lunes, 9 de marzo de 2015

Tres ciegos

Había una vez tres sabios. Y eran muy sabios. Aunque los tres eran ciegos. Como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con solo tocarlas. Usaban de sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de cuanto se ponía a su alcance.

Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían los tres sabios que eran ciegos. Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo, venía un gran elefante blanco. Y era tan extraordinario este animal que toda la gente no hacía más que hablar de él.

Los tres sabios que eran ciegos quisieron también ellos conocer al elefante. Se hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder tocarlo. Como el animal era muy manso, no hubo ningún inconveniente para que lo hicieran. 

El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza. Sintió bajo sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que sobresalían de la pequeña boca. Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contarles a los otros dos lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante es como un tronco, cubierto a ambos lados por dos frazadas, y del cual salen dos grandes lanzas frías y duras.

Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio, sus manos tocaron al animal en la panza. Trataron de rodear su cuerpo, pero éste era tan alto que no alcanzaba a abarcarlo con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar, decidió también él contar lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante se parece a un tambor colocado sobre cuatro gruesas patas, y está forrado de cuero con pelo para afuera.

Entonces fue el tercer sabio, y agarró el animal justo por la cola. se colgó de ella y comenzó a hamacarse como hacen los chicos con una soga. Como esto le gustaba a la bestia, estuvo largo rato divirtiéndose en medio de la risa de todos. Cuando dejó el juego, comentaba lo que sabía. También él dijo:
- Yo se muy bien lo que es un elefante. Es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un pincel en la punta. Sirve para hamacarse.

Resulta que cuando volvieron a casa y comenzaron a charlar entre ellos lo que habían descubierto sobre el elefante no se podían poner de acuerdo. Cada uno estaba plenamente seguro de lo que conocía. Y además tenía la certeza de que sólo había un elefante y de que los tres estaban hablando de lo mismo. pero lo que decían parecía imposible de concordar. Tanto charlaron y discutieron que casi se pelearon. Pero al fin de cuentas, como eran los tres muy sabios, decidieron hacerse ayudar, y fueron a preguntar a otro sabio que había tenido la oportunidad de ver al elefante con sus propios ojos.

Y entonces descubrieron que cada uno de ellos tenía razón. Una parte de la razón. Pero que conocían del elefante solamente la parte que habían tocado. Y le creyeron al que lo había visto y les hablaba del elefante entero.

Mamerto Menapace



Podemos cambiarle el color a nuestra vida

Tenemos una amiga muy querida que a partir de una serie de experiencias profesionales negativas ha perdido la confianza en que tendrá nuevas oportunidades. Ha decidido esconderse y alejarse de todo y de todos aquellos que siguen perteneciendo a ese mundo como si de esa manera pudiera borrarlo y desaparecerlo de su historia de vida. Pero, al mismo tiempo, ha perdido la alegría, se ha vuelto un poco ácida en sus comentarios, obsesiva con el tema y ha perdido la visión amplia que debemos conservar en los momentos de crisis para observar y reconocer todo lo positivo que también está ocurriendo en las otras áreas de nuestra vida, de manera que podamos ajustar y suavizar la interpretación que hacemos del problema para poder manejarlo, superarlo o resolverlo más fácilmente.

Es a través de todo lo que piensas y crees como interpretas lo que sucede en tu mundo, como construyes una imagen de ti, como juzgas a los otros y como proyectas lo que será tu futuro. No son los hechos o las situaciones en sí los que te afectan sino, más bien, la forma en la que los interpretas. En ti está la llave para liberarte.

Cuando vivimos una experiencia difícil o negativa tenemos dos formas de actuar ante ella, lo hacemos sintiéndonos culpables por lo sucedido, en cuyo caso trataremos de poner excusas, de buscar culpables o nos desanimaremos hasta el punto de llegar a pensar en que no podremos solucionarlo o superarlo, alargando y agravando el proceso, sintiéndonos víctimas de otros o de la vida, o pensaremos en lo lamentable que ha sido, en el efecto o las consecuencias que nos ha generado y en qué podemos hacer para superarlo o solucionarlo lo más rápidamente posible; incluso pensando en qué podremos aprender de esta experiencia para que no tener que volver a pasar por ella.

Nuestros pensamientos están conectados a nuestras emociones, por eso cuando nos desequilibramos emocionalmente perdemos la claridad mental que necesitamos para hacer un análisis realista y objetivo de la situación y de las posibilidades y las herramientas que tenemos o necesitamos para solucionarla.

Las emociones saludables son aquellas que se generan de una forma de pensar clara, lógica, flexible y coherente. Estas nos ayudan a tener una perspectiva más real de lo que está pasando y de cuál es la mejor forma de actuar. Mientras que cuando tenemos pensamientos ilógicos, obsesivos, radicales e incoherentes se activan emociones negativas en nosotros que interfieren en la búsqueda y el proceso de la consecución de soluciones y de las metas que nos planteamos.


Maytte Sepulveda