domingo, 1 de marzo de 2015

El mismo traje

Cierta vez un hombre visitó a su Rabí, y le relató su problema:

- Rabí, soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida: El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, el príncipe comenzó a gritarme e insultarme.

- ¿Ésto es lo mejor que puedes hacer? Es una atrocidad. ¿Quién te enseñó a coser?

- Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. Rabí, estoy arruinado. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. Nadie volverá a encargarme una prenda luego de esto. No entiendo qué sucedió, ha sido el mejor traje que he hecho en años.

El Rabí le contestó:

- Vuelve a tu negocio, descose cada una de las puntadas de la prenda y cóselas exactamente como lo habías hecho antes. Luego, llévala al príncipe de nuevo.

- Pero obtendré el mismo traje que tengo ahora -protestó el sastre-, además, mi estado de ánimo no es el mismo.

- Haz lo que te indico, y Dios te ayudará, dijo el Rabí.

Dos semanas después, el sastre retornó a donde el Rabí:

- Rabí, usted ha salvado mi vida. Cuando le presenté nuevamente el traje al príncipe, su rostro se iluminó y exclamó: "¡Este es el traje más hermoso y delicado que haya visto en toda mi vida!" Me pagó generosamente y prometió entregarme más trabajo y recomendarme a sus amigos. Pero Rabí, deseo saber ¿cuál era la diferencia entre el primer traje y el segundo?

El Rabí le explicó:

- El primer traje, fue cosido con arrogancia y orgullo. El resultado fue una vestimenta espiritualmente repulsiva que, aunque técnicamente perfecta, carecía de gracia y belleza. Sin embargo, la segunda costura fue hecha con humildad y con el corazón quebrado, transmitiendo una belleza esencial que provocaba admiración en quien la veía.

Desconozco su autor


Suéltate del lado oscuro de la vida


Una de las causas del sufrimiento humano es el apego. Nos aferramos al recuerdo de nuestras historias tristes, al vacío de lo que no hemos podido lograr, a los temores, a las personas que se fueron o que no nos quieren a su lado, porque nos empeñamos en tener aquello que no es para nosotros o a la idea de que podremos cambiar la actitud o el comportamiento de las personas que amamos. Muchas veces queremos lo que otros tienen mientras menospreciamos lo que tenemos.

Aferrarnos a los aspectos negativos de nuestras vidas es un comportamiento aprendido. Muchas personas crecieron acompañadas emocionalmente por el temor, con la pérdida, la enfermedad, con la pobreza y la limitación, con el sentimiento de fracaso y de frustración que vivieron nuestros padres o familiares cercanos mientras crecimos, pero ahora que ya somos adultos podemos cambiar algunas de esas creencias que todavía hoy nos obligan a sufrir sin sentirnos capaces de superarlo.

Quiero hacerte una invitación a revisar y transformar algunas de tus creencias, a renovar tus mejores sentimientos y a suavizar tu estilo de vida. Evita colocar tu atención en los recuerdos difíciles, no alimentes tus temores ni tus preocupaciones con las noticias o los comentarios pesimistas que te hacen los demás, evita darle vuelta en tu cabeza una y otra vez a lo que pudiste haber hecho para que las cosas ocurrieran de otra forma, pues el pasado ya pasó y no hay manera de cambiarlo.

Aprendamos a reconocer y a valorar todo lo positivo, lo bueno y lo bello que también ha ocurrido en nuestra vida... y verás cómo al hacerlo descubrirás que han sido más los momentos y las situaciones positivas que las difíciles. ¡Suéltate del lado oscuro de tu vida y ven a habitar en el lado de la luz, de la paz y la felicidad! ¿Por qué no puedes disfrutar de un buen momento de bienestar sin sentirte preocupado por lo que tienes pendiente? ¿Por qué permites que tu mente te sabotee el placer de un buen momento llevándote a pensar en el pasado o en el futuro? Controla tu mente, renueva tus pensamientos, ponte en movimiento, respira y siéntete vivo, busca la compañía de una persona querida, disfruta el paisaje de tu entorno natural o simplemente cierra los ojos, respira y reconoce la presencia de Dios en tu interior... Unos minutos bastan para recuperar la calma.

Maytte Sepulveda