jueves, 24 de noviembre de 2016

Cómo manejar las ofensas (II)

Si eres el ofendido
  • Mantén la serenidad. Ante situaciones que te molesten, resiste el impulso de reaccionar en el acto. Cálmate y respira profundamente.
  • Acepta lo sucedido. En lugar de quedarnos atrapados en un recuerdo, pensando en lo que pudimos hacer para evitar lo sucedido, sintiéndonos víctimas o culpables, centrémonos en buscar la solución.
  • Pasa la página rápidamente. Aceptar lo que no podemos cambiar y dejar ir lo que nos hace daño, pondrá punto final a este proceso, permitiéndonos sanar el dolor. Repite con fuerza: ¡No voy a permitir que nada ni nadie me quiten la oportunidad de ser feliz hoy!
  • Crecer con la experiencia. Mira a las personas que te afectan negativamente como maestros y perdónalos por lograr sacar pensamientos y emociones ocultas en ti. ¡No podemos cambiar el comportamiento de otros, pero sí manejar la forma en la que vamos a reaccionar hacia ellos!
Si fuiste el ofensor
  • Toma conciencia del efecto que generaste. Podemos transformar las emociones alteradas que amenazan nuestro bienestar y la buena relación con los demás, si estamos dispuestos a resistir el impulso de reaccionar, a mantener una buena actitud y a ser más tolerantes y flexibles.
  • Responsabilízate por tus actos. Es fácil reconocer los errores de los demás, pero muy difícil aceptar los nuestros. Vale la pena comenzar a escuchar lo que dices, para reconocer, inclusive, el tono emocional que acompaña tus comentarios. Observa tu comportamiento, tu actitud y comienza a cambiarlos.
  • Perdónate por tus errores y pide perdón. Perdónate por no haber actuado como ahora comprendes que debiste hacerlo. Date la oportunidad de conocer lo que guardas y de limpiar ese espacio interior para llenarlo de sentimientos y recuerdos diferentes y positivos. Busca recuperar tu paz y ejercer tu derecho a ser feliz.
Maytte Sepúlveda



lunes, 26 de septiembre de 2016

Cómo darle color a tus días

Pon tu atención en cada cosa que haces. Cuando ponemos nuestra atención en cada cosa que hacemos, observando nuestro entorno inmediato en el lugar donde estamos y estamos atentos a lo bueno que sucede, mantenemos una actitud mas positiva y podemos reconocer las oportunidades que se nos presentan con más facilidad.


Baja la velocidad. Si vivimos acelerados, si el estrés nos maneja, perderemos la capacidad de apreciar los elementos valiosos de nuestra vida, y nos desconectaremos de la intuición y la inspiración, quedando a merced de las circunstancias externas. Solo cuando estamos tranquilos, serenos y en presente, podemos recibir la inspiración que tanto necesitamos para afrontar cualquier situación de una mejor manera.

Conecta con la gratitud. Siéntete agradecido por las bendiciones que recibes cada día. A veces no nos damos el tiempo suficiente para detenernos a reconocer, apreciar y disfrutar cada uno de los regalos esenciales que llegan a nuestra vida.

Maytte Sepúlveda


lunes, 20 de junio de 2016

5 claves para el éxito (parte II)

6- NO TE DESANIMES. No permitas que nadie te confunda, te desanime o te haga abandonar. Persevera en el empeño por mejorar tu calidad de vida y la de los demás. La realización de tu sueño puede estar esperándote a la vuelta de la esquina, la palabra éxito en realidad significa seguir adelante, sin desviarte o abandonar tu empeño. El camino hacia el éxito muchas veces se vuelve solitario, porque no podemos depender de la motivación o el apoyo que nos quieran o nos puedan brindar los demás.

7- DISFRUTA TUS LOGROS. Hay personas que se convierten en buscadores compulsivos de nuevas metas... no se detienen el tiempo suficiente para disfrutar del resultado final de sus esfuerzos. Permítete descansar y saborear tus logros, aprende a disfrutar tanto del proceso como de la recompensa bien merecida después de todo el trabajo que realizaste. Muchas veces es necesario establecer un límite amplio y saludable, que determine hasta dónde y hasta cuándo seguiremos planteándonos nuevos retos sin darnos el tiempo necesario para disfrutar de haberlos logrado.

8- PERSIGUE TUS METAS. Mantente enfocado en cada paso que das, no te distraigas de tu objetivo. Siéntete seguro de cumplir con cada una de las etapas del plan que te lleve a terminar tu proyecto. Eres el arquitecto de tu destino... Una vez que comiences no te detengas, persevera en tu empeño hasta alcanzar cada una de tus metas.

9- REPLANTEA SI FUESE NECESARIO. Contrario a lo que la gente usualmente cree, el fracaso nos acerca al éxito, porque nos enseña y nos estimula a buscar alternativas y nuevos caminos para conseguir lo que buscamos. El éxito puede estar al voltear la esquina, no te desanimes, no abandones, sostente, este es el secreto de las personas exitosas. Lo importante es no dejarnos desanimar por haber equivocado el camino, sino estar dispuestos a corregir, aprender y continuar. La pasión por lo que buscas te ayudará a enfocarte en cada paso que das.

10- VISUALIZA. Cuando apoyamos nuestros deseos con pensamientos positivos y con imágenes mentales acordes con lo que queremos alcanzar o experimentar, estamos muy cerca de lograr que se conviertan en realidad. A esta técnica se le llama "visualización" y es una de las herramientas que más nos ayuda a conseguir nuestros sueños con éxito.

Maytte Sepúlveda

lunes, 13 de junio de 2016

Cinco claves para el éxito

1. Mantén una actitud positiva: Una de las grandes diferencias entre una persona perdedora y una ganadora es la actitud. Es importante que tengas pensamientos positivos y optimistas, especialmente si vas a emprender algún reto personal. Repite frases afirmativas de tus capacidades y potencialidades. Recuerda tus logros y apóyate en ellos para conseguir tus metas.

2. Define tu meta: Es determinante tener claras nuestras metas, para que podamos enfocar y dirigir nuestro esfuerzo a conseguirlas. Cuando sabemos exactamente lo que queremos podemos comenzar a visualizarlo y a imaginarnos como será cuando lo tengamos. Recuerda plantearte al comienzo, metas pequeñas y posibles; luego, ponerte metas mayores.

3. Ten confianza en ti mismo: No importa que tan difíciles te parezcan los obstáculos que se te presenten. Podrás superarlos fortaleciendo la confianza en ti mismo y haciendo uso de tus herramientas esenciales. Recuerda que dentro de ti se encuentran los recursos que te hacen falta para levantarte y convertirte en un triunfador. Conoce las historias de personas emprendedoras y exitosas e inspírate en ellas para seguir adelante.

4. Dá los pasos necesarios: Una vez tomada la decisión, el próximo paso consiste en asumir el compromiso de hacer cuanto sea necesario para conseguir tu meta. No necesites que alguien te recuerde tu compromiso y mucho menos tus metas. Conviértete en tu principal motivador y persevera en el esfuerzo hasta el final. Pregúntate cada día: ¿qué voy a hacer hoy para conseguir mi meta?

5. Afronta los retos: La vida se compone de comienzos. Cada vez que deseas extender tu horizonte y ampliar tu prosperidad tienes que asumir retos. Acepta las transformaciones.

Maytte Sepúlveda


jueves, 2 de junio de 2016

Cómo manejar la crisis

Estar en crisis significa haber perdido la estabilidad, la seguridad, la confianza, el bienestar, el confort y, lo más importante, el control de nuestra vida. La crisis nos conduce al caos y experimentamos impotencia, confusión, desesperación, dolor, temor, ira... emociones negativas que nos hacen perder la claridad que necesitamos para analizar la situación de forma objetiva y poder buscar una solución.

Hay personas que tratan de evadirla. Se sienten incapaces de afrontarla y se sumen en el espiral que los envuelve, optando por la reacción más fácil: caer en la negación, buscar culpables, deprimirse o sentirse víctimas de lo sucedido, sin darse cuenta de que con esta actitud terminan siendo parte del problema y así quedan a la deriva, en espera de que algo pase o de que alguien se ocupe de resolverlo.

Es cierto que cuando nos quedamos sin trabajo, perdemos a una persona querida o vivimos una separación, necesitamos reunir toda la fortaleza, el valor y las herramientas esenciales de las que dispongamos para levantarnos. De lo contrario, nos podemos sentir como las personas que se resignan y guardan el sufrimiento adentro, o como los que se paralizan y se vienen abajo emocionalmente. Hay personas que se fortalecen en las crisis, mientras que otras se debilitan al punto de considerar que son situaciones insuperables.

Existen las crisis normales que son inherentes a nuestro proceso de crecimiento y desarrollo. Etapas como la adolescencia o la madurez nos colocan en la necesidad de tener que confrontarnos a nosotros mismos, para revisar lo que hemos estado haciendo, hacer cambios, reflexionar sobre la vida que llevamos, replantearnos metas o propósitos personales, asumir el duelo, pasar la página y soltarnos del pasado de manera que podamos tomar decisiones para volver a empezar con el mismo entusiasmo, valor y determinación que sentimos la primera vez.

Es fundamental atrevernos a enfrentar las crisis en lugar de evadirlas, pensando que si nos quedamos quietos se resolverán por sí solas, porque en ese caso lo único que pasará será que se agravarán y terminarán haciéndonos pasar un mal rato. También es importante tomar en cuenta el precio de madurar; es decir, todo lo que implica estar dispuestos a crecer, a asumir la responsabilidad de nuestra vida, de nuestras elecciones, acciones y consecuencias. Aquellos que logran llegar al final del proceso aprenden y crecen internamente.

Después de un proceso de dudas y confusión logramos la claridad, la esperanza y la confianza. No te desanimes, recuerda que todo pasa y que aun cuando el panorama te parezca gris y nublado en cualquier momento, si estás atento y te mantienes calmado y optimista, verás salir el sol de nuevo.

Las crisis existenciales nos llevan a descubrir nuestro verdadero ser, a revisar y a replantearnos el propósito de nuestra vida, a conocer a los verdaderos amigos, a identificar y usar nuestros recursos esenciales. Nos llevan a diferenciar entre lo valioso y lo accesorio, entre lo urgente y lo importante, entre lo auténtico y lo falso, dándonos la oportunidad de replantearnos la dirección y el sentido que le daremos a esta nueva etapa en la vida. Los chinos escriben la palabra crisis con dos caracteres: uno significa peligro, el otro oportunidad.

Maytte Sepúlveda

lunes, 9 de mayo de 2016

El perfeccionismo nos hace infelices

¿Eres un perfeccionista empedernido? ¿Tienes que hacer todo tú mismo porque nadie lo hace como tú? ¿Valoras a las personas a tu alrededor por lo que han conseguido en la vida? ¿Tuviste padres demasiado exigente o rígidos? Necesitas aprender a manejar la frustración, a bajar tu nivel de exigencia, a trabajar en equipo y a confiar en los demás. Tómalo suave, nada es tan importante como para hacerte perder la calma.


El perfeccionismo se ve reflejado de diferentes maneras en nuestra vida cotidiana, por ejemplo: el que orientamos hacia nosotros mismos, cuando nos planteamos metas y propósitos imposibles de alcanzar, cuando nos exigimos mucho más de lo que en realidad podemos lograr.

También cuando lo dirigimos hacia otros, esperando que respondan a las exigencias que les hacemos de la misma manera como con nosotros, ignorando nuestras diferencias y, muchas veces, forzándolos a ser quienes no son.

Y por último, cuando pensamos que los demás nos observan constantemente, esperando lo máximo de nosotros... entonces, comenzamos a exigirnos a riesgo de perder la calma, el bienestar y hasta nuestra identidad en aras de obtener su aprobación.

Cuando nos dejamos llevar por el perfeccionismo, nos volvemos obsesivos, competitivos y hasta tiranos; nos llenamos de frustración, impaciencia, inflexibilidad e intolerancia... y todo esto nos lleva a disfrutar menos la vida, a fracasar, a paralizarnos, a quedarnos solos y a perder la perspectiva de lo positivo en la vida.

Detrás de una persona perfeccionista muchas veces se esconde una persona insegura, que quisiera tener todo bajo control; una persona rígida, que defiende como sea su punto de vista, sus ideas y consideraciones; una persona irritable, que tiende a reaccionar defensivamente y que se altera con facilidad ante cualquier comentario o sugerencia; una persona con problemas para relacionarse con los demás, porque pareciera que nadie puede satisfacer sus expectativas y exigencias, que nadie le comprende o tiene la altura o la capacidad de mostrarse tan exitoso. La supermujer o el superhombre no existe.

Algunas personas viven en función de otros, sintiéndose responsables por su bienestar, hasta el punto de querer cargar con sus responsabilidades, sin darse cuenta de que hacerlo no es posible.

"No hay que pedirle peras al olmo", dice un refrán popular. Aceptar la realidad como se presenta sin querer cambiarla a la fuerza nos ayudará a romper el círculo negativo en el que hemos estado atrapados.

Maytte Sepúlveda


Mindfulness, la atención plena

La práctica de la atención plena consiste en mantener nuestros sentidos en el aquí y el ahora. Nos resulta muy útil en la vida cotidiana porque generalmente creemos estar en el presente ocupados en algo, mientras la mente nos lleva al pasado o al futuro infinidad de veces, lo cual nos impide realmente ver y tomar en cuenta todos los elementos que acompañan la actividad que estamos realizando.

Cuando somos capaces de reconocer lo que está sucediendo en el momento, fluimos con la experiencia; es decir, nos conectamos sensorialmente con lo que estamos haciendo o viviendo, sin hacer juicios ni establecer comparaciones. Si resulta una experiencia desagradable, seremos capaces de vivirla sin agregarle la gravedad que generan los pensamientos negativos, cuando nos dejamos llevar por ellos al imaginar todo lo terrible que pueda ocurrir. De esta manera pasaremos la experiencia con menos tropiezos y con más facilidad. Si la experiencia es agradable lograremos vivirla al máximo, potenciando con nuestra voluntad los sentimientos y las sensaciones positivas.

La práctica de la atención plena o mindfulness es reconocida científicamente como una herramienta efectiva para reducir el estrés, aumentar la conciencia y lograr el bienestar. Es una forma consciente de prestar atención al momento presente con interés y curiosidad que genera capacidad de aceptación.

Cuando nos preocupa más lo que ocurrió o lo que puede ocurrir, que lo que realmente está sucediendo en el aquí y ahora, nos perdemos la oportunidad de vivir con la conciencia y de ser una causa positiva. También corremos el riesgo de perder las oportunidades y las bendiciones que nos envía la vida al no ser capaces de reconocerlas; al mismo tiempo, con nuestro descuido y falta de atención podemos generar conflictos en las relaciones personales y perder la empatía necesaria para ampliar nuestra comprensión y establecer mejores relaciones con otras personas. Nos podemos llenar de miedos y preocupaciones al dejarnos llevar por una mente cubierta de ideas pesimistas frente a nuestro futuro.

El estado de atención plena nos permite estar abiertos a todo lo que ocurre en el presente, a observar nuestros pensamientos y sentimientos verdaderos con una cierta distancia; es decir, sin dejarnos afectar por ellos, al no hacer juicios que nos lleven a considerar si son buenos o malos. Esta práctica nos conducirá a conocernos mejor y a estar atentos a cada experiencia.

Maytte Sepúlveda