jueves, 5 de febrero de 2015

El amor y la paciencia

Nada nutre más al amor que la paciencia.

Es la cualidad que nos ayuda a esperar, entender y tener esperanzas.

A veces parece quedar olvidada en un mundo que avanza a doble velocidad.

La paciencia significa mantener la serenidad y la contemplación frente a las desilusiones y los fracasos. No obstante, queremos acción, queremos soluciones, queremos respuestas. Y queremos que lleguen inmediatamente.

Esta filosofía es la responsable de juicios apresurados, que causan mucho dolor y desesperación innecesarios.

En el amor, las respuestas más importantes llevan tiempo, y ese tiempo debe estar lleno de esperanzas y vacío de presiones.

Muchos problemas son sólo sombras que generalmente desaparecen si se tiene paciencia.

Aquellos que realmente aman aprendieron a enfrentar los tiempos difíciles con alegría.

El premio más grande de la paciencia es el amor duradero.

©Leo Buscaglia

Me dispongo a perdonar

Me gusta la sensación de libertad que siento cuando me quito la pesada capa de críticas, miedo, culpa, resentimiento y vergüenza.

Entonces puedo perdonarme a mi y perdonar a los demás.

Éso nos deja libres a todos.

Renuncio a darle vueltas y más vueltas a los viejos problemas.

Me niego a seguir viviendo en el pasado.

Me perdono por haber llevado esa carga durante tanto tiempo, por no haber sabido amarme a mí ni amar a los demás.

Cada persona es responsable de su comportamiento, y lo que da, la vida se lo devuelve.

Así pues, no necesito castigar a nadie, todos estamos sometidos a las leyes de nuestra propia conciencia, yo también.

Continúo con mi trabajo de limpiar las partes negativas de mi mente y dar entrada al amor.

Entonces me curo.

©Luise L. Hay