martes, 13 de octubre de 2015

Tu escoges

¡La vida se mide según cuanto amas y según cuanto das!

Se mide según la felicidad o la tristeza que proporcionas a otros.
Se mide por los compromisos que cumples y la confianza que traicionas.
Se trata de lo que dices y lo que quieres decir, sea falso o beneficioso.
Se trata de los juicios que formulas.
Se trata del celo, del miedo, de la ignorancia y de la venganza.
Se trata de los sentimientos que llevas adentro,
de como los cultivas y de como lo riegas.

Pero la mayor parte se trata de si usas la vida tuya para tocar o
envenenar el corazón de otros.

¡Tú y solo tú escoges la manera en que vas a afectar el corazón de
otros...y de esas decisiones es de lo que se trata la vida!


Desconozco a su autor

En el amor todo se vale

El amor en la pareja es un ingrediente indispensable para que la convivencia sea armoniosa y duradera. Recordemos que somos dos personas diferentes, pero que gracias al amor que experimentamos y la afinidad que compartimos en diferentes aspectos, nos sentimos lo suficientemente atraídos como para iniciar una relación. Ignorar las diferencias que nos definen como individuos o mantener la expectativa de cambiar al otro pudiera ser el detonante de un conflicto que termine por separarnos si no sabemos cómo afrontarlo y resolverlo a tiempo.

Es importante aprender a expresar nuestro malestar cuando nos sentimos maltratados, ignorados o abusados, pues de lo contrario estos sentimientos se convertirán en un gran resentimiento, haciendo que tengamos la peor opinión del otro y que nos convirtamos en víctima de la situación sin darnos cuenta, sin darnos la oportunidad de enfrentarla con madurez y valor.

Las diferencias personales siempre van a estar allí, lo importante es que no sean más grandes que las similitudes y las afinidades que compartimos, que no atenten contra nuestra dignidad o salud física y emocional, o que el malestar que inicialmente puedan causarnos no sea más grande que nuestro amor y deseo de crear acuerdos para hacer crecer el bienestar y la felicidad entre los dos. Muchas veces las diferencias se convierten en recursos que nos inspiran, enseñan y hacen sentir apoyados, acompañados y queridos si sabemos reconocer su efecto positivo. En una relación de igual a igual, donde existe el respeto, la aceptación y la reciprocidad, las diferencias enriquecen la convivencia.

Maytte Sepulveda