lunes, 5 de octubre de 2015

Conversar (III)

Conversar es poner a espigar dos granos que se confunden y se identifican en copa y raíz. Los labios que ponen amor al conversar, tienen una canción muy alta que enciende la vida, y otra muy secreta, que se nos queda dentro.
Entre tanto tumulto, ruidos y carreras se olvida uno al conversar de sacar esas ideas que sirven para echar raíces, y esas raíces que sirven para sostener la amistad sin medir los años.

La vida moderna ha eliminado el espacio para conversar. Y ha empezado a llamar superfluo a ese tiempo en que cada persona da su mensaje, su palabra tibia, abre sus alforjas y enciende su luz. Con la vida moderna nos hemos acostumbrado a mirar “por fuera”, atendiendo sólo al fichero numerado de trabajos, lugares, cosas. Y olvidando que también por dentro hay un espacio inmenso que llenar. Y que en ese espacio tenemos obligación de colgar mariposas, sueños, milagros…

Tenemos obligación de conversar con palabras que sean llaves para ver de qué agoniza el hombre detrás de cada puerta. Y de qué enfermedad padece que lo está haciendo morir poquito a poco, todos los días.
Conversa para que la vida de los demás palpite con tu vida.

Zenaida Bacardí de Argamasilla


Pautas para recuperar la calma

IDENTIFICA LA CAUSA DE TU MALESTAR. Es muy importante que puedas encontrar la razón o la causa por la cual te sientes afectado negativamente en alguna de las áreas de tu vida. De esta manera podrás buscar los recursos y las herramientas necesarios para afrontarlo y resolverlo de la mejor manera. También te puede suceder que descubras, al practicar la mirada interior, que aquello que te hace sentir abrumado en realidad no tiene la importancia que le habías otorgado.

BUSCA UNA FUENTE DE SATISFACCIÓN EN CADA ÁREA DE TU VIDA. Para experimentar serenidad es importante potenciar el bienestar que experimentamos en cada área de nuestra vida. Haz una lista con todas las actividades que disfrutas, que te gusta realizar y que te producen paz, diversión y satisfacción y, luego, incorpora un par de ellas en la planificación de tu rutina de la semana, para que se conviertan en un fuente de calma y bienestar.

ENFRENTA TUS BATALLAS IMPORTANTES. Cuántas veces pasas el día alterado, lleno de estrés, enfrentando cosas pequeñas y sin mayor importancia que se presentan de forma inesperada y que te roban la serenidad, en lugar de guardar tu energía para las batallas que son reales e importantes porque pudieran cambiar tu circunstancia de vida. Evalúa cada situación que enfrentes y pregúntate si en realidad es importante para enfocarte en ella, y si no lo es, simplemente acéptala y suéltala, sigue adelante con la mejor actitud.

EXPRESA TUS EMOCIONES. Todo lo que guardamos emocionalmente hablando en algún momento surgirá desde nuestro interior para hacernos reaccionar de forma exagerada frente a una situación que nos recuerde o refleje alguna anterior que todavía no hayamos superado de forma consciente, madura y responsable. Encuentra la mejor manera de manifestar lo que sientes, de canalizar y liberar esa emoción negativa, para evitar que te convierta en una persona reactiva. Hacer ejercicio, realizar alguna actividad creativa, hablar con un buen amigo acerca de lo que sentimos o guardamos con la intención de liberarnos de ello, nos ayuda a recuperar la serenidad y el bienestar.

TERMINA LO QUE EMPIEZAS. Este punto me parece esencial para eliminar una de las más grandes fuentes de estrés, pues todo aquello que dejamos para otro momento sin resolver o atender, porque nos sentimos cansados o sin ganas de enfrentarlo o de hacerlo, tarde o temprano volverá a nosotros convertido en algo urgente de resolver. Qué importante es ocuparnos de hacer lo que nos corresponde en el momento, sin excusas que justifiquen el hábito de evadir algunas de nuestras tareas y responsabilidades cotidianas. Rompe con el viejo hábito de procrastinar en el que te encuentras atrapado y recupera el tiempo y la energía que dedicabas a ello, para sentirte de nuevo en calma.

ELIGE EL NIVEL DE ESTRÉS CON EL QUE VAS A VIVIR. Lo que esto significa es que puedes conscientemente elegir el nivel de estrés que puedes manejar y que es propio de las actividades que realizas y de los proyectos en los que estás envuelto en el momento; además, puedes tomar acciones concretas para eliminar el estrés negativo, el que te desgasta porque no lleva a una acción, resultado o efecto concreto. Aprender a decir "no", evita postergar, aprende a delegar, ten una rutina de ejercicios, realiza actividades relajantes y divertidas, ajusta las expectativas y vence el perfeccionismo que pudiera estar presente en ti... Estas son algunas de las herramientas para conseguirlo.


Maytte Sepulveda