miércoles, 30 de septiembre de 2015

La felicidad eres tú

Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la realidad. Eso sólo se consigue manteniéndote despierto y llamando a las cosas por su nombre.

Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido. Nos han programado para ser felices o infelices (según aprieten el botón de la alabanza o de la crítica), y esto es lo que te tiene confundido. Has de darte cuenta de esto, salir de la programación y llamar a cada cosa por su nombre.

Tanto la enfermedad, necesidad de sentirme querido, como la medicina que se ansía, el amor recibido, están basados en premisas falsas. Necesidad emocional para conseguir la felicidad en el exterior, no hay ninguna; puesto que tú eres el amor y la felicidad en ti mismo. Sólo mostrando ese amor y gozándote en él vas a ser realmente feliz, sin apegos ni deseos, puesto que tienes en ti todos los elementos para ser feliz.

La respuesta de amor del exterior agrada y estimula, pero no te da más felicidad de la que tú dispones, pues tú eres toda la felicidad que seas capaz de desarrollar.

Anthony de Mello


Respetar la decisión de otros

Cuántas veces nos empeñamos en convencer a otros de cómo deberían actuar, pensando que, de esta manera, los libraremos de cometer errores, de tener problemas más adelante o de experimentar una situación difícil o desagradable como consecuencia de su error.

Pero lo cierto es que por más que insistamos, no podremos hacerlos cambiar de parecer a menos que ellos estén dispuestos a hacerlo por su voluntad o conciencia. Es más, si son personas queridas, seguramente enfrentaremos el rechazo abierto a nuestros comentarios e intentos de sugerirles un comportamiento, un punto de vista o una decisión diferente.

Tengamos presente que toda relación que se mantenga a través de la manipulación y la culpa produce malestar y que, con el tiempo, la persona que se siente presionada comenzará a sentir frustración y resentimiento, aunque nuestra intención haya sido la mejor.

Es preciso aprender a soltar, a respetar el proceso de la otra persona si es adulta y está en capacidad de tener autonomía, a menos que nos involucre a nosotros, aun cuando tengamos que verla a punto de repetir los mismos errores que en su momento cometimos nosotros, de correr riesgos innecesarios o de poner en peligro su bienestar físico, mental y emocional. Soltar significa permitir que vivan las consecuencias de sus comportamientos y decisiones para que puedan aprender y madurar a través de cada experiencia, sin que nos sintamos responsables por ello. Además, no podemos esperar a que se comporten o actúen como nosotros pensamos que deberían hacerlo, recordemos que cada uno tiene capacidades y limitaciones diferentes que lo convierten en un ser único y especial.

Nadie ha dicho que soltar será fácil, porque quisiéramos seguir protegiéndolos hasta de ellos mismos, pero no podemos hacerlo. Es importante aprenderlo si deseamos preservar nuestra salud emocional y mantener relaciones más armoniosas y duraderas con ellos. Pero, por supuesto, hay una excepción, y es que siempre debemos estar dispuestos a compartir nuestro punto de vista y experiencia cuando nos lo pidan y a brindarles el apoyo que necesiten en cualquier momento.

Aprendamos a mantener una comunicación abierta, clara y respetuosa que nos permita expresar nuestras inquietudes y necesidades en un momento dado, sabiendo que seremos escuchados y que juntos analizaremos la situación para encontrar la mejor solución aun cuando esta nos afecte de alguna manera.

Maytte Sepulveda