pero era tan especial… Además, a su mamá le encantaría.

El vendedor, mientras se lo envolvía, le dijo: 'Disfrútalo y cuídalo mucho, porque este jarrón es mágico'.

Y en efecto, toda la familia se entusiasmó con su compra, y nadie le reprochó que se hubiera gastado sus últimas monedas en él.

Un día, al observar la belleza del jarrón, el padre se dio cuenta de lo arruinada y descuidada que estaba la sala. Así que sin pensarlo, entusiasta, buscó la brocha y un poco de pintura que quedaba y en pocas horas dejó la habitación como nueva.

Cuando el segundo hijo vio lo bien que quedó la sala, tomó un cubo con agua y jabón y lavó todas las ventanas. Cuando el tercer hijo miró a través de estas, notó el terrible estado en el que estaba el jardín, así que cortó el césped, quitó las malas hierbas y removió la tierra.

El cuarto hijo, al ver la tierra limpia, plantó semillas. Cuando llegó el verano, la hija menor salió al jardín y notó que habían florecido las margaritas; cortó algunas y se las llevó a su madre para que las pusiera en el jarrón".

Cuando perdemos la motivación, el entusiasmo y la alegría, caemos fácilmente en un estado de abandono y apatía que se refleja en todas las áreas de nuestra vida.

La mayoría de las veces nos quedamos esperando a que alguien tome la iniciativa o que pase un evento con la suficiente fuerza como para cambiar y mejorar nuestra condición de vida, sin que tengamos que hacer algo para conseguirlo.

Nuestra felicidad no depende de lo que tenemos o de lo que todavía no hemos podido conseguir. La felicidad depende básicamente de nuestra actitud y de la forma de asumir e interpretar la vida; no se experimenta afuera, sino adentro y cada uno de nosotros puede recuperar la motivación y el entusiasmo necesarios para construir su propia felicidad.

Cuando nos sentimos a gusto con nosotros mismos, disfrutamos cada cosa que hacemos, y aceptamos y resaltamos los elementos positivos que tiene el lugar donde estamos, experimentamos la felicidad, que no es otra cosa que ese sentimiento de plenitud y de alegría interior. Cuando abrigamos sueños y trabajamos por la realización de los mismos; cuando tenemos metas, aunque estas sean pequeñas y cumplimos con ellas, atesoramos la satisfacción silenciosa de haberlas alcanzado a pesar de tantos obstáculos superados.

Muchas veces elegimos ser infelices por causa de situaciones pequeñas e intrascendentes a las que prestamos demasiada atención, permitiéndoles que nos afecten profundamente y que nos hagan perder el equilibrio y la felicidad que teníamos.

Dejemos de prestarle atención a todo aquello que se presenta en forma negativa o diferente a lo que esperábamos, tomemos la decisión de atender y mostrarle interés sólo a todo lo bueno y lo grato que nos suceda cada día, aunque sea muy pequeño; de esta manera podremos extender el bienestar y la alegría que nos permitirán superar los momentos difíciles, y disfrutar más de la vida.

Claves para retomar la vida con entusiasmo:

-Realiza tus tareas con alegría. Cuando hacemos nuestro trabajo con calidad, pasión, amor y entrega, podemos proyectar lo mejor de nosotros y conseguir los mejores resultados.

-Cambia las viejas fórmulas. Si te repites una y otra vez los mismos pensamientos negativos, si te dejas manipular creyendo que la felicidad consiste en comprar y acumular, te alejarás cada vez más de la felicidad verdadera.

-Involúcrate en nuevos proyectos. Es preciso renovar nuestra vida, llenarla de emociones y de proyectos nuevos. Siempre que te encuentres decaído y desanimado, haz algo que esté fuera de la rutina y renueva tu estado de ánimo.

-Todo, absolutamente todo puede convertirse en una actividad gratificante cuando se realiza con una actitud apropiada y el deseo de ser felices.

¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar muy bien!

Autor Desconocido

jueves, 12 de febrero de 2015

Pero y qué sientes tú?

Cuando las personas se encuentran con dificultades en la relación, tienden a culpar a su pareja. Ven claramente cuál es el cambio que necesita hacer el otro para que la relación funcione, pero les es muy difícil ver qué es lo que ellas hacen para generar los problemas. Es muy común encontrar estas respuestas en una sección de pareja:

- ¿Qué te pasa?
- Lo que me pasa es que él no entiende.

Yo insisto:

- ¿Qué te pasa a ti?

Y ella vuelve a contestar:
- Lo que me pasa es que él es muy agresivo.

Y yo sigo hasta el cansancio:

- ¿Pero qué sientes tú? ¿Qué te pasa a ti?

Es muy difícil que la persona hable de lo que le está pasando, de lo que está necesitando o sintiendo. Todos quieren siempre hablar del otro. Es muy diferente encarar los conflictos que surgen en una relación, con la actitud de revisar "¿qué me pasa a mí?", que enfrentarlos con enojo, pensando que el problema es que estoy con la persona inadecuada.

Muchas parejas terminan separándose a partir de la creencia de que con "otro", sería distinto, y por supuesto, se encuentran con relaciones similares, donde el cambio es sólo el interlocutor. Por eso, frente a los desacuerdos, el primer punto es tomar conciencia de que las dificultades son parte integral del camino del amor. No podemos concebir una relación íntima sin conflictos. La salida sería dejar de lado la fantasía de una pareja ideal, sin conflictos, enamorados permanentemente.

Es sorprendente ver cómo la gente busca esta situación ideal. Y cuando el señor x se da cuenta de que su pareja no corresponde con ese modelo romántico ideal y novelesco, insiste en decirse que otros sí tienen esa relación idílica que él está buscando, sólo que él tuvo mala suerte porque se casó con la persona inadecuada.

¡NO! No es así. No se casó con la persona inadecuada. Lo único inadecuado es su idea previa sobre el matrimonio, la idea de la pareja perfecta. En cierto modo me serena saber que esto que no tengo, no lo tiene nadie, que la pareja ideal es una idea de ficción y que la realidad es muy diferente. El pensamiento de que el pasto del vecino es más verde o que el otro tiene eso que yo no alcanzo, parece generar mucho sufrimiento. Quizá el aprender estas verdades pueda liberar a algunas personas de estos tóxicos sentimientos.

La realidad mejora cuando me decido a disfrutar lo posible, en lugar de sufrir porque una ilusión o una fantasía no se dan. La propuesta es: "HAGAMOS CON LA VIDA LO MEJOR POSIBLE..." Sufrir, porque las cosas no son como yo me las había imaginado, no sólo es inútil, sino que además es infantil.

Esta es la nueva propuesta, empezar a pensar en la pareja desde otro lugar, desde el lugar de lo posible y no del ideal. Por eso es que vamos a intentar ver los conflictos no sólo como un camino para superar mis barreras y poder acercarme así al otro, sino también como un camino para encontrarme con mi compañero, y por supuesto, a partir de lo dicho, como un camino para producir el transformador encuentro conmigo mismo.

Estar en pareja ayuda a nuestro crecimiento personal. La relación suma, por eso vale la pena. Vale la pena (es decir, vale pensar por ella). Vale el sufrimiento que genera. Vale el dolor con el que tendremos que enfrentarnos, y es valioso porque cuando lo atravesamos, ya no somos los mismos, hemos crecido, somos más conscientes, somos más plenos.

©Jorge Bucay y Silvia Salinas


¡Quiero volver a confiar!

Fui criada con principios morales comunes:

Cuando era niña, madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos eran autoridades dignas de respeto y consideración.

Cuanto más próximos o más viejos, más afecto.

Inimaginable responder maleducadamente a los más ancianos, maestros o autoridades.

Confiabamos en los adultos porque todos eran padres , madres o familiares de todos los chicos de la cuadra, del barrio, de la ciudad.

Teníamos miedo apenas de lo oscuro, de los sapos, de las películas de terror.

Hoy me dio una tristeza infinita por todo lo que perdimos.

Por todo lo que mis nietos un día temerán.

Por el miedo en la mirada de los niños, jóvenes, viejos y adultos.

Derechos humanos para criminales, deberes ilimitados para ciudadanos honestos.

No tomar ventaja, es ser idiota.

Pagar deudas al día es ser tonto... Amnistía para los estafadores...

¿Qué pasó con nosotros?

Profesores maltratados en las aulas, comerciantes amenazados por traficantes, rejas en nuestras ventanas y puertas.

Autos que valen más que abrazos,

Hijas queriendo una cirugía como regalo por pasar de año.

Celulares en las mochilas de los jovencitos

¿Qué vas a querer a cambio de un abrazo?

La diversión vale más que un diploma.

Más vale una pantalla gigante que una conversación

Más vale un maquillaje que un helado.

Más vale parecer que ser...

¡Quiero sacar las rejas de mi ventana para tocar las flores!

Quiero sentarme en la vereda y tener la puerta abierta en las noches de verano.

Quiero la honestidad como motivo de orgullo.

Quiero la rectitud de carácter,
la cara limpia y la mirada a los ojos.

Quiero la vergüenza, y la solidaridad.

Quiero la esperanza, la alegría,
la confianza

Quiero callarle la boca a quien dice:
"tenemos que estar a nivel de...", al hablar de una persona.

Abajo el "TENER", viva el "SER"

Y viva el retorno de la verdadera vida,
simple como la lluvia, limpia como un cielo de abril, leve como la brisa de la mañana!

Y definitivamente bella, como cada amanecer.

Adoro mi mundo simple y común.

Vamos a volver a ser "gente".

Construir un mundo mejor, más justo, más humano, donde las personas respeten a las personas.

¿Utopía?

¿Quién sabe?...

Hagamos el intento:

Empecemos a caminar creyendo primero y después transmitiendo este mensaje.

Nuestros hijos se lo merecen y nuestros nietos nos lo agradecerán.

Desconozco a su autor


miércoles, 11 de febrero de 2015

Superando obstáculos

A veces tenemos tanto que aprender de aquellos que nos han dañado, tanto que aprender de aquéllos que consideramos nuestros enemigos y en verdad no lo son, a veces tenemos tanto para decirles y qué terrible sería no hacerlo.

Por eso valoremos a aquellos que se exponen, que se hacen cargo de su actitud, de aquellos que ponen el cuerpo y piden perdón cuando se equivocan, con aquellos que se prestan para escuchar lo que tenemos que decirles, hoy, en una sociedad donde es más fácil esquivar la responsabilidad, donde es más fácil evitar la historia, donde es más fácil echarle la culpa al de afuera deslingándose de todo. Ante estas personas lo que uno tiene que sentir es gratitud.

Tenemos que construir un presente liberándonos del pasado, de aquello que en una situación dada nos hizo daño y para esto hay que saltar algunos obstáculos que la vida nos depara.

Se trata de aprender que esos obstáculos no se pasan si antes no se produce un aprendizaje. Las cosas que nos suceden están en nuestra vida para que aprendamos de ellas porque sino aprendemos se volverán a repetir.

Los obstáculos que no se superan producen enojos y broncas que se estacan en nosotros y no nos permiten continuar de una manera sana con nuestra vida.

Cuando hablamos de un duelo, hablamos de la sensación de pérdida de algo o de alguien en nuestra vida, pero existen diferencias entre el dolor y el sufrimiento:

Porque el dolor es el tránsito por un espacio que me genera una sensación de estar herido por dentro. El sufrimiento es quedarse a vivir en ese lugar de dolor y no poder salir de el. El dolor en si es saludable si consideramos que nos permite ver que algo dentro nuestro nos está causando daño, es una llamada de atención a la que tendremos que ir para poder sanar.

La protesta difiere de lo que es la queja. Siempre es saludable hablar sobre aquello que no nos gusta, quejarse es instalarse de manera contínua en una protesta.

Poner límites difiere del hecho de aislarse. Poner límites a alguien y decirle; "hasta acá llegaste porque no me gusta lo que haces" difiere del hecho de aislarme de todo y de todos porque no puedo o no se poner límites para que no me sigan lastimando. Es como si uno dijera “bueno no me enamoro mas de nadie porque la última vez que me enamore me lastimaron”, de alguna manera me aíslo, me preservo de... para que no me vuelva a suceder lo mismo.

La bronca como manifestación de desagrado difiere del enojo.

Para dar un ejemplo es como si me entrara una basura en el ojo, me enojo, me siento irritado, me siento molesto, no veo con claridad nada, estoy fastidioso y muchas veces terminamos enojandonos con quien no lo merece.

Entonces y solo entonces, habrá que aprender a poner en palabras esa bronca y decir “Esto no me gusta” porque si no lo hago seguramente esa bronca contenida se transformará en enojo.

Decía Aristóteles: “Enojarse es fácil, pero enojarse en la magnitud adecuada, con la persona adecuada, en el momento adecuado eso es cosa de sabios”.

Muchas veces la bronca contendida me lleva al enojo y ese enojo me genera angustia y cuesta manejarlo. Y esto sucede porque en muchas ocasiones sentimos temor de decir lo que nos pasa por miedo a que nos dejen de querer, de que nos dejen de aceptar, de que el otro sea quien se enoje con nosotros. Muchas veces nos guardamos dentro lo que queremos decir porque pensamos que si lo decimos tal vez lastimemos al otro, cuando en verdad a quien nos lastimamos es a nosotros mismos. A veces preferimos transitar el camino de enojarnos en silencio en vez de hablar o explicar lo que sentimos, o bien aislarnos cuando en realidad asi estamos pagando un precio que no queremos ni debemos pagar.

Cuando el enojo se instala, el enojo guardado comienza a doler y nos conduce al rencor, y del rencor pasamos al resentimiento el cual no tiene salida porque es como quedarse atrapado en una situación de la que cuesta mucho poder salir.

Muchas veces guardamos resentimiento contra alguien que ya no está presente en nuestra vida y nuestro problema no está en el afuera, está dentro nuestro, con todo aquello que el otro dejó instalado dentro mío, llamémosle, palabras hirientes, actitudes que no podemos olvidar y la falta de todo aquello que necesitábamos de esa persona. Lo importante entonces no es su ausencia sino la presencia en mi vida de todo lo que me faltó del otro, de aquello que la otra persona no pudo o no quiso darme.

El perdón se construye, se aprende, uno aprende a perdonar, no nace solo, se construye en el día a día hasta que llegue un punto en que no nos haga falta que venga el otro a pedirnos perdón, simplemente se perdona construyendo nuestra propia capacidad de perdonar, porque perdonar es liberador para quien perdona no para quien recibe nuestro perdón.

Habrá entonces que sacar todo afuera para que adentro nazcan cosas nuevas, como la confianza, el amor, la compasión que me va a conducir al perdón para librarme de todo aquello que me daña y poder seguir adelante.

"He dejado de ser para encontrarme, buscando detrás de lo que otros esperan de mi".

"He dejado de ser para buscarme, por debajo de lo que otros dicen que soy".

"He dejado de ser y me he encontrado, olvidando temores cara a cara conmigo, transparente y desnudo".

"He dejado de ser para brindarme sin pretensiones, ni competencias, sin miedos, ni apuros ni exigencias, para compartir y entregarte esto que soy, sin que importe ya más lo que he sido."

Jorge Buscay


martes, 10 de febrero de 2015

Disfrutar

La palabra disfrutar no casualmente viene de la palabra fruto.

Disfrutar quiere decir tomar del árbol de la vida sus más preciados frutos y saborearlos, saborear el hecho de vivir.

Qué estúpido sería tomarnos el trabajo de hacer crecer un árbol y después no permitirnos siquiera tomar esos frutos para sentir su sabor.

Qué idiota suena el trabajo de hacer crecer los frutos que uno nunca comerá, ni dejará para que otros coman ni regalará a nadie para que disfrute, ni pondrá a disposición de quien los precise.

A veces me resulta muy triste hablar con gente que me llama, me escribe una carta o me cruzo circunstancialmente, gente que me cuenta que se ha pasado toda la vida preparando el terreno, toda la vida aireando la tierra, toda la vida comprando abonos y fertilizantes, toda la vida consiguiendo semillas más y más sofisticadas, toda la vida viajando a buscar los fertizantes más caros, y los tutores más específicos, gente que ha gastado fortunas en planes de riego y tiempo incontable en su sacrificio personal, y ha cuidado esas plantas renunciando a muchas cosas, hasta verlas crecidas.

Gente que ahora, que encuentra esos árboles ahi, con los frutos prontos... ahora, no se anima a comer de ellos.

Qué estúpida esencia la del ser humano cuando obra de esta manera.

Qué imbécil idea de lo que es la vida, hacer crecer el fruto para luego no darse el permiso de disfrutarlo.

Qué bueno sería animarse a saber que aquello que le da sentido a la siembra es poder disfrutarla, o poder compartirla, o poder decidir cederla para que otro la disfrute...

Jorge Bucay
El Camino de la Felicidad

lunes, 9 de febrero de 2015

Despídete

Lo más triste no es despedirse, sino no saber hacia donde ir....

Y lo más triste no es despedir al que parte sino no saber dónde y para qué te quedas.

Si toda la vida es un camino, y si toda la vida es un búsqueda, acéptalo aunque te duela, toda la vida es una despedida. Y solo aprendiste a vivir cuando aprendiste a despedirte.

Y no habrás aprendido a caminar en libertad, buscando lo no alcanzado, mientras no te hayas despedido de lo andado y lo logrado.

Despedirse es condición de todo lo que se mueve en el tiempo. ¿Cómo estarías viviendo hoy sin haberte despedido del ayer?

¿Como quisieras vivir tu mañana, sin despedirte de tu hoy?

Pero presta atención, que no es lo mismo dejar que despedirse. Todos vamos dejando, pero no todos nos despedimos.

Los animales se dejan, se separan. Las personas podemos hacer algo más... despedirnos.

Lo dejado sin despedida, puede estar ausente o alejado en el espacio, pero sigue adherido al corazón, quitándote la libertad que necesitas para vivir tu presente.

Tu primer alejamiento sucedió cuando naciste; es lo primero que perdiste o dejaste, el seno de tu madre, cuando todavía no estabas capacitado para despedirte.

Por eso dicen por ahí que mientras no te hayas despedido, guardas en lo profundo una secreta nostalgia y un oculto deseo por regresar.

Y el camino de la vida así comenzado, con una perdida y una despedida se hace un largo peregrinar con llegadas y partidas.

Si, eso es crecer. Hermoso desafió el de acercarte a la madurez y la plenitud de ser tu mismo.

Pero crecer es doloroso, como lo fue tu nacimiento. Por eso cuantas personas se detienen y no quieren crecer, porque les cuesta despedirse.

Dejar de ser el niño protegido, para entrar en las aguas turbulentas de la adolescencia conflictiva.

Duele dejar la adolescencia descomprometida, para asumir la juventud con exigencias y responsabilidades. Duele aceptar la madurez adulta, renunciando a la juventud eterna.

Duele envejecer sintiendo que se acerca el momento de lo último, para celebrar festivamente el encuentro final.

La despedida que no cerraste con una buena despedida, es como una herida abierta, que sangra cada vez que la golpeas con una nueva pérdida. Deja un hueco de ausencia, que buscarás llenar sin darte cuenta, y que te hará llorar con desmesura toda nueva despedida.

Los consultorios psicológicos, son salas de auxilio y talleres de reparación, puestos a la vera del camino para que sean socorridos los que no pueden continuar su marcha, por el peso de las despedidas inconclusas.

La libertad y la valentía que no tienes para despedirte de todo lo dejado y lo perdido, son la libertad y la fuerza que te faltan para seguir andando.

Despídete: De tus padres, y cuídate de ti mismo, haciéndote responsable de tu vida.

Despídete: De los hijos que ya no te necesitan, y déjalos ser libres

Despídete: De lo bueno que viviste, sin apegarte al tiempo que pasó, por temor del presente y el futuro.

Despídete: Del mal que cometiste, sin atarte por culpas y reproches perdonándote a ti mismo.

Despídete: De los que muriéndose partieron. Para que dejes de esperar su regreso, y camines tu camino en la esperanza de encontrarte tú con ellos....

Despídete: Deja correr el río de la vida, llevándose las aguas que estás viendo para que tengan lugar ante tus ojos las aguas que no viste todavía, y que ya están viniendo...

Desconozco su autor


domingo, 8 de febrero de 2015

El miedo a morirnos

Un día, hace algunos años, conversando con varios amigos, me percaté de lo pequeño de mi familia, y todavía rodando el dolor de algunas muertes recientes, me sentí mal cuando uno de ellos me dijo:
"-debes prepararte, porque uno se va quedando solo".

Hoy agradezco estas palabras porque me permitieron comprender lo que actualmente, luego de un largo periplo, he podido hacer carne en mí.

No cabe duda que si nadie nos enseñó a qué hacer con la vida, mucho menos nos asomaron qué hacer con la muerte, no sólo con la de los que queremos, sino con la nuestra.

Nuestra cultura, ya agonizante en muchos aspectos, nos dio en respuesta a estas oscuridades, pensamientos como:

"La vida es corta, ¡vívela!,
Lo único seguro es morirse,
En la muerte todos somos iguales,
De pronto te mueres y todo se acaba".

Todos estos pensamientos te subrayan un mismo y gran pensamiento:

LA MUERTE ES LO OPUESTO A LA VIDA, y es éste el que nos esclaviza y nos mantiene en un nado continuo, rápido y directo a la muerte, por eso, bien dice Leonard Orr:

EL PROBLEMA NO ES MORIRSE, ES VIVIR MURIÉNDOSE.

LA VIDA NO TIENE OPUESTOS, es un milagro, en ella ocurren transformaciones, ciclos, vivencias, amores, desamores, etc., pero no opone a nada porque sigue .

Opuesto a la muerte es nacer, nunca la vida, porque vivir es como el mar, el cielo, el viento, ¿te has imaginado que esto desaparezca?

Nunca está inscrito en el milagro, y lo que allí se inscribe no tiene fin. Por eso no entendemos la TRANSFORMACIÓN, y la boicoteamos porque nos refiere solamente el temible reloj que nos enseñaron a temerle porque el fin se acerca.

Todo esto es una idea que desdice de la creación, del amor y del milagro. De allí que encuentres al planeta entero peleando contra el tiempo, la vejez, el deterioro, la enfermedad, al no poder, hasta deformarse en el intento y sucumbir inevitablemente al peso del fin.

Nos cuesta aceptar el encanto de los ciclos, de los cambios, la desaparición de lo viejo, por el regreso de lo nuevo. La gente vive una vida deprimida, sin sentido, resentida, pero se resiste al fin.

Porque en el fondo de todas estas ideas mortuorias, nuestra alma sabe la verdad, pero al no hacerla consciente, no la vive con calidad.

La llamada muerte es una forma de transformación del ciclo de nacer, la vida continúa. Por eso en este instante, mientras lees, toma contacto con alguien que se haya transformado en tu vida, de quien que no tengas su presencia, deja que te toque, que te abrace, siente su calor; en este instante ese ser está vivo en ti.

Por eso, para contactar la vida, sólo hace falta el amor.

No trato de elaborar un tratado filosófico acerca de la muerte o de la vida, simplemente, la que nos vendieron, no nos ha servido, por eso nuestro gran alivio ha sido matar, desaparecer, alejar, dar la espalda, negar, señalar o discriminar.

Y así, tenemos la ilusión de desaparecer a alguien o a algo, y creemos que el problema no está, cuando éste seguirá llamando nuestra atención y envenenando nuestro corazón.

El miedo a morir sólo forma parte de la idea de fin, de la ignorancia del proceso y del no permitirse el disfrute de la transformación, mientras no abramos las cortinas de la vida, seguiremos perseguidos por el dolor, la deformación, el deterioro y la inevitable oscuridad; por todo esto, les invito a dar un sentido grito de alivio:

¡DÉJENME VIVIR!

Desconozco su autor


sábado, 7 de febrero de 2015

Los cuatro acuerdos de la sabiduría Tolteca

1. No supongas
No des nada por supuesto.
Si tienes duda, aclárala.
Si sospechas, pregunta.
Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que NO TIENEN FUNDAMENTO.

2. Honra tus palabras
Lo que sale de tu boca es lo que eres tú.
Si no honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; si no te honras a ti mismo, no te amas.
Honrar tus palabras es honrarte a ti mismo, es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces.
Eres auténtico. y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.

3. Haz siempre lo mejor que puedas
Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte nada o arrepentirte de nada.

4. No te tomes nada personal
Ni la peor ofensa.
Ni el peor desaire.
Ni la más grave herida.
En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo...

Pero el problema es de él y no tuyo.

Según la tradición Tolteca, poniendo en práctica estos cuatro acuerdos "tu vida puede cambiar, siempre y cuando seas impecable con ello".

Miguel Ruiz

viernes, 6 de febrero de 2015

Utopía

Un niño leía un libro y encontró una palabra que no entendía. Se acercó a su papá y le preguntó:

-¿Me puedes decir qué es utopía?

Después de meditar por un instante el papá le respondió:

-Utopía es algo parecido a un arco iris. Es hermoso pero inalcanzable. Caminas hacia él un metro y se aleja un metro de tí; caminas otros cien metros y se aleja cien metros más; caminas kilómetros y se aleja kilómetros.

-Entonces la utopía no sirve para nada- le dijo el niño con tono de decepción.

-Por el contrario- le contestó el papá

- Sirve para caminar.

Desconozco su autor


jueves, 5 de febrero de 2015

El amor y la paciencia

Nada nutre más al amor que la paciencia.

Es la cualidad que nos ayuda a esperar, entender y tener esperanzas.

A veces parece quedar olvidada en un mundo que avanza a doble velocidad.

La paciencia significa mantener la serenidad y la contemplación frente a las desilusiones y los fracasos. No obstante, queremos acción, queremos soluciones, queremos respuestas. Y queremos que lleguen inmediatamente.

Esta filosofía es la responsable de juicios apresurados, que causan mucho dolor y desesperación innecesarios.

En el amor, las respuestas más importantes llevan tiempo, y ese tiempo debe estar lleno de esperanzas y vacío de presiones.

Muchos problemas son sólo sombras que generalmente desaparecen si se tiene paciencia.

Aquellos que realmente aman aprendieron a enfrentar los tiempos difíciles con alegría.

El premio más grande de la paciencia es el amor duradero.

©Leo Buscaglia

Me dispongo a perdonar

Me gusta la sensación de libertad que siento cuando me quito la pesada capa de críticas, miedo, culpa, resentimiento y vergüenza.

Entonces puedo perdonarme a mi y perdonar a los demás.

Éso nos deja libres a todos.

Renuncio a darle vueltas y más vueltas a los viejos problemas.

Me niego a seguir viviendo en el pasado.

Me perdono por haber llevado esa carga durante tanto tiempo, por no haber sabido amarme a mí ni amar a los demás.

Cada persona es responsable de su comportamiento, y lo que da, la vida se lo devuelve.

Así pues, no necesito castigar a nadie, todos estamos sometidos a las leyes de nuestra propia conciencia, yo también.

Continúo con mi trabajo de limpiar las partes negativas de mi mente y dar entrada al amor.

Entonces me curo.

©Luise L. Hay

miércoles, 4 de febrero de 2015

El cuento de las arenas

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto.

Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas. Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera.

Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró: "El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río" El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.

"Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino"

-¿Pero cómo esto podrá suceder?

"Consintiendo en ser absorbido por el viento".

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. "Y, una vez perdida ésta, ¿cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?"

"El viento", dijeron las arenas, "cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río"

-¿Cómo puedo saber que esto es verdad?

"Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río."

-¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?

"Tú no puedes en ningún caso permanecer así", continuó la voz. "Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial."

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento.

También recordó --¿o le pareció?-- que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio.

Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos.

Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia.

Reflexionó: "Sí, ahora conozco mi verdadera identidad". El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron:

"Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña"

Y es por eso que se dice que el camino en el cuál el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

©Awad Afifi

martes, 3 de febrero de 2015

Equipaje

Cuando tu vida empieza, tienes apenas una pequeña maleta de mano...

A medida en que los años van pasando, el equipaje, va aumentando poco a poco.

Porque existen muchas cosas, que recoges por el camino... porque piensas que ellas, son importantes...

En un determinado punto del camino , comienza a ser insoportable cargar tantas cosas, en verdad pesan demasiado...

Entonces, puedes escoger:

Permanecer sentado a la vera del camino, esperando que alguien te ayude, lo que es muy difícil...

Pues todos los que pasen por allí , ya traerán su propio equipaje. Puedes pasar la vida entera esperando y esperando...

O puedes disminuir el peso, eliminando lo que no te sirva, pero...que tirar???...

Empiezas tirando todo para afuera y viendo lo que tienes dentro...

Amistad...Amor...Amor...Amistad...

¡Bien, tienes bastante, es curioso... no pesa nada!!!

Mas tienes algo pesado...

Haces un gran esfuerzo , para tirar...

La RABIA – Como pesa!!!

Empiezas a tirar y tirar, y aparecen la INCOMPRENSIÓN, el MIEDO, el PESIMISMO...

En este momento, el DESANIMO casi te empuja hacia dentro de la maleta...

Pero tu, empujas para afuera con toda tu fuerza, y aparece una SONRISA, que estaba sofocada en el fondo de tu equipaje...

Sacas otra sonrisa y otra mas, y entonces sale la FELICIDAD...

Colocas las manos dentro de la maleta y sacas la TRISTEZA...

Ahora, tienes que dejar la PACIENCIA dentro de la maleta, pues vas a necesitar bastante...

Procura entonces , dejar también:

FUERZA, ESPERANZA, CORAJE, ENTUSIASMO, EQUILIBRIO, RESPONSABILIDAD, TOLERANCIA y BUEN HUMOR...

Tira la PREOCUPACIÓN también o déjala de lado, después piensas que hacer con ella...

Bien, tu EQUIPAJE está listo, está para ser usado de nuevo!!!

Mas piensa bien, en lo que vas a colocar dentro, ahora es para ti!!!...

Y no te olvides de hacer esto muchas veces, pues el camino es muy, muy largo por recorrer...

Desconozco su autor

lunes, 2 de febrero de 2015

Las dos gotas de aceite

Cierto mercader envió a su hijo para aprender el secreto de la felicidad con el más sabio de todos los hombres. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto hasta llegar a un hermoso castillo, en lo alto de una montaña.

Ahí vivía el sabio que buscaba. Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre sabio, nuestro héroe entró en una sala, y vió una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo.

El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas hasta que le llegara el turno de ser atendido.

El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad.

Le pidió que diese un paseo por el palacio y regresara dos horas más tarde.

-Pero quiero pedirte un favor-completó el sabio,
entregándole una cucharita de té, en la que dejo caer dos gotas de aceite,
-mientras estés caminando, llévate esta cucharita cuidando de que el aceite no se derrame-

El joven empezó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas dos horas retorno a la presencia del sabio.

-¿Qué tal?-preguntó el sabio.-¿Viste los tapetes de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el maestro de los jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?

El joven, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el sabio le había confiado.

-Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo -dijo el sabio. - No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven cogió nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vió los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del sabio le relató todo lo que había
visto.

-¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? –preguntó el sabio.

El joven miró la cuchara y se dió cuenta que las había derramado.
-Pues es el único consejo que tengo para darte –le dijo el sabio de los sabios:

"El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo pero nunca olvidarse de las dos gotas de aceite en la cuchara"

Autor: Paulo Coelho Extraído de su libro "El alquimista"